Miércoles 22 de abril 2009


 

+ CIA: continuidad Bush-Obama

+ Agencia creó cárceles secretas

 

La revelación de documentos donde se estableció el principio legal de que la tortura era permitida a pesar de violar tratados internacionales fue apenas la punta del iceberg de una nueva fase de actividades clandestinas de la CIA. Faltan por conocerse las cárceles clandestinas que se crearon en el mundo para ocultar a presuntos terroristas.

Un reporte del Parlamento Europeo reveló en junio de 2007 la existencia de cárceles clandestinas de la CIA en Polonia y Rumania, dos enclaves ex comunistas de la ex URSS ahora dominados por los Estados Unidos. Y asimismo, el Parlamento Europeo también descubrió la realización de vuelos secretos con prisioneros excluidos de todos los tratados de derechos humanos.

Asimismo, el debate centrado ahora en la tortura de prisioneros y básicamente en la autorización del Departamento de Justicia de Bush para aplicar la asfixia en agua o con bolsa de plástico fue apenas una de las tantas técnicas utilizadas por expertos de la CIA y del Departamento de Defensa. Las revelaciones sobre las torturas en la cárcel de Abu Ghraib mostraron la violación de las creencias religiosas de los presos musulmanes.

El problema de fondo fue el reconocimiento del gobierno de Bush y ahora de Barack Obama de que en todo momento el uso de la tortura se hizo a partir de una doctrina. En junio de 2007, al darse a conocer la larga lista de actividades ilegales de la CIA en un reporte conocido como “Las Joyas de la Familia”, el entonces director de la CIA de Michael Hayden explicó el principio doctrinario del uso de la tortura: actuar “en nombre de los estadunidenses”. Al perdonar las torturas de la CIA contra presuntos terroristas, el presidente Obama afirmó que los espías actuaban “con los valores americanos”.

La CIA se ha convertido en el símbolo nefasto de la guerra fría. Creada para combatir el expansionismo ideológico de la Unión Soviética, derivó en aparato operativo de actividades clandestinas para justificar intervencionismos de la Casa Blanca. En 1984, por ejemplo, el director de la CIA de Reagan, William Casey, ordenó la redacción de un documento sobre México que justificara una ofensiva de Washington contra México. El encargado del reporte, el analista John Horton, se negó a hacer documentos tergiversados. Y a principio de 1985 reveló, en un artículo publicado en el The Washington Post, que la CIA fabricaba reportes para avalar intervenciones.

La revelación de actividades ilegales de la CIA comenzó en diciembre de 1974 con un reportaje publicado en la primera plana del The New York Times por el periodista Seymour Hersh, donde denunciaba que la CIA había violado las leyes al realizar operaciones dentro de los EU y señalaba que había espiado a disidentes de Nixon. La presión llevó a dos comisiones del Senado contra la CIA, la Church y la Rockefeller, y a la revelación de que la CIA había recibido autorización presidencial de Kennedy y Nixon para asesinar a políticos y derrocar gobiernos.

El presidente Obama ha quedado atrapado en la realidad de las operaciones clandestinas de la CIA. El martes de esta semana, presionado por el efecto negativo de la desclasificación de documentos del Departamento de Justicia que autorizaban a la CIA a torturar a presuntos terroristas, Obama hizo su primera visita formal a las instalaciones de la CIA en Langley, Virginia, cruzando apenas el Potomac, y ofreció su “total apoyo” a la CIA y a sus agentes. Y lo hizo con una afirmación que revalidó la doctrina Bush: “voy a proteger su trabajo con la misma energía que ustedes defienden el país”.

El espaldarazo de Obama a la CIA fue una decisión para lavar el rostro de la agencia manchado por el uso de torturas. Inclusive, el debate ha sido una muestra del absurdo: a la CIA le acreditan el concepto de “asfixia simulada”. Los expertos del Departamento de Justicia exculparon el hecho con el argumento de que el uso de la asfixia llevaba a una simulación de la muerte y que no causaba daños permanentes en los detenidos. Sin embargo, los torturados padecían la asfixia --y nada simulada--, es decir, eran ahogados hasta el borde de la muerte. Asimismo, se autorizó a agentes de la CIA a “lanzar contra la pared a detenidos”, sin reconocer que ahí había daños permanentes. Y al romperles la rutina de la comida, el sueño y el uso de sus extremidades, los detenidos padecieron atrofia.

La justificación de la CIA, avalada ya por el presidente Obama, fue en el sentido de que los terroristas tenían a su favor el respeto a las garantías individuales que les otorgaban las leyes y que así no podía obtenerse información. La CIA aceptó, ahí, su fracaso como agencia encargada de recopilar información. Al final, la tortura tiene la función de destruir al adversario y encarecerle sus tareas agresivas, no de obtener información bajo presión que no siempre es confiable.

El aval de Obama a la CIA y la decisión de no penalizar el uso de la tortura representó una de las definiciones políticas más importantes del presidente Obama. La CIA continuará con sus actividades, a partir de la certeza de que sus excesos no serán castigados. Lo malo del asunto es que Obama mantuvo la doctrina Bush de combatir a los terroristas con las armas de la ilegalidad. La CIA puede seguir operando con el apoyo del presidente de los Estados Unidos.

 

www.indicadorpolitico.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

- - 0 - -

Imprimir


  Regresar