Domingo 28 de junio 2009

 

+ Elecciones en la turbulencia

+ Una semana y todo confuso

 

1.- Hoy entrará el país en una de las semanas más importantes del sexenio. De hoy al domingo 5 terminará de hundirse la nación en el mar de confusiones y sobre todo de mezquindades: los partidos, todos, le apuestan a la debacle para erigirse cada uno en el salvador de la patria.

No hay política. Esta sería, sin duda, la mejor conclusión de estos días. No hay sensibilidad, visión de Estado, competencia ética. El país que salga de las elecciones será un país más deteriorado, Peor. Y con cualquiera que gane. Lo que está en disputa para los partidos es el ejercicio directo del poder, no el destino de la república.

El país se mueve entre la guerra destructiva del PAN contra el PRI, los juegos perversos de un PRI sin memoria de sus propias trapacerías y un PRD que se resume en una palabra que implica conductas pervertidas: Juanito. No hay más oferta. ¿Y la crisis, y las demandas sociales, y la exigencia de un nuevo sistema político, y el desempleo, y la realidad del mundo que acogota --no hay otra palabra-- a una república sumida en sus pequeñeces?

Basta ver los spots o los lemas o las acusaciones. Hay una, reciente, del PRD que ilustra la dimensión de los partidos, de todos: “no más pandemias; vota por el PRD”. O sea que votando por el PRD mágicamente se terminarán las epidemias porque los bichos temen a esos políticos. Una cosa es que López Obrador sea una plaga y otra que los partidos manipulen impunemente las pasiones temerosas de los ciudadanos.

Así es, los partidos no han estado a la altura de las circunstancias. Todo es el corto plazo, el día corriente. Nadie reflexiona sobre las causas de la crisis y todos tienen soluciones mágicas para los problemas cotidianos. Y en medio de todo, el modelo priísta de compra de voto: PRI, PAN y PRD regalan dinero y productos para controlar el voto. Y los votantes, sumidos en la penuria, no han hecho más que comercializar su voto.

Así llegaremos al próximo domingo: con la necesidad de votar pero sin expectativas de voto. Mal estará un país en donde el futuro se ve en el pasado priísta que todos condenan pero que ahora fortalecen. El PRD está hundido en el pantano lopezobradorista, el PAN quiere nada más no perder posiciones y el PRI se relame los bigotes por restaurar el viejo régimen.

 

2.- ¿Dónde está el ciudadano? ¿Dónde se ha escondido la ciudadanía? ¿Dónde encontrar a los estadistas? ¿Dónde percibir una puerta de escape de la crisis? ¿Dónde esconder la cabeza?

La mañana del 2 de julio del 2000 comenzó a fluir una ola ciudadana decidida al cambio. La noche de ese 2 de julio, en la celebración panista en el Ángel de la Independencia, una voz rasgó el optimismo de Vicente Fox: “¡no nos falles!” Seis años después el país estaba reventado no por las secuelas del cambio político o por la transición, sino por la decepción. Pero no había de otra: o el viejo PRI o el fundamentalismo de López Obrador o las banderas poco claras de Calderón. Si el voto del 200 fue por el cambio, el del 2006 se definió por el no regreso.

Pero la culpa también es de la ciudadanía. El voto fue asumido como mágico. Los políticos no fueron estadistas. Fox fracasó porque no pudo responder a la expectativa del cambio. Calderón fue más modesto: buscó el empleo pero le vino una tremenda crisis de los Estados Unidos. Ahora el 2009 quiere ser el preludio del 2012: “que se vayan los incompetentes y que regresen los corruptos”. Es decir, optar por el regreso de la transición incumplida. Más vale malo por conocido que bueno por conocer.

