Jueves 30 de julio 2009

+ Salinas: el eterno retorno

+ Priístas, víctimas del chip

 

De manera nada silenciosa pero demasiado persistente, el ex presidente Carlos Salinas de Gortari ha comenzado a operar hacia el interior del PRI para colocar sus piezas en los mandos de la próxima bancada priísta en la cámara de diputados. Hasta ahora, Salinas no ha mostrado alguna preferencia por alguien para la candidatura presidencial, pero ha dejado claro que la bancada del tricolor debe decidir desde el congreso.

Salinas ha sido el presidente de la república priísta que más daños ha causado al PRI, pero paradójicamente hoy aparece como el priísta de mayor influencia política dentro del partido. A su favor, dicen expertos priístas, ha corrido el hecho de que los militantes del tricolor tienen injertado un chip cibernético que los hace dóciles a las tradiciones. Y una de ellas es el de los ex presidentes de la república como fuentes de poder político.

La intención de Salinas es convertirse en el Plutarco Elías Calles del PRI, una especie de jefe máximo del partido. Pero conocedor de sus limitaciones, Salinas no aparece nada más interesado en poner candidatos sino en controlar liderazgos. Su objetivo final se localiza en convencer al PRI que el único camino de regreso del PRI al poder radica en la apropiación de la política anticrisis en función del modelo de desarrollo derivado del tratado de comercio libre con los Estados Unidos.

Salinas ha basado su regreso al poder priísta y desde luego al poder presidencial en función del llamado proyecto salinista de desarrollo. La historia de ese modelo se cuenta en el libro El regreso del PRI (y de Carlos Salinas de Gortari), escrito por el autor de Indicador Político y publicado por Editorial Planeta. En el libro, aparecido un mes antes de las elecciones del 5 de julio, se perfilaron datos suficientes para acreditar el regreso del PRI justamente al carácter de la crisis y al mal manejo económico de los gobiernos panistas.

Pero también se señala uno de los factores de fuerza del proyecto salinista: una generación de funcionarios, políticos y gobernantes cincelados por Salinas al calor de su gran reforma del modelo de desarrollo. De la mano de Manuel Camacho Solís y Joseph-Marie Córdoba Montoya y con el apoyo político de Luis Donaldo Colosio, Salinas dio por terminado el modelo de desarrollo estabilizador-compartido-estabilizador y condujo al país, con las reformas votadas por priístas, hacia el modelo del desarrollo globalizador, una mezcla de neoliberalismo y populismo.

La crisis actual es producto justamente de los expedientes abiertos del modelo salinista de desarrollo. Zedillo y los gobiernos panistas se han negado a replantear ese modelo para ajustarlo a las nuevas realidades, pero sobre todo para resolver las deficiencias heredadas de los ajustes salinistas. A la vuelta de los años, el modelo de desarrollo derivado del tratado comercial para la globalización es insuficiente para retomar el desarrollo porque Salinas no rompió las cadenas populistas del viejo modelo priísta. Salinas logró cancelar el discurso de la revolución mexicana, privatizar el ejido y liquidar al Estado, pero dejó pendiente la reforma política en el PRI. Ahí se refugiaron los viejos populistas y estatistas que hoy quieren regresar al PRI cardenista o ya se refugiaron en el PRD de López Obrador.

La tarea de Salinas en el PRI se orienta a convertirse en el Padrino de los nuevos liderazgos, pero también apoderarse de posiciones de decisión que tengan que ver con la continuidad de su modelo de desarrollo. Y lo hace desde todas las posiciones: en los gobiernos panistas no ha existido una búsqueda de un modelo propio y en el perredismo se encuentran los principales arquitectos del proyecto salinista y han convencido a López Obrador diseñar un proyecto populista que es una mezcla del cardenismo, el delamadridismo y sobre todo el salinismo.

Pero la estrategia de Salinas depende de su control del PRI y de sus instancias de poder. Porque el PRI se quedó sin ideas y sin proyecto, además de perder su capacidad programática por las pugnas internas. De ahí que la intención de Salinas sea controlar desde ahora el aparato político del PRI y acunar al próximo candidato presidencial para dotarlo de un proyecto de gobierno derivado del modelo salinista de desarrollo. La orfandad de ideas, de propuestas y de calidad intelectual en el PRI ha contribuido a fortalecer los espacios para Salinas en el partido.

Los fracasos priístas en el 2000 y el 2006 fueron producto de pugnas internas por la ausencia de una autoridad superior en el partido: Zedillo se alejó del partido y el primer sexenio del PRI fuera de la presidencia provocó choques de tribus. Rumbo al 2012 se percibe un PRI con aparato electoral, pero sin aparato político y de gobierno. Ahí es donde Salinas ha logrado reactivar el chip de los priístas que miran a Salinas con autoridad de ex presidente, con poder y recursos y sobre todo con una propuesta de política de desarrollo que el PRI carece.

Lo malo para Salinas son sus pasivos: dejó al PRI sin historia, abandonó a Colosio, lleva la marca de los crímenes y el colapso de 1994, su ambición de poder hundió al país, hizo perder autoridad moral al PRI y dejó sumido al país en la peor crisis política de su historia. La esperanza de Salinas se aferra al chip del autoritarismo que tienen los priístas, aunque el México de ahora ya no es el México de Salinas.

 

www.indicadorpolitico.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

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