Lunes 27 de abril 2009


 

+ Influenza: salud y política

+ Suspender elecciones 2009

 

Como personajes del Ensayo sobre la ceguera de José Saramago, la pandemia de influenza ha comenzado a sacar lo peor de la sociedad y de las personas: las intrigas, las mezquindades, la disputa por el poder, el pánico social y sobre todo el oportunismo.

Los partidos de futbol no se suspendieron sino que se realizaron en estadios vacíos y a puerta cerrada, porque el calendario internacional impediría posposiciones; pero más que el calendario, se protegen los intereses de los patrocinadores. Y en lugar de organizarse con el gobierno federal al que no reconoce porque López Obrador se enoja, Marcelo Ebrard plantea el peligroso separatismo de la ciudad de México de las políticas federales en materia de salud y él se saca la foto patética repartiendo tapabocas.

El gobierno federal reaccionó a tiempo para evitar un daño mayor, pero quedan los indicios de que supo con anticipación del peligro pero no tomó las decisiones de fondo. El asunto reventó sólo cuando el periódico Reforma publicó la información a ocho columnas.

La sociedad quedó atrapada en los jaloneos del pánico social: el desconcierto, los miedos y los egoísmos. El gobierno federal tomó previsiones con rapidez pero la política de información no se convirtió en estrategia de comunicación social. De ahí los mensajes cruzados el sábado. Y la conferencia de prensa del sábado por la tarde hubo algunos secretarios del gabinete presidencial mal preparados para ofrecer un criterio unificado.

La pandemia de influenza fue producto de un descuido oficial federal y de los gobiernos de las entidades más afectadas: Distrito Federal, Estado de México y San Luis Potosí. El estallamiento de la enfermedad ha sido producto de una severa falla en la supervisión de enfermedades infecciosas por parte de los organismos federales y estatales. Pero sobre todo, la influenza mostró la urgencia de replantear la política de salud pública para atender casos inesperados pero también para tener organismos más eficientes que puedan prevenir casos masivos.

La salud y la seguridad son sin duda las principales tareas del Estado. Lo demás puede delegarse o posponerse. Sin embargo, en situaciones de crisis económica justamente la salud y la seguridad son dos de las funciones sacrificables. Y peor aún, se ha reducido la capacidad del Estado para reorganizar estas prioridades con la justificación de la escasez de fondo. Ello ha llevado a la disminución  de la tarea estatal de cobertura de salud y seguridad.

Asimismo, la política educativa se ha desvinculado de las tareas de conocimiento de la realidad. El pánico social debe entenderse como el miedo ante una epidemia destructiva, pero también fue producto de la incomprensión de las enfermedades. Las escuelas en todo el país y la política educativa en sí carecen de un sistema de información hacia estudiantes y padres de familia sobre la salud pública. Toda epidemia es producto de un descuido en la salud pero también en la educación.

Las autoridades deben tomar medidas radicales. La pandemia de influenza no se reduce sólo a algunos casos aislados sino que cubre como una nube a una parte importante del territorio nacional. Pero ahora mismo ha tenido más peso el calendario de compromisos del futbol mexicano en el escenario internacional que el apoyo a medida de aislamiento. Por eso los equipos jugaron a puerta cerrada porque para ellos fue más importante el cubrir el calendario que contribuir a un aislamiento sanitario.

La pandemia apenas ha comenzado. Puede controlarse la expansión en varias semanas pero permanecerá el peligro de contagio. Las manifestaciones comienzan con casos aislados, luego estallan en un número considerable de infectados y su ciclo terminal sigue siendo peligroso aunque con menos posibilidades de contagio masivo. Las informaciones internacionales revelan que apenas se están manifestando los síntomas.

El proceso electoral mexicano se ha atravesado en el camino de la influenza. Los inicios de campaña se harán en medio de exigencias sanitarias estrictas. Por tanto, el país enfrenta la gran decisión de continuar con las elecciones legislativas y algunas locales en los meses de mayo y junio o tomar la gran decisión de posponer su realización como una medida sanitaria. A ello se agrega un argumento contundente: una pandemia suele convertirse en un factor sicológico en la toma de decisiones políticas y electorales. Pero sobre todo, las campañas se realizaran, sobre todo en el territorio del centro de la república afectado por la pandemia, en medio de la ruptura de medidas sanitarias estrictas.

Las pandemias suelen convertirse en metáforas de los comportamientos sociales. Saramago exhibe en su libro a una sociedad destruida por una epidemia inexplicable de ceguera: en el aislamiento surgen todas las contradicciones, pasiones y conductas irracionales. En medio del proceso electoral, la pandemia de influenza se metió como un factor político de los partidos a favor de sí mismos y en contra de los demás.

Pero la gran lección quedó abierta como una herida. El viejo modelo de política de salud pública fue rebasado por una pandemia sorpresiva y su capacidad de respuesta necesita de mecanismos de investigación  más organizados y consistentes sobre enfermedades especializadas. Ya no se trata de tener hospitales de primer piso sino que el Estado debe ya invertir en investigación médica propia, si no quiere que la sociedad quede atrapada en las telarañas de las compañías privadas de producción de medicamentos.

 

www.indicadorpolitico.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

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