Jueves 4 de junio 2009

 

+ Estados como zonas francas

+ Pedir perdón y no permiso

 

Si las bandas del narcotráfico se han asentado en entidades de la república a partir de la compra de protección política y de la debilidad de gobernadores y alcaldes, la petición de Marcelo Ebrard de acotar la acción federal representó sencillamente la mejor notica para el crimen organizado: libertad para operar sin el acoso federal.

La razón es simple: si las ofensivas de seguridad han demostrado que altos funcionarios estatales y municipales están colaborando con las bandas del narcotráfico, el “respeto” al federalismo se convierte en un cómplice del crimen organizado. El hecho de que gobernadores y alcaldes hayan fracasado en la limpia de policías y éstas sigan sirviendo a los delincuentes es la prueba necesaria para concluir que el gobierno federal ha tomado el camino más sensato: mejor pedir perdón que pedir permiso.

El caso de Michoacán es emblemático: el gobernador Leonel Godoy está mucho más interesado en que el gobierno federal le ofrezca una disculpa que en probar la inocencia de sus colaboradores y jefes policiacos locales. Pero una vez que el presidente Calderón le ofreció algo que a Godoy le sonó como a disculpa, el proceso judicial contra los michoacanos arraigados sigue basado en las acusaciones de que estaban al servicio del narcotráfico. Lo peor que le puede pasar a la lucha contra el crimen organizado es que las autoridades tengan que pedir permiso local, cuando la realidad ha probado que la autonomía política ha beneficiado más al narco que a la seguridad.

A pesar de que el narcotráfico, los secuestros y las actividades del crimen organizado han aumentado a nivel estatal y municipal, gobernadores y alcaldes organizan su fuerza política para ahuyentar a la autoridad federal y no para limpiar sus cuerpos de seguridad pública. Las cifras de inseguridad local señalan el fracaso local en la lucha contra la inseguridad. El PRD michoacano, por ejemplo, ha organizado marchas para exigir la liberación de los detenidos y no para pedirle a la autoridad mayor seguridad. Pero muchas de las marchas son alentadas por las propias bandas del narco.

Las bandas del crimen organizado crecieron y se consolidaron en Michoacán durante los años en los que Godoy fue director de Averiguaciones Previas, subprocurador, procurador y secretario general de gobierno estatal, cargos que le subordinaron los cuerpos policiacos y de seguridad. En el DF aumentaron los secuestros, la corrupción policiaca y el narcotráfico durante la gestión de Godoy como secretario de Seguridad Pública y secretario general de gobierno. Y aún sigue abierta la denuncia en 2007 del entonces presidente estatal del PRD, Cristóbal Arias, de que Godoy estaba ligado al crimen organizado en la entidad.

La ofensiva del crimen organizado en Michoacán creció con la gestión de Godoy como gobernador. Los granadazos del pasado 15 de septiembre del en el zócalo de Morelia y en plena ceremonia del grito de Independencia fueron una evidencia de que el narcotráfico operaba con absoluta impunidad. Y La Familia se fortaleció en los meses de Godoy como mandatario estatal.

En el DF, entidad gobernada por el portavoz de los gobernadores perredistas, el narcotráfico ha sentado sus reales: proliferación de narcotienditas, guerra de bandas por las zonas de consumo, corrupción policiaca para el transporte y almacenamiento y zonas francas del narco en Tepito, Iztapalapa Cuauhtémoc. La bandera de la legalización del consumo de droga es correlativa a la presencia dominante del narco. Y no se olvida que Santiago Tapia,  jefe policiaco capitalino cuando Manuel Camacho era regente y Ebrard su responsable político, dejó escapar a El Chapo Guzmán a cambio de decenas de miles de dólares. Tapia fue sentenciado por colaborar con el narco cuando fue jefe de policía en el DF.

Más como virreinatos que como parte de un pacto federal, las entidades del país son zonas francas de la delincuencia por la incapacidad de la autoridad local. Las últimas cifras de la inseguridad en el DF exhiben el fracaso de Ebrard en seguridad pública, aún desde que fue un fallido jefe policiaco y luego de haber sido cesado por incompetente por Fox,  aunque hoy aparezca como el funcionario más bravo y exigente ante la autoridad federal.

--Las violaciones aumentaron de 3.67 diarias en 2007 a 4 en el primer trimestre del 2009.

--El robo a transeúnte subió de 34 al día en 2007 a 41.7 en 2009.

--El robo en Taxi, con todo y los operativos que inventa cada tiempo Ebrard para el “taxi seguro”, crecieron de 3.6 al día en 2007 a 3.9 en 2009.

--El asalto en microbuses, a pesar de aquella decisión de poner policías en cada micro, subieron de 4 al día en 2007 a casi 7 en el 2009.

--El robo de vehículo aumentó de 74 diarios en 2007 a casi 76 en 2009.

--El robo con violencia a casas creció de 1.4 en 2007 a 1.8 en 2008. Y el robo con violencia a negocios aumentó de 12 en 2007 a 13.4 en 2009.

Lo grave de todo es que las cifras de inseguridad son más altas de las detectadas en agosto de 2008, cuando estalló la protesta en el DF por el secuestro y asesinato del joven Fernando Martí. Y el Ebrard enfurecido el martes pasado en la reunión de seguridad pública olvidó que fue él quien aceptó el desafío del empresario Alejandro Martí de que los funcionarios renunciaran si no podían con la inseguridad. “Yo sí acepto el reto, Alejandro”, dijo Ebrard. La inseguridad ha crecido y Ebrard no ha renunciado. Peor aún: ya se ve a sí mismo como presidente de la república.

 

www.indicadorpolitico.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

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