Jueves 25 de junio 2009

 

+ Hoy sí y en 1968 y 1971 no

+ Onanismo político-electoral

 

¿Dónde estaban muchos de los hoy promotores del voto nulo en aquellos aciagos días del viejo régimen y sus conflictos en 1968, 1971, 1976, 1982, 1988 y 1997? ¿Cuántos de los que hoy se asumen progresistas al promover el voto al vacío fueron corresponsables de la consolidación autoritaria del viejo régimen priísta? ¿Quiénes de ellos se privilegiaron a veces como legisladores sin curul o ministros de información sin cartera y nunca criticaron a ese viejo régimen priísta?

La ola del voto nulo ocurre en uno de los momentos decisivos para la consolidación de la alternancia partidista en las estructuras de poder o para la restauración del viejo régimen priísta. El voto nulo es, de suyo, un salto al vacío porque carece de una propuesta de reorganización política o de transición democrática. Ayer desde la academia, los medios como poderes fácticos o la política partidista dócil, los hoy promotores del voto nulo como un acto de conciencia libre se están convirtiendo en legitimadores del regreso del PRI al poder presidencial porque la inutilización de su voto será para negar la consolidación de la pluralidad política.

¿Cuántos de los hoy promotores del voto nulo ayer formaban parte de los mecanismos de legitimación del viejo régimen que había destruido las libertades con la represión en Tlatelolco y San Cosme y en sus medios se convirtieron en bocinas de los represores y luego cuántos de ellos hicieron campaña sucia contra Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 para entronizar a Carlos Salinas en el poder negado en las urnas? Hasta donde se sabe, ninguno de ellos reclamó los sucesivos fraudes electoral priístas; ninguno de ellos alzó la voz para defender su voto o el del vecino; ninguno de ellos utilizó el voto para condenar el sistema priísta que había inutilizado el voto con un sistema electoral útil sólo al sistema priísta.

¿Cuántos de los que hoy cantan el voto nulo como expresión democrática usaron los resultados electorales amañados del pasado para condenar la falsificación de la democracia priísta o simplemente cumplieron su papel de transmisores objetivos de la información? ¿Quiénes, inclusive, formaban parte de los mecanismos de control ideológico mediático de entonces y como tales fueron cómplices del régimen al que no criticaron ni con el pétalo de algún párrafo o algún editorial gestual?

Hoy es fácil. Hoy cualquiera es crítico del poder. Antes no, sobre todo cuando se formaba parte de los aparatos de mediatización del sistema. El caso más ejemplar del descrédito de la política es Dulce María Sauri Riancho, quien suplicó por una diputación plurinominal, no se la dieron y de pronto se convirtió en una de las figuras simbólica del voto nulo. Pero antes ella formó parte del viejo PRI, el de los fraudes y las represiones, el de las trampas en las urnas, el de los robos de votos, el de la compra de conciencias.

¿Dónde estaba antes el Diego Valadés que hoy acusa a los partidos de haber inutilizado su voto? Valadés fue nada menos que procurador del DF y luego procurador general del gobierno de Carlos Salinas de Gortari, el presidente que la voz popular dice que se robó la elección de 1988. ¿El PRI al que perteneció --¿pertenece?-- Valadés no inutilizó su voto en 1988 o entonces Valadés miró a otro lado porque el partido que destruyó el voto en 1988 le había dado una buena chamba en el gobierno? Y en ese 1988, el gobierno del DF lo encabezaba el presidente de la república, Salinas en ese entonces. Valadés dice que el 5 de julio votará no, “no más claudicación del Estado laico”, aunque a él le tocó avalar como miembro del gobierno de Salinas la reforma al 130 constitucional que liquidó el Estado laico y metió las sotanas al palacio legislativo para bendecir su fraude electoral.

El voto nulo es el voto de los oportunistas que quieren lavar sus pecados de guerra. La lista es larga. Y el destino es corto: los promotores sólo se agotan en un voto de protesta anónimo, de mayoría silenciosa. Su propuesta es como una marcha callejera contra la inseguridad: el grito y luego el silencio. ¿Cuántos de los promotores del voto nulo van a formar organizaciones ciudadanas o partidos políticos para participar directamente en la reconstrucción del sistema político y del régimen de gobierno? Todos hablan de transformaciones pero los promotores del voto nulo fruncen el ceño cuando les dicen que aporten reformas para ciudadanizar la política.

El voto nulo es el voto de la nostalgia del viejo régimen priísta, por la restauración del viejo orden en donde los políticos cumplían las expectativas ciudadanas --inclusive la represión de la izquierda disidente fue parte de esa estabilidad moral de la clase dominante avalada por muchos que hoy pugnan por el voto nulo-- y en cuyo escenario la no participación política y electoral era una forma de asentimiento. No es fácil construir un nuevo régimen y menos con un PAN ajeno al pensamiento de la transición. Pero el voto nulo se quiere usar como una forma de cuestionar la alternancia y pugnar por la restauración o regresión a la estabilidad del viejo régimen.

El voto nulo va a ser el voto típico clasemediero, el voto del avestruz, el voto de la autoexclusión, el voto de la victoria pírrica: sólo provocar el recuento de votos por la diferencia entre los dos candidatos con más votos. No más. No hay debate sobre las propuestas de consolidación de la transición democrática y de la democracia participativa. No. El voto nulo será un grito en la oscuridad. Y después de ese gesto de satisfacción del onanismo político, podrán regresar a su mundo de la revuelta conservadora.

 

www.indicadorpolitico.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

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