Viernes 7 de agosto 2009

+ Gabino Cue, el Juanito de AMLO

+ Oaxaca: CSG, la crisis 1991-2012

 

De las diez gubernaturas a elegir el próximo año, Oaxaca perfila visos de violencia. Oaxaca quedó atrapado entre dos fuegos: la intención de López Obrador de prender una insurrección electoral y poselectoral peor que la de 2006 y la culpa histórica del desorden político en Oaxaca se localiza en el dedazo de Carlos Salinas en 1991 que provocó la ruptura en la clase política.

El escenario oaxaqueño será nuevamente de crisis con efectos nacionales. López Obrador llegó a Oaxaca a vivir un año para imponer al senador por convergencia Gabino Cue como su Juanito en la candidatura a gobernador por el menguado Frente Amplio Progresista. Pero el Juanito Cue ha comenzado a mostrarse más bien como el pelele de López Obrador.

Y el interés de Salinas por Oaxaca no ha sido nunca turístico. De hecho, la ruptura en la clase política local que ha hundido al estado en la imposibilidad de acuerdos para el desarrollo durante tres sexenios fue provocada por Salinas al imponer en 1991 como candidato a gobernador al entonces priísta y hoy panista Diódoro Carrasco Altamirano. El dedazo de Salinas rompió los acuerdos de las familias del poder suscritos al calor de la crisis de 1977.

Oaxaca no será un escenario artificial. El cálculo político de López Obrador localizó a Oaxaca como la entidad con mayores contradicciones sociales y con fuertes raíces insurreccionales y revolucionarias. La crisis de 2006 fue alentada por López Obrador y sus huestes y dinamizada por la participación de la guerrilla del EPR al lado de la APPO. La intención original de luchar por un aumento salarial derivó en una insurrección para fundar en Oaxaca una comuna revolucionaria. Durante meses, la APPO ocupó territorio de la ciudad con barricadas y grupos violentos y llevó a la intervención drástica de la fuerza pública.

El 2010 oaxaqueño ha comenzado a fijar sus piezas. Antes del arribo de López Obrador, su principal operador y recaudador de dinero René Bejarano ya logró consolidar el liderazgo de López Obrador en la oposición oaxaqueña. La intención es crear una campaña agitada, no ganar las elecciones y luego estallar un grave conflicto poselectoral. El Juanito de López Obrador, el senador Gabino Cue, carece de fuerza política local y su avance electoral en el 2004 dependió de la alianza del FAP con el PAN. Sin el PAN, el FAP se redujo a los pocos votos de Convergencia y el PT, dos veces aplastados por la movilización y organización del PRI.

Lo paradójico de Juanito Cue es que su formación política es conservadora y responde a los hilos de poder del diputado panista Diódoro Carrasco y su cacicazgo oaxaqueño. Como para adelantar vísperas, López Obrador ya ordenó a Convergencia y al PT no aliarse con el PAN, lo que disminuyó las posibilidades electorales de Juanito Cue. Muy a su estilo de Caudillo, López Obrador decide el destino político de Oaxaca.

La crisis política en Oaxaca, que alcanzó niveles de gravedad en 2006, fue responsabilidad directa de Carlos Salinas. En 1991, Salinas instruyó al presidente del PRI, Luis Donaldo Colosio, a manejar la sucesión local para imponer por dedazo a Carrasco. En el arranque del proceso, el prestigiado político local Luis Martínez Fernández del Campo --por cierto, maestro de Salinas y Camacho y operador de Camacho-- lanzó su precandidatura abierta para presionar una elección pública priísta. Pero Salinas logró sacarlo del juego y colocar, en una operación grosera y vulgar de Colosio, a Carrasco.

No se trató de un dedazo más. La crisis de 1977 había provocado la caída del gobernador Manuel Zárate Aquino en una movilización similar a la de 2006. Las familias políticas en un estado dominado por la pobreza lograron en 1977 un acuerdo para el reparto del poder. La candidatura de Carrasco en 1991 rompió esos acuerdos y luego Carrasco quiso poner a un tío como sucesor pero fue impedido por una movilización de priístas. El sucesor fue José Murat, quien también incumplió los acuerdos de distribución del poder. Por tanto, las crisis en Oaxaca no son de pobreza sino de disputa por el poder en las élites que dominan la política.

La otra parte de la crisis en Oaxaca radica en la ausencia de espacios democráticos. La oposición se ha refugiado en la insurrección. Y ahí es donde quiere influir López Obrador para estallar una crisis política en Oaxaca en el 2010. El PRI domina las elecciones por su reactivada estructura electoral y por la falta de presencia electoral de la oposición. En las elecciones del 2004 la oposición radical creció en votos por la presencia del PAN en la coalición. Ahora sin el PAN, la presencia de López Obrador en Oaxaca apuesta exclusivamente al conflicto poselectoral violento con el FAP.

La crisis de 2006 fue neutralizada por la habilidad política del entonces secretario de Gobernación, Carlos Abascal, y la paciencia del gobernador Ulises Ruiz. Pero la presencia de Bejarano y otras huestes de la corrupción y la violencia garantizarán a López Obrador un incendio revolucionario en Oaxaca para cumplir con la maldición centenaria de una revolución cada cien años.

(Por vacaciones de verano, Indicador Político dejará de publicarse una semana, a partir de hoy. Y reanudará el lunes 17 de agosto.)

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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