Viernes 24 de abril 2009


 

+ AMLO, aliado de PRI y Napito

+ Manipulación de Cananea 1906

 

Defendido a escondidas por el PRI, el líder sindical minero Napoleón Gómez Urrutia acaba de encontrar una nueva tabla de salvación: Andrés Manuel López Obrador y los senadores perredistas acarreados. El PRD y el Frente AMLO llegaron a Cananea a proteger una huelga estallada para salvar a Napito de la persecución penal por un fraude de 55 millones de dólares contra trabajadores mineros.

Lo que López Obrador y su furgón perredista de cola olvidan es que la huelga en Cananea no se estalló por la defensa de los derechos sindicales, sino que formó parte de la estrategia de Gómez Urrutia para atacar al gobierno por el flanco izquierdo y obligarlo a negociar la paz sindical a cambio de su reconocimiento como líder y el carpetazo al fraude de fondos sindicales que estaban ocultos en las cuentas de su familia del líder. Un vil chantaje.

Pero muy a su estilo, López Obrador quiere convertir la huelga de Cananea de hoy en una parodia “legítima” de la de 1906. Y si la de hace un siglo tuvo causas sociales profundas --salarios, ocho horas, prestaciones y 75% de plazas para mexicanos--, la de Gómez Urrutia estuvo motivada por la defensa de su cacicazgo familiar ante la decisión gubernamental de retirarle el registro legal como líder del sindicato minero. Ahora el líder acusado penalmente ha sido purificado por el toque milagroso de López Obrador.

De ahí que López Obrador y sus acarreados senadores perredistas estén defendiendo el liderazgo priísta de Gómez Urrutia y sobre todo el modelo sindical del PRI: la autonomía para someter a los trabajadores al control, a cambio de la lealtad sindical al gobierno en turno. A este modelo se le llamo pomposamente “alianza histórica del Estado con los trabajadores”, aunque en realidad se trató de un mecanismo de control sindical por el Estado.

La huelga en Cananea, por tanto, nada tiene que ver con la defensa de los intereses de los trabajadores. Gómez Urrutia la estalló, junto con la de Taxco y Sombrerete a finales de julio de 2007, con la intención de abrir una crisis en la política laboral del gobierno panista. Y en el fondo, Gómez Urrutia se autodenominó la víctima de la nueva política laboral del Estado.

La lucha, por tanto, tiene que ver con la defensa del modelo laboral priísta que representa Gómez Urrutia y que ha heredado López Obrador y con la intención del gobierno calderonista y de su secretario del Trabajo, Javier Lozano Alarcón, de realizar la reforma laboral para liquidar la estructura de privilegios a los líderes y la implantación de la verdadera democracia de los trabajadores. Gómez Urrutia se hizo líder sindical por herencia de su padre, quien dominó el sindicato durante 40 años y en el 2000, delante del último presidente priísta Ernesto Zedillo, designó sucesor a su hijo.

El modelo López Obrador es el mismo del PRI y hoy lo encarna Francisco Hernández Juárez, líder del sindicato de telefonistas durante 33 años. Formado en el PRI y parte de la “alianza histórica”, Hernández Juárez abandonó al tricolor y llevó al PRD y ahora al Frente AMLO la estructura de control sindical. En el 2007 Hernández Juárez organizó una “huelga de solidaridad” con  Gómez Urrutia, aunque embarcó a los demás sindicatos excepto al suyo.

La manipulación que ha hecho López Obrador de la huelga de Cananea en 1906, encabezada por Juan N. Diéguez y Esteban Baca Calderón, dos de las figuras históricas de la revolución mexicana y ambos vinculados al Partido liberal de los Hermanos Flores Magón, ha sido vulgar. La huelga de 1906 fue reivindicatoria de derechos no reconocidos por la empresa norteamericana. Los liderazgos sindicales respondieron a los intereses de los trabajadores.

El despropósito de López Obrador y sus senadores perredistas del furgón de cola quiere reivindicar al millonario, defraudador y sindicalista por herencia monárquica como el Baca Calderón del siglo XXI, algo ciertamente coherente con la autopromoción del propio tabasqueño como el Benito Juárez moderno. Pero en el fondo, la huelga de Cananea de Gómez Urrutia fue estallada para defender su cacicazgo sindical y tapar la corrupción.

Paulatinamente, los priístas que rodean a López Obrador --desde el Porfirio Muñoz Ledo que enalteció a Díaz Ordaz por la matanza del 2 de octubre, hasta el Manuel Camacho que diseñó el proyecto salinista-- han ido convirtiendo al PRD y a la tribu lopezobradorista en el neoPRI, con todos sus vicios y ninguna de sus virtudes. Y de ahí que López Obrador vaya cooptando a todos los lastres del pasado priísta que con un poco de rubor ha ido dejando en el camino.

La huelga de Cananea es el punto de inflexión entre el viejo modelo priísta-lopezobradorista de manipulación sindical de los trabajadores y la reforma laboral que necesita el sistema productivo cada vez con menos controles estatales. La huelga es un derecho de los trabajadores, pero al margen de las manipulaciones de sus líderes. Si el gobierno federal retirara los cargos de fraude contra Gómez Urrutia y le entregara nuevamente la toma de nota de reconocimiento, la huelga se terminaría en un segundo. Y ahí se demostraría que Gómez Urrutia estalló la huelga para defender su cacicazgo.

Al final, López Obrador y el PRD no están defendiendo a los trabajadores mineros sino que protegen al líder Gómez Urrutia, quien se convirtió ya en el líder “legítimo” de la república “legítima” del presidente “legítimo”.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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