Martes 25 de agosto 2009

+  La economía, ¿a Los Pinos?

+ Urge replantear el desarrollo

 

Si en el fondo existe la intención presidencial de remover al actual secretario de Hacienda, entonces el presidente Calderón enfrenta quizá el principal desafío de su gobierno: buscar primero el rediseño de la estructura del gobierno central para ajustarlo a la alternancia partidista en la presidencia de la república y después pensar otro titular de las finanzas.

Los secretarios de Hacienda del 2000 a la fecha tienen un pecado original: provienen del sistema financiero ya agotado y fueron educados en la doctrina del PRI. El PAN parece haber olvidado que fueron panistas en ciernes quienes fundaron muchas de las instituciones financieras del país.

La actual crisis podría tener una explicación sui géneris: los secretarios de Hacienda son los encargados de las finanzas públicas y al mismo tiempo de la definición de las metas del desarrollo. Los años dorados del desarrollo estabilizador tuvieron a un abogado y político en Hacienda, Antonio Ortiz Mena, y a un político autodidacta y sin profesión en Banco de México, Rodrigo Gómez. Pero los dos diseñaron un modelo que permitió durante dos sexenios PIB de 6% e inflación de 2% promedio anual. Hoy los economistas en el poder piensan sólo en economía.

El presidente López Portillo dividió Hacienda en dos y creó la Secretaría de Programación y Presupuesto, pero en su primer año, 1977, hubo un choque de trenes que condujo a la renuncia forzada de los dos titulares: Julio Rodolfo Moctezuma y Carlos Tello. Luego la SPP se convirtió en lo que antes era Gobernación: fábrica de candidatos presidenciales, utilizando el gasto como instrumento de poder burocrático. Carlos Salinas, que se benefició de la SPP, la desapareció y creó la Secretaría de Desarrollo Social pero para construir la candidatura presidencial de Luis Donaldo Colosio. En esos años, el ingreso y el gasto se operaban en dos secretarías diferentes.

En Hacienda se quedó la ortodoxia del pensamiento neoliberal. Y en la SPP y Sedeso --mañosamente conocida en el salinismo como Sedesol, con la “l” final que convertía Social en Solidaridad-- se instaló la política de gasto como gasto político. Pero Hacienda se quedó con la tarea de redactar el Plan Nacional de Desarrollo que tenía antes la SPP. Y por tanto, la ortodoxia comenzó a condicionar el gasto y por tanto el desarrollo.

Esta estructura fue producto de las luchas internas en los gobiernos priístas. Pero como tales, las secretarías del gabinete presidencial no responden hoy a las necesidades de los gobiernos panistas porque los objetivos sociales y de desarrollo son otros. Calderón tiene la oportunidad de convertir las políticas de gasto como instrumento de control corporativo en políticas de desarrollo integral.

El problema de la crisis no se resolverá con cambiar al secretario de Hacienda. A Calderón le falta definir un nuevo paradigma de política económica y rediseñar los instrumentos de esa política económica. Por tanto, es hora de que la política económica regrese a Los Pinos y salga del control de la ortodoxia financiera neoliberal. La peor parte de la crisis actual radica en que México es el único país del mundo que aplica el recetario tradicional del FMI, cosa que ni siquiera Obama ha pensado en seguir.

Pero debe tenerse el cuidado de evitar la trampa del estatismo. Ahí están los Estados Unidos --déficit presupuestal de 12% este año y alto a lo largo del próximo decenio--, Argentina --subió los salarios y luego se vio obligada a subir precios, anulando el poder de compra-- o España --Zapatero no ha reconocido la crisis, quiere mantener apoyos populares y ya subió gasolinas y viene un alza en impuestos--, todos ellos fracasos evidentes del viejo estatismo keynesiano mal comprendido.

El reto del gobierno de Calderón radica en tres puntos: nueva política de desarrollo, nuevo pensamiento económico y nueva estructura de gobierno. Y deben ser prioridades establecidas antes de pensar en un nuevo secretario de Hacienda. El problema de la crisis persistirá si Hacienda decide ingresos y gasto. Por eso las Secretarías de Economía y Desarrollo Social deben fusionarse en una Secretaría de Desarrollo Económico y Hacienda concretarse a lo suyo. Al final, el responsable de las políticas de desarrollo nacional debe ser el presidente de la república.

La crisis de 2008-2009 ha sido hija de la globalización del tratado de comercio libre de Carlos Salinas: ese modelo de desarrollo debilitó la estructura productiva interna e hizo depender al país de la economía de los EU. Por tanto, es la hora de refortalecer la planta industrial y el campo y reactivar el mercado interno pero no con medidas artificiales como dinero regalado o salarios de emergencia o más programas pronasoleros. En este contexto, un nuevo secretario de Hacienda sería un asunto menor, porque lo urgente estaría en la redefinición de la oficina que se encargaría del desarrollo socioeconómico. Es paradójico que las metas del Plan Nacional de Desarrollo definido por Hacienda no se cumplan por las decisiones asumidas-no asumidas… por Hacienda.

Al final de cuentas, la crisis de 2008-2009 no ha sido estrictamente de orígenes externos ni del secretario de Hacienda, sino una crisis del modelo de desarrollo nacional priísta operado por economistas del priísmo neoliberal.

 

www.indicadorpolitico.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

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