Jueves 18 de junio 2009

 

+ Ebrard, golpe en Iztapalapa

+ AMLO: “al carajo” el PRD

 

Si hace tres años mando “al diablo” a las instituciones, el martes en la noche Andrés Manuel López Obrador mandó con todas sus letras “al carajo” al PRD y al sistema electoral.

La crisis política del PRD en Iztapalapa se convirtió definitivamente en el fin histórico del partido del sol azteca. El presidente nacional perredista Jesús Ortega fue aplastado por el caudillismo tropical y por su propio miedo a López Obrador. Ortega demostró la falta de liderazgo político.

Como en el 2000 cuando sacó a la gente a la calle para que le dieran el registro como candidato que las leyes electorales no le conferían por su ausencia de residencia, hoy López Obrador quiere repetir el numerito para imponer a Clara Brugada como jefa delegacional en Iztapalapa por la presión de las calles. Sólo que en el 2000 hubo un pacto secreto de René Bejarano con Zedillo para darle el registro a López Obrador.

El martes en la noche impuso López Obrador, por la fuerza de la ira popular, su condición de caudillo. Mandó al carajo al PRD, violó los estatutos perredistas al encabezar la campaña del PT en Iztapalapa, obligó al candidato petista Rafael Acosta a jurar públicamente que renunciaría al cargo si ganaba las elecciones y giró órdenes públicas al jefe de gobierno capitalino Marcelo Ebrard para que designara a Brugada jefa sustituta.

Y para cerrar con broche de oro su maniobra para imponer sus condiciones por encima de las instituciones, López Obrador concluyó su discurso con una declaración de fe: “estoy luchando por mis derechos, por mis ideales y por mis principios”. Al estado de ánimo de euforia fundamentalista contribuyó la propia Brugada. Luego de que López Obrador, con ironía pero también con acento de dictador tropical le había dicho al candidato petista que “si ganas, no te la vayas a creer”, la jefa delegacional legítima --por la Gracia del Caudillo-- confesó, con la mirada traviesa y tímida: “no es una obsesión querer ser candidata, sino obligación política”.

El PRD, en las horas decisivas del martes, mostró su verdadero rostro: no un partido, sino la oficina de colocaciones de López Obrador. La presidenta en funciones del PRD del DF, Alejandra Barrales, estaba en el púlpito --perdón: el presídium-- de Iztapalapa, pero más tarde justificó su ausencia en el Trife --exigida por los magistrados-- por razones de enfermedad. Y Jesús Ortega, aplastado por López Obrador, se movió diligentemente para buscar un tercer candidato porque el Caudillo ya había ordenado que Silvia Oliva no fuera registrada.

Ahí, el martes en la noche en Iztapalapa, la picardía de López Obrador y los miedos de Ortega enterraron el cadáver insepulto del PRD. Y ahí comenzó el principio del fin del dominio hegemónico, anarquista, lumpen, autoritario y amenazante del PRD en el Distrito Federal. Porque López Obrador demostró, por si hubiera alguna duda, que el verdadero jefe de jefes en el DF, el verdadero Caudillo, el jefe máximo político del perredismo es López Obrador y que Marcelo Ebrard es un simple intendente de las instrucciones públicas, a mano alzada, de López Obrador como el hombre fuerte en la política capitalina. López Obrador es el jefe legítimo del DF.

El PRD quedó fracturado, lo que es decir herido de muerte política. El Caudillo enfrentó al presidente nacional del partido y lo aplastó como a un mosquito. Jesús Ortega se quedó sin representatividad, sin autoridad política, sin fuerza moral. Su miedo a expulsar del PRD a López Obrador fue aprovechado por éste para voltearle las bases en su contra. En el DF habrá un choque de trenes entre el PRD de López Obrador-René Bejarano contra los perredistas institucionales a los cuáles ya no representa Ortega.

Lo grave de todo fue el mensaje explícito: Iztapalapa va a ser el laboratorio político de López Obrador para arrebatarle a las instituciones algunas parcelas de poder. Iztapalapa fue el adelanto de lo que buscará López Obrador en las presidenciales del 2012. Como sabe que nunca podrá lograr la mayoría electoral, entonces su apuesta descansa en la destrucción de las instituciones. A eso se redujo el PRD: a la conservación de feudos de poder, a las imposiciones del Caudillo, al control de las masas, al acarreo de ciudadanos y a la lucha por el poder y por el presupuesto aún a costa de liquidar principios e ideales de la izquierda. Sólo maniobrerismo político.

El PRD se hundió en Iztapalapa en el pantano de la miseria de la política y Ebrard se mostró como un intendente del jefe máximo y hoy jefe legítimo del GDF. Y lo más patético fue escuchar a los perredistas en el Congreso tratando de justificar al Caudillo y echarle la culpa a las instituciones electorales y a Ebrard dándole la razón al Caudillo. Iztapalapa retrató, de cuerpo entero, la propuesta caudillista, de mafia política, fundamentalista y de pandilla no del PRD ni de la izquierda sino de López Obrador y su Corte de los Milagros. La izquierda es otra cosa: ideas, propuestas, militancia, institucionalidad y sobre todo decencia política. Pero en Iztapalapa va a dar un golpe de Estado.

Ante la expectativa de 16% de votos para el PRD y la pérdida de sus bastiones en el DF, López Obrador pasó ya a la insurrección política en el DF, con el aval del PRD y de Marcelo Ebrard. López Obrador quiere iztapalapatizar el DF y la república. Así de simple.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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