Lunes 22 de junio 2009

 

+ PRD y la ingenuidad de AMLO

+ ¿Así sí o no? ¿Entonces cómo?

 

Si el dictamen del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación fue parte de una maniobra política del gobierno de Calderón, entonces Andrés Manuel López Obrador cayó ingenuamente redondito en la trampa de provocar una división en el sector progresista y con ello ayudar al PAN a ganar el 2009.

Ahora que muchos están descubriendo con horror el verdadero pero mismo rostro político de la intolerancia autoritaria y violenta de López Obrador, el futuro político del PRD está liquidado: el tabasqueño ha tomado decisiones que tienden a buscar el fin del PRD y de nueva cuenta la fractura del único --que no válido-- movimiento populista social. Del PRD avanzó a un tercio de la votación nacional y ahora regresará a su media histórica de un sexto.

Como todo líder caudillista, López Obrador puso su posición personal por encima de la estrategia política de largo plazo: reventó al PRD, dañó seriamente la hegemonía perredista en el DF a favor del PAN y del PRI, reencarnó el proyecto político de Carlos Salinas de Gortari y redujo la franja de centro-izquierda a un voluntarismo furioso --hay que ver varias veces el video con el rostro de odio en Iztapalapa-- personal.

En este contexto, el fenómeno político López Obrador --un liderazgo personal que movió masas-- llegó a su fin. En el último jalón político, López Obrador ha puesto su posicionamiento personal por delante de todo. En 2004 armó un movimiento plural contra el desafuero, pero en el 2006 lo tiró a la basura con el plantón en el corredor Zócalo-Juárez-Reforma para cantar un triunfo que no pudo acreditar. Y convirtió ese movimiento de masas en un grupo de ruptura institucional basado en su apotegma de “¡al diablo con sus instituciones!” porque desde siempre ha demostrado que las únicas instituciones válidas son las del propio López Obrador.

Pero el saldo de López Obrador como agitador social es negativo porque encadena una larga seria de derrotas. El tabasqueño ha sido víctima del síndrome Marcos: una insurrección popular con base social, pero desviada hacia una agenda proclive al anarquismo personalista y a la ruptura institucional.

1.- La lista de derrotas es sorprendente: perdió la gubernatura de Tabasco en 1988, perdió la insurrección municipal, fue echado a toletazos de los pozos petroleros ocupados, negoció anulación de órdenes de aprehensión a cambio de dar por terminada la protesta, condujo a tabasqueños a un plantón en el Zócalo del DF que levantó cuando los salinistas Manuel Camacho y Marcelo Ebrard le pagaron dinero en efectivo de la cuenta presidencial secreta por el “desgaste físico” de los manifestantes, perdió la gubernatura en el 2000 ante Madrazo, perdió el plantón cuando Madrazo lo levantó a toletazo limpio, pactó en secreto con Zedillo su candidatura en el DF, perdió la lucha contra el desafuero, perdió la imagen de honestidad con René Bejarano recibiendo dinero de Carlos Ahumada, perdió las elecciones del 2006, perdió el plantón cuando tuvo que levantarlo sin nada a cambio, perdió el DF con el priísta Marcelo Ebrard, perdió su defensa del petróleo, perdió el PRD con la victoria de Jesús Ortega y perdió el FAP cuando el PRD se salió del acuerdo.

2.- El proyecto político de López Obrador es un salinismo sin Carlos Salinas. Por eso López Obrador se rodeó en su primer círculo de colaboradores de Carlos Salinas que diseñaron el proyecto salinista. A ellos se agregaron los ex priístas que salieron del PRI con Cárdenas en 1987 pero que nunca olvidaron sus pasiones priístas. Con ello López Obrador traicionó el proyecto de izquierda. El PRD fue producto de la fusión de dos corrientes: la socialista del Partido Comunista Mexicano y la progresista con el cardenismo priísta. Los 50 puntos de la propuesta de gobierno del tabasqueño son una copia del programa de Miguel de la Madrid que definió Salinas. Por eso la pieza más importante del lopezobradorismo es Manuel Camacho. Se trata de una propuesta populista-asistencialista, sin ideas: letrinas a cambio de liquidar el socialismo.

3.- El problema de fondo de López Obrador es personal. El tabasqueño no puede vivir sin la adoración de las masas. Por eso se auto calificó de “rayito de esperanza” y por eso toda su tarea fue la de desplazar a Cuauhtémoc Cárdenas. López Obrador ha destruido partidos: el PRI de Tabasco, el Frente Democrático y ahora el PRD. Va a tratar de renacer de las cenizas del Partido del Trabajo, que tiene la huella regiomontana de Raúl Salinas de Gortari a través de Alberto Anaya. López Obrador no es hombre de partidos o de ideología sino de movimientos, de masas y de personalismo. Su comportamiento en Iztapalapa al repartir el pastel de la delegación fue ciertamente priísta pero sobre todo caudillista. Por tanto, todo en López Obrador se reduce al vulgar objetivo del poder por el poder y del presupuesto correlativo.

Así que el comportamiento dictatorial del tabasqueño en Iztapalapa no debe ser una sorpresa. Se trata del López Obrador de siempre. Como personaje del cuentista infantil Hans Christian Andersen, a López Obrador le acaban de gritar: “¡el emperador está desnudo!”

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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