Pero que tampoco echen las campanas al vuelo. La fuerza del PRI no responde a un verdadero consenso sino a un voto de resentimiento. El PRI ha crecido en votos porque reconstruyó su control corporativo del vo5to, así como el PAN mantiene sus feudos con recursos públicos y el PRD regala dinero para consolidar simpatías. En los votos no existe, lamentablemente, un comportamiento político. Es más vulgar la cosa: control y dinero. Nada más.

A la transición le falló la construcción de una ciudadanía. No, no hay ciudadanos. Existen votantes. Y los que se enojan, los que le hacen fuchi a todo, van a preferir votar en blanco o anular su voto como un voto de resentimiento, no de mensaje político. Quieren que los políticos sepan que hay una parte de la ciudadanía que desprecia la política. Pero hay que tener cuidado: las sociedades fascistas se construyeron sobre los pilares de una sociedad que odiaba la política y a los políticos. Ese espacio fue usado por los líderes carismáticos para manipular a las masas. Y construyeron sociedades represivas, al servicio de los intereses del gran capital. ¿Hacía allí vamos?

Los extremos se juntan: los que desprecian la política y los que la manipulan. Y en medio, las masas necesitadas de bienestar aunque sea a cambio de votos.

 

3.- ¿Qué falló? La transición. El país fue conducido por el PRI a la orilla del precipicio. Y justo a punto de caer al vacío, la sociedad votó por el cambio. El problema fue que Fox y el PAN no representaban formalmente la alternancia, sino nada más se habían construido una imagen anti PRI. No una propuesta diferente. Fox tuvo la gran oportunidad de apostarle a la transición, pero prefirió la frivolidad de su Marthita. Ahí, en ese momento, el país entró en una zona de incertidumbre.

El PAN sucumbió al control político de Fox. Como partido de oposición, se olvidó de un hecho histórico: panistas fueron importantes constructores de instituciones del régimen priísta. Y en su discurso contra el PRI, el PAN tenía cuando menos una oferta de nuevas formas de ejercicio del poder. Pero a la hora de llegar a la presidencia, el PAN no pudo… o no quiso optar por la verdadera alternancia: la de modelo de desarrollo, la de sistema político, la de régimen de gobierno.

Ahora vienen las quejas. Y las preocupaciones. El equilibrio político que salga del 5 de julio será un monstruo de partes pegadas con las complicidades del poder. Los tres grandes partidos --PRI, PAN y PRD-- van a dividir el país, no a construir un sistema de contrapesos políticos. Lo que ha vivido el país en estos últimos años va a convertirse en definición de fondo: la balcanización de la república. Los gobernadores son virreyes --ahí están los caso concretos de Eduardo Robinson Bours Casteló en Sonora y Marcelo Ebrard en el DF--, a costa de desactivar el federalismo cohesionador.

A pesar de muchas voces que llamaron la atención de 1983 a 1994 de que el único camino de México para eludir el desmoronamiento como nación era avanzar hacia la transición de un nuevo consenso nacional, un nuevo acuerdo político y un nuevo contrato social. Es decir, regresar a la exigencia social del 2000: el cambio político. Pero han pasado casi diez años y el país perdió el rumbo político, extravió el camino social y se metió en el agotamiento económico.

Basta ver --ni siquiera analizar-- las plataformas de campaña de los partidos para percatarse de la mediocridad histórica de quienes tienen la responsabilidad histórica de ver el escenario público en un contexto histórico. Todo se agota en la mezquindad de saber de qué tamaño será la rebanada del pastel presupuestal. No más. No dan para más.

 

4.- La política mexicana da pena ajena. Bueno, en realidad no. Da pena propia. Porque al final de cuentas la política y los políticos son el reflejo de la sociedad. López Obrador, el gran líder de la autodenominada izquierda se redujo a la figura de Juanito. El PAN prefirió convertir al presidente en la imagen del Tlatoani salvador. Y el PRI depende del público de las telenovelas para encumbrar a la mejor figura que tienen. Entre el fundamentalismo y la política telenovelera, el país se ha ido desgajando.

