Martes 21 de abril 2009


 

+ La CIA, perdonada por Obama

+ La tortura fue de “buena fe”

 

En lo que se considera como la primera severa crisis de expectativas, el presidente Barack Obama decidió no castigar las torturas realizadas por la CIA a prisioneros sospechosos de terrorismo. Con ello, Obama validó la vigencia de la ley patriota de George Bush que viola derechos humanos contra sospechosos de terrorismo.

Con esa decisión, Obama quitó valor político y social al cierre de la prisión anti terrorista en Guantánamo, Cuba. Una de las principales críticas a Bush por el endurecimiento legal después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 fue precisamente la autorización para el uso de la tortura en interrogatorios. Guantánamo y Abu Ghraib fueron desacreditados no por ser prisiones para albergar sospechosos de terrorismo, sino por la aplicación de torturas a presuntos terroristas.

La decisión del presidente Obama puso punto final a la presión social para castigar el uso de la tortura dentro de las posibilidades de la ley patriótica. Bush y sus asesores de la línea dura, sobre todo el vicepresidente Dick Cheney, autorizaron técnicas de tortura que en el pasado los EU habían aconsejado a países del tercer mundo para combatir la insurgencia. Y no se trataba sólo de la tortura sicológica, sino de tortura que lastimaba el cuerpo de los detenidos.

Por ejemplo, la principal tortura que se aplicó a sospechosos de servir a terroristas fue la de la asfixia en dos variantes: con bolsas de plástico sobre la cabeza de los detenidos o sumergiéndoles en vasijas de agua. En México esta técnica se conoció como la del “submarino seco” y del “submarino mojado”. Para terror de las buenas conciencias estadunidenses, funcionarios de la CIA y del Departamento de Justicia aplicaron torturas agresivas contra prisioneros.

La argumentación del gobierno de Obama causó más efecto negativo que la aceptación de la tortura. El fiscal Eric Holder, amigo personal de Obama y primer afroamericano en ejercer el cargo de secretario de Justicia, dijo que “sería injusto procesar a los entregados hombres y mujeres que trabajaban para proteger a América por una conducta que fue autorizada por el Departamento de Justicia (de Bush)”. Y una declaración de la Casa Blanca fue también de humor negro: “es hora de reflexionar y no castigar”.

La sociedad norteamericana crítica, la que acusó a Bush de violar los derechos humanos de detenidos, quedó pasmada ante la argumentación de Obama. Porque se trató de una posición de Estado que equiparó al gobierno de los EU con prácticas de la Federal de Seguridad en México o de los criminales militares argentinos que masacraron a la disidencia o de Pinochet y compañía en el aplastamiento violento de la izquierda socialista de Allende.

El gobierno de Obama liberó varios textos del Departamento de Justicia donde se establecía la necesidad de aplicar técnicas más radicales para impedir que los sospechosos se protegieran detrás del laxo sistema de justicia y de respeto a las garantías individuales. La ley patriótica de Bush se convirtió en el instrumento de violación de los derechos humanos. Obama ordenó el cierre de la prisión de Guantánamo, pero careció de poder, decisión y firmeza para castigar a los torturadores. Y de hecho mantiene vigente la ley patriótica que, por cierto, se aprobó con el voto del entonces senador Obama.

El centro del debate se redujo a la CIA, una oficina creada para la recopilación de información para la elaboración de informes de inteligencia. Sin embargo, la CIA se convirtió en el ejército privado del Presidente para derrocar gobiernos e inclusive asesinar a jefes de Estado o de gobiernos no afines a los intereses de los EU. Hoy la CIA apareció como la cámara de torturas de los EU, con la autorización del presidente George Bush y el perdón del presidente Barack Obama.

La información no debiera sorprender. El gobierno, la CIA y el Departamento de Defensa siempre han estado vinculados a la tortura, sólo que para exportación con asesores. Los primeros asesores en Vietnam fueron torturadores. Y el cineasta Costa-Gavras, en 1972, recuperó en Golpe de Estado la historia de Dan Mitrione, un asesor en torturas de los EU, con el disfraz de la Agencia Internacional de Desarrollo, que estaba capacitando a militares uruguayos en la tortura a disidentes y que fue secuestrado y asesinado por la guerrilla en 1970.

A los reportes liberados por Obama se une un extenso memorándum de la Cruz Roja Internacional “estrictamente confidencial” de febrero de 2007, publicado por The New York Review of Books, en el que se denuncian las torturas de la CIA a prisioneros. La lista de acusaciones es reveladora de la conducta criminal de la agencia de espionaje en su fase operativa: asfixia bajo el agua, stress provocado por estar bajo una posición permanente, estrangulamiento por collar, pegar y patear, confinamiento en una caja, desnudo prolongado, privación de sueño y música alta, exposición a temperaturas bajas/agua fría, uso prolongado de esposas y grilletes, amenazas, rasurado forzoso y privación o restricción de alimentos sólidos.

Pese a todo y a la petición en algunos medios para enjuiciar a los responsables, Obama decidió darle carpetazo a la peor herencia de Bush. Lo malo es que Obama consiguió muchos votos por la promesa de investigar, castigar y eliminar la tortura. Pero ahora sabe que el abogado Obama casi considera héroes a los torturadores de la CIA y asume la doctrina Bush de que la tortura se aplicó para proteger a los EU.

 

www.indicadorpolitico.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

- - 0 - -

Imprimir


  Regresar