Miércoles 1 de julio 2009

 

+ Regresar poder a ciudadano

+ Electores votarían en ALDF

 

A Emmanuel Carballo, pilar de la literatura mexicana

desde la crítica, por la Medalla de Oro de Bellas Artes

 

Si el filósofo Julián Marías sentó la tesis central de que la transición española buscaba “regresarle España a los españoles” a través de las elecciones, entre todo el ruido electoral mexicano hubo una propuesta inteligente justamente para retornarle el sufragio del ciudadano.

El candidato del PRI a asambleísta por el IX distrito de la Miguel Hidalgo, Alejandro Capdevielle Flores, suscribió un compromiso formal con los electores de su zona para darle un valor útil a su sufragio: consultar en asambleas populares con los ciudadanos cuál debería ser su voto como legislador sobre las iniciativas. Con ello, el asambleísta no votará por la libre sino que serán los ciudadanos los que decidirán el voto de su legislador y ya no votarán el partido o los poderes fácticos.

De esa manera, la propuesta de Capdevielle Flores convertirá a los ciudadanos del IX distrito en los verdaderos legisladores, tanto en los votos sobre leyes como en las iniciativas que deberán de ser también consultadas y avaladas por los ciudadanos. Hasta ahora, los legisladores dicen representar al pueblo, pero votan las iniciativas sin aclarar las razones ni los intereses y siempre por orden de su partido.

La propuesta de Capdevielle Flores ha desnudado uno de los fracasos de los legisladores: deciden votaciones en función de intereses oscuros. Por ejemplo, el radical senador perredista Pablo Gómez Alvarez votó a favor de la Ley Televisa sin haberla leído. Los legisladores han pasado de la dependencia absoluta del presidente de la república a la sumisión a los intereses del partido al que pertenecen al votar en bloque. Por tanto, la condición de representantes populares se perdió para convertir a los legisladores en miembros de una estructura corporativa de los partidos que exige la disciplina como prioridad y no el respeto a los electores.

Hay casos que fueron la excepción. En la segunda mitad del gobierno de Zedillo, el voto priísta a favor del Fobaproa-Ipab fue impuesto por el presidente de la república. Los priístas hubieron de representar los intereses del poder, no los del pueblo. Sin embargo, el diputado aguascalentense Oscar González desentonó: por la importancia de su voto decidió consultar a sus electores cuál debería ser su voto. Hizo reuniones públicas en su distrito y sus electores le ordenaron votar en contra de la iniciativa de Zedillo.

El entonces líder de la bancada priísta, el hoy perredista Arturo Núñez Jiménez, hizo lo imposible para convencer al senador González que los intereses de Zedillo y del PRI estaban por encima de los del pueblo y de los electores. Pero González ya tenía el mandato de sus electores y votó contra el Fobaproa-Ipoab. Pero como buen pastor priísta, Núñez Jiménez castigó severamente al diputado aguascalentense por su rebeldía, le quitó comisiones y lo marginó de las actividades legislativas. Hoy, por cierto, Núñez Jiménez se dice demócrata y milita en el PRD y en la tribu de López Obrador.

De ahí la importancia del compromiso del candidato priísta Capdevielle Flores: su voto en la Asamblea Legislativa será consultado y decidido por los electores, no por el jefe de la bancada, el PRI o los intereses oscuros que deciden las votaciones de los diputados. A ello ha agregado el compromiso de que los electores van a proponer iniciativas que llevarán la firma de los ciudadanos. Con ello pondría en marcha una demanda hasta ahora no asumida por los legisladores: la iniciativa popular.

La clave para regresarle al ciudadano el poder legislativo consiste en romper las estructuras de dependencia, un vicio inventado por PRI --pero mantenido por todos los partidos-- y vigente en estados y en las cámaras federales donde los coordinadores ponen la “disciplina de partido” por encima de los compromisos con los electores. El presidente de la república y hoy los gobernadores deciden listas de candidatos y por tanto la lealtad de los legisladores es hacia el titular del ejecutivo, no con el ciudadano que vota. La estructura de poder del legislativo se ha mantenido invariable porque representa la hegemonía de los grupos legislativos sobre las decisiones de las dos cámaras. Los votos que se emiten no defienden los intereses de sus electores sino las complicidades de poder.

Ahí es donde se ha visto la inutilidad del voto porque se rompe el compromiso con los votantes. Pero ahí también existen iniciativas --como la del candidato priísta a asambleísta Capdevielle Flores--, quien ya firmó el compromiso con sus electores: su voto sobre iniciativas será decidido por sus electores. Al final, los partidos deben ser el canal de participación en cargos de elección popular y no una estructura autónoma y dominante de poder.

El día en que los legisladores voten en las cámaras en función de los intereses de sus electores, ese día la política habrá regresado el poder al ciudadano. Lo malo es que, como en el caso del priísta-salinista-zedillista-perredista-lopezobradorista Arturo Núñez Jiménez, los intereses del partido en votos en bloque han castrado la autonomía de los legisladores y han roto los compromisos del legislador con sus electores.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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