Lunes 20 de abril 2009


 

+ AMLO: FAP vs FCH con Obama

+ Madero y golpe, con aval de EU

La desinvitación a Convergencia y al Partido del Trabajo para la cena con el presidente Barack Obama logró desactivar una maniobra de López Obrador para hacer un numerito escandaloso contra el presidente Calderón delante del invitado estadunidense.

La clave del operativo fue revelada por el propio López Obrador en una furiosa carta que le envío a Obama para denunciar que le habían robado la presidencia y para llamar pelele al presidente de México. El PT y Convergencia iban a buscar un espacio en la cena de Estado para estallar ante Obama el conflicto poselectoral que el tabasqueño se ha negado a cerrar.

La carta de López Obrador explica también la negativa de Marcelo Ebrard, jefe “legítimo” de gobierno del DF, de asistir a la cena luego de que había aceptado. La autodesinvitación de Ebrard estuvo motivada por el enojo de López Obrador a la presencia institucional de gobernantes y legisladores perredistas en la cena con Obama. Ebrard no ha podido romper el cordón umbilical que lo ata a López Obrador y le impide mostrar una imagen de político y estadista. Se trataría del Ebrard que ganó en la misma elección de Calderón y del Ebrard que avaló el plantó de López Obrador del Zócalo al periférico.

El PT y Convergencia, como únicos miembros del menguado Frente Amplio Progresista, iban a romper el protocolo en la cena para entregarle personalmente a Obama la carta de López Obrador. Pero la desinvitación no fue sino una consecuencia lógica del desconocimiento de ambos partidos apéndices de López Obrador --el llamado Frente AMLO-- de la institucionalidad constitucional de la república. El enojo de los jefes de las bancadas del PT y Convergencia por el retiro de la invitación no fue realmente por la presuntas descortesía sino porque había descubierto su jueguito de provocar un escándalo en la cena de Estado.

Los otros partidos estuvieron a punto de caer en la trampa. Motivados por Convergencia y el PT, inventaron un punto de acuerdo del poder legislativo para boicotear a Calderón y a Obama. Pero el diputado Emilio Gamboa primero se autodesinvitó y luego se autoinvitó aunque al parecer sin entender el juego palaciego. Y el senador Manlio Fabio Beltrones afortunadamente fue convencido por su bancada para estar en la cena.

Al final, Convergencia y el PT fueron neutralizados. Ahora es la queja por la desinvitación, pero al final de cuentas no pudieron cumplir la instrucción de López Obrador de escandalizar ante Obama.

La visita del presidente de los EU tuvo también otros incidentes:

--La ceremonia en la explanada de Los Pinos, al pie del monumento a Madero, no fue sólo protocolaria y por razones de seguridad. O si lo fue, de todos modos debió de quedar marcado el hecho de que el presidente Francisco I. Madero fue asesinado en 1913 por el golpe de Estado del general Victoriano Huerta, pero con todo el apoyo y estímulo del entonces embajador de los Estados Unidos. Henry Lane Wilson. Por cierto, en esa ceremonia con Obama estuvo presente el senador Gustavo Madero, descendiente de Francisco y Gustavo A. Madero, el primero asesinado en una mazmorra y el segundo cruelmente torturado y asesinado por los golpistas de Huerta.

--Los jaloneos dentro del PRI para definir si asistían o no a la cena con Obama fueron producto de las fricciones que dejó la definición de las listas de candidatos a diputados. Sobre todo, echó abajo la intentona del PRI de utilizar el poder legislativo contra el PAN en el proceso electoral: condenar a Vicente Fox por sus malas cuentas públicas, pero no con intenciones de honestidad presupuestal sino como respuesta a la campaña agresiva del PAN contra el pasado del PRI actual. La presencia del PRI en la cena de Calderón con Obama desactivó la campaña priísta.

--En el PRD se volvieron a confirmar las tendencias de aislamiento de López Obrador. Operadores políticos del tabasqueño quisieron evitar la presencia de legisladores y gobernadores perredistas en la cena con Obama, pero al final el PRD confirmó su propia agenda y no la de López Obrador.

--La llegada de Obama antes de la confirmación oficial del nuevo embajador Carlos Pascual evidenció el dato de que por primera vez México estaría revisando la solicitud del Departamento de Estado. Obama parece optar por un embajador activo y al margen del control del Departamento de Estado, lo que ha hecho recordar la nefasta gestión de John Gavin como procónsul de Reagan para intervenir activamente en asuntos mexicanos. Lo más seguro es que Pascual obtenga el beneplácito mexicano, pero con un mensaje previo.

--El gran derrotado de la visita fue Vicente Fox, auto denominado presidente. A pesar de sus comunicados desde algún lugar de su lujosísimo rancho de San Cristóbal para aleccionar a Calderón sobre cómo tratar a un presidente del imperio, sólo quedó la imagen patética de quien confesó que Bush le dio palmaditas en la espalda.

--Y al final, el mensaje de Obama: todo está bien, somos amigos, nueva era, sí, todo eso, pero reiteró la conclusión de Jimmy Carter a López Portillo: “yo sí quiero, pero Casa Blanca dice”. Las relaciones bilaterales son de poder, no de amistad. El poder lo ejerce “Casa Blanca”, no el presidente.

 

www.indicadorpolitico.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

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