Martes 9 de junio 2009

 

+ Antivoto: táctica, no daño

+ Crisis del voto útil-inútil

 

La polémica en torno a la anulación del voto, la abstención o el voto en blanco no es más que una forma de reciclar el voto útil aunque ahora con la intención de inutilizar la ventaja del voto.

En el fondo, el debate sobre el voto en blanco o la anulación se ha convertido en el principal alegato del fracaso de la alternancia partidista en la presidencia de la república. Los partidos se han dedicado a tratar de recuperar sus espacios de poder y no a pactar la fundación de nuevas instituciones y nuevas reglas del juego.

Pero al mismo tiempo, las evidencias concluyen también el fracaso de la sociedad por sí misma, en tanto que confundió la alternancia como la nueva democracia. Lo grave todo es que la falta de resultados panistas en apenas nueve años ha orillado a la sociedad a votar en encuestas el regreso del PRI al poder que detento durante 71 años, aunque con el dato importante de que esa misma sociedad le dio al PAN el voto presidencial pero no la mayoría legislativa.

Por tanto, el debate sobre el voto en blanco-nulo-abstención revela la crisis de la transición política, el nivel de incompetencia de los partidos y sobre todo la existencia de un sistema político-electoral marcado por el reparto de ínsulas de poder. El PAN perdió la oportunidad de ciudadanizar la política y ahora pagará las consecuencias. La alternancia partidista en la presidencia de la república no pudo transformarse en transición a la democracia y en la construcción de un nuevo régimen político. Entre la frivolidad de Vicente Fox y el fundamentalismo de López Obrador, el país quedó atrapado en las arenas movedizas de la incapacidad política para construir una salida hacia adelante.

La organización de sitios internet y de grupos contra el voto no refleja el sentimiento de la sociedad sino más bien la creación de nuevas parcelas de poder. Pero sobre todo, ilustra el fracaso de la transición: el PAN ha carecido de una propuesta de transformación institucional, el PRI se ha dedicado a impedir modificaciones en el sistema político y el PRD no quiere más que apostarle a un caudillismo tropical.

Al final de cuentas, el voto en blanco, la abstención y el voto nulo serían una expresión del México conservador, la movilización de la parte social que se ha opuesto tradicionalmente a las transformaciones políticas y un posicionamiento inmovilizador que a la larga tenderá a beneficiar al PRI. La manipulación del voto va de la mano con el aumento de las tendencias electorales del PRI para convertirse nuevamente en la primera fuerza y regresar a la presidencia en el 2012 para restaurar el viejo régimen al grito de “que regresen los corruptos”.

Una encuesta realizada para Indicador Político por la empresa Prospecta Consulting, dirigida por el doctor Rafael Abascal, revela que el 68% de los ciudadanos no está interesado en las campañas, el 80% plantea la inutilidad de los spots y el 81% afirma que campañas y spots no han definido su sentido del voto. Asimismo, concluye que un 33.8% de ciudadanos se negará a votar, un 31.7% dice que es probable y sólo un 28.9% aseguró su presencia en las urnas.

Sobre un padrón de 73.7 millones de electores, sólo irán a las urnas 21.3 millones. Y de ellos, alrededor del 12.3% de votantes probables afirma que anulará su voto, algo así como 2.6 millones de ciudadanos. Es decir, que probablemente alrededor de 19 millones de ciudadanos emitirán su voto, un cuarto del total de los empadronados o poco más de una décima parte del total der la población. Lo malo de todo es que ejercerá el poder el que gane más votos de los pocos que se emitirán. Y como el sistema político mexicano nunca se preocupó por la legitimidad sino por la legalidad, entonces una minoría seguirá gobernando a la mayoría. Pero en el entendido de que la mayoría se habrá negado a ejercer su fuerza.

El colapso del sistema electoral enfrentará un grave dilema el lunes 6 de julio: apostarle a una gran reforma política que construya nuevas instituciones y una nueva legalidad política y electoral o continuar por el camino de la falta de entendimiento político entre las fuerzas dominantes para no perder parcelas de poder. Por lo pronto, el resultado electoral, de acuerdo con la encuesta de Prospecta Consulting --www.grupotransicion.com.mx-- dará cuenta de los partidos chicos, regresando al país a una tercia de partidos dominantes: PAN, PRI y PRD y probablemente el Partido Verde como consecuencia de su campaña por la pena de muerte, aunque al final ésta no sea votada por la mayoría.

El mensaje de fondo del debate por el voto nulo, la abstención o el voto en blanco va a ayudar también al PAN si aleja a los votantes útiles de las urnas o al PRI si consolida su estructura territorial de acarreo del voto. Pero en última instancia, en nada beneficiará a la democracia porque sólo revelaría una disputa por los votantes. Los abstencionistas, para colmo, carecen de instancias para pugnar por reformas democráticas y al final se quedarían como legitimadores de partidos ajenos a la transición a la democracia.

Por tanto, el voto en blanco, la abstención o el voto nulo serían formas de debilitar la democracia, cuando lo que le urge al país es un acuerdo plural por la transición real a la democracia.

 

www.indicadorpolitico.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

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