El PRI se sostuvo en el poder en función de un consenso fundamental, astutamente construido, adorado y mantenido: la revolución mexicana. Pero Salinas dio por liquidado ese consenso y no pudo construir otro. Los pilares de oro y plata de la propuesta salinista no pasaron la prueba asocial: el liberalismo social, el Tratado comercial y la privatización. El PRI firmó su sentencia de derrota en 1991, cuando Salinas dio por terminado el ciclo de la revolución mexicana.

El PAN no ha entendido eso de los acuerdos y contratos y gastó su capital político en la figura política deprimente de Fox y Martha. Y ante crisis muy severas, el gobierno de Calderón quiere sólo capear el temporal, no entrarle al desafío de las grandes reformas fundadoras. Ahí ha fallado el PAN y Calderón. El último aviso será el próximo domingo: sea cual sea el resultado y quede donde quede el PAN, el presidente Calderón no tendrá más camino que el de la reforma de fondo del régimen, modelo de desarrollo y sistema o ceder ante la presión de la restauración del viejo régimen.

PRI y PRD van por lo suyo: el primero quiere que le regresen todo el poder, pero sin querer regresarle a la sociedad lo que le quitaron en setenta y un años de abuso de poder. Y el segundo quiere aprovechar el desmembramiento del PRI para quedarse con los priístas y reconstruir el sistema priísta, sólo que ahora bajo el control del fundamentalismo del Caudillo López Obrador. Ninguno de los dos tiene una oferta de modernización o transformaciones políticas. Los dos le apuestan al regreso histórico, aunque sin entender que la sociedad ha cambiado y que, salvo las masas dominadas por el Caudillo, la sociedad ya no se va a dejar.

La política mexicana se encuentra en decadencia. No hay debate, no hay nuevas ideas, no existe reflexión, nadie quiere pensar de más, todos los ojos andan en busca del Caudillo salvador.

 

5.- El proceso electoral del 2009 se puede definir en una palabra: deprimente. La figura patética del panista Germán Martínez Cázares buscando con quien pelear, la imagen jurásica de Beatriz Paredes y su falta de ideas y el grito rencoroso de López Obrador ahora reencarnado en Juanito como la fotografía sin retoques del PRD.

Las salidas no pasan por los partidos sino que siguen anidadas en la sociedad. Pero la sociedad se niega a participar. El voto inutilizado como bandera política revela ciertamente el hartazgo de la sociedad pero también su impotencia. La sociedad no está de acuerdo pero vuelve a voltear la vista hacia otro lado en lugar de exigir participando. Y como es obvio, los Caudillos manipulan a las masas que dependen del gasto social y del bienestar regalado siguen al Flautista del Pronasol con escudos del PRI, del PAN o del PRE.

La salida se encuentra en retomar el sendero de la transición: un nuevo régimen de gobierno, un nuevo sistema político y un nuevo modelo de desarrollo. El país vive los indicios del agotamiento definitivo del viejo modelo de nación, pero no encuentra uno nuevo en el horizonte. ¿Quién debe tomar la iniciativa? Quien decida entrarle de frente a la crisis terminal: el presidente de la república, un partido o un grupo de notables. Pero primero debe definirse la agenda de la transición. Y comenzar de la certeza de que lo peor que le puede ocurrir al país es intentar la restauración del viejo régimen, sea ahora bajo la autoridad del PRI, el PAN o el PRD.

Si no se toma ahora el camino de la transición, el sendero nacional va a llevar a un callejón sin salidas o de nueva cuenta a la orilla del abismo, sólo que sin posibilidades alternativas. La crisis económica, la pobreza, la inseguridad, la soberanía y el regreso de las certezas políticas pasan exclusivamente por --diría Mariano Otero en situación Similar a mediados del siglo XIX-- un acuerdo en lo fundamental. En esos puntos es donde el pensamiento político y social debiera hacer énfasis. México necesita reflexionar su presenta para encontrar salidas al futuro.

 

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