Martes 18 de agosto 2009

+ Sodi y la venganza de Ebrard

+ PRD: si pierde, arrebatar todo

 

Luego de haber realizado elecciones de Estado en Sonora y en el DF, el PRI y el PRD en ambas entidades trataron de ganar en tribunales lo que no pudieron acreditar en las urnas. Con ello, los dos partidos demostraron su capacidad de usar todas las argucias para impedir la voluntad de los votantes.

Asimismo, el PRI y el PRD dejaron el mensaje nada democrático de que impedirán el funcionamiento de la democracia en las urnas. El gobernador priísta sonorense Eduardo Robinson Bours Castelo y el mandatario perredista capitalino Marcelo Ebrard demostrarán el estilo con el cual el PRI o el PRD gobernarían la república en el 2012: como el viejo PRI, aplicando el modelo Manuel Bartlett del fraude patriótico.

Ayer el tribunal electoral de Sonora desechó la demanda de anulación, pero el gobierno del DF ha ejercido presión sobre el Instituto Electoral local y el tribunal electoral capitalino para reventar la inobjetable y aplastante victoria de Demetrio Sodi de la Tijera sobre la candidata ebradista Ana Gabriela Guevara. El caso de la Miguel Hidalgo nada tiene que ver con los excesos en gasto. Ebrard hará todo lo posible para impedir la gestión del panista Demetrio de la Tijera como jefe delegacional.

Lo peor de todo radica en las evidencias de que Robinson Bours Castelo y Ebrard usaron ilegalmente todas las maniobras electorales para impulsar a sus candidatos y fracasaron, violando todas las exigencias de una elección democrática. Al ser derrotados sus candidatos, ahora apelaron a tribunales para conseguir en la mesa lo que no pudieron acreditar en las urnas.

El caso más significativo es el de Ebrard, cuyo gobierno capitalino utilizó dinero público para apoyar a sus candidatos. Por ejemplo, Ebrard convirtió la delegación Coyoacán en la segunda sede de su gobierno, inauguró obras fuera de tiempo, desparramó programas sociales impunemente en tiempos electorales y dilapido su propia presencia semanal en la zona para impedir la victoria del candidato panista Obdulio Avila.

Y en la Miguel Hidalgo, Ebrard impuso a Guevara, cuya incapacidad para la gestión pública la llevó a ofrecer un gobierno “de expertos” para cubrir sus propias deficiencias. Hay videos en los que se demuestra que Guevara y el PRD regalaron obras, obsequiaron tinacos de agua y compraron votos en efectivo, inclusive quitándole a los electores sus credenciales de votación.

Sodi se ha convertido en el dolor de cabeza de Ebrard. Cuando Ebrard era uno de los más sólidos y con vencidos salinistas y representaba a Carlos Salinas en el DF, Sodi creó un movimiento ciudadano para ampliar los derechos democráticos de los capitalinos ante la oposición férrea de Ebrard y el entonces regente Manuel Camacho. Ahí Sodi derrotó a Ebrard. Y hoy Ebrard ha decidido usar todas las chicanas legales en tribunales para impedir el gobierno delegacional de Sodi.

Como en los tiempos del PRI, gobernantes locales quieren impedir el ejercicio de la democracia en las urnas. Ebrard mismo debió de haber sido denunciado por irregularidades en su elección del 2006 porque el entonces jefe de gobierno saliente, Alejandro Encinas, operó una elección de Estado. Hoy Ebrard deja la señal negativa de que las elecciones no se disputan en las urnas sino en tribunales con maniobras legales de los gobernadores locales. Ebrard está demostrando en el caso de la Miguel Hidalgo su verdadera filiación priísta: burlar a los electores.

Sonora quiso repetir el numerito. El gobernador saliente Eduardo Robinson Bours Castelo perdió la elección del PRI por su responsabilidad directa en la tragedia de la guardería ABC de Hermosillo. Su intención de derrotar en tribunales al candidato panista quiso mandar un mensaje de impunidad: un gobierno panista en Sonora tendrá que ajustar cuentas con el manejo patrimonialista de la gubernatura priísta saliente. El gobernador preparaba una doble burla: a los electores y a los familiares de los 49 niños muertos por la negligencia del gobierno estatal que denunciaron al gobierno de Robinson Bours Castelo como responsable y con ello cambiaron el resultado electoral previsible.

Una democracia se prueba con la aceptación de la derrota. Y las elecciones se deben ganar en las urnas. Los tribunales deben de garantizar el voto de los ciudadanos, no las argucias legaloides de quienes fueron incapaces de ganar en las urnas. Una elección se debe anular cuando existan razones poderosas, no chicanas políticas.

En el fondo, los casos de Sonora --desechado-- y de la Miguel Hidalgo --en curso por la presión personal de Ebrard sobre consejeros electorales-- revelan el peligro de que las elecciones sean sustituidas por maniobras electorales. Los institutos y tribunales electorales deben de cuidar de no burlar la decisión de electores. Las causales de anulación deben ser más estrictas para evitar que las elecciones las ganen los abogados de los derrotados y no los candidatos en las urnas.

En todo caso, las autoridades electorales debieran ser más severas con los gobernantes --como Robinson Bours Castelo y Ebrard-- que usan ilegalmente el poder de sus gobiernos para imponer a sus candidatos por encima de la voluntad de los electores.

 

www.indicadorpolitico.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

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