Lunes 30 de marzo 2009


+ Hillary: mala noticia de Obama

+ Narcodiplomacia, no desarrollo

 

Cuando George W. Bush gobernaba el mundo, sus mensajes llevaban el mensaje de la amenaza. Con Barack Obama llegan con la sonrisa del glamur. Sin embargo, la intención es la misma: la Casa Blanca como el centro del poder imperial que quiere recuperar el dominio del mundo.

La mala notica que trajo con sonrisas la señora Hillary Clinton fue la definición de las relaciones bilaterales en función del narcotráfico. Pocos se percataron que la secretaria norteamericana de Estado se apoderó del control de la relación con México. Y su agenda no pasó más allá del narcotráfico, la inseguridad y la violencia. Nada habló del desarrollo ni de otra agenda.

Ciertamente que Clinton reconoció el consumo dentro de los EU, pero sus ofertas fueron menores. La señora Clinton dejó muy claro que el problema de las drogas el problema comienza de la frontera del Río Bravo al sur y no al norte. Así se lo dejó ver a los pasmados canadienses la secretaria de Seguridad Territorial, Janet Napolitano, al señalar que las relaciones con Canadá serían determinadas por el factor frontera.

En este contexto, la señora Clinton vino a México a señalar que no habrá diferencia entre Obama y Bush. Los EU nada van a hacer con los tres problemas domésticos que estimulan el narcotráfico: el consumo libre, la venta de armas apoyados en la Segunda Enmienda y en las presiones de la Asociación Nacional del Rifle y el control de los dineros de las mafias dentro del sistema financiero estadunidense.

En su visita y con sonrisas que explotan su carisma artificial, la señora Clinton estableció con claridad las responsabilidades de México en la violencia del narco. Sus exigencias a combatir aquí la corrupción policiaca y judicial fueron poco diplomáticas porque implicaron no sólo la intervención extranjera en asuntos mexicanos sino el desconocimiento de la tarea del ejército en la lucha contra las mafias.

En este contexto, nada dijo la señora Clinton del papel negativo de las policías y autoridades judiciales de los EU en el auge del consumo de drogas. En las calles de cualquier ciudad estadunidense y sobre todo en las zonas francas donde el gobierno de los EU ha perdido el control la venta de drogas es abierta porque se apoya en las garantías civiles de consumir y comprar y en algunos lados en la legalización de la droga. Todavía en los alrededores de la Casa Blanca, en Washington D.C., se vende la droga abiertamente a los consumidores.

La señora Clinton reconoció el papel del consumo pero a nada se comprometió para combatir la compra de droga al menudeo en su país. Por tanto, los EU quieren que México siga profundizando la lucha contra la droga y las mafias pero sin aportar alguna disminución sensible en el consumo. No se necesita ser economista para conocer una de las reglas de oro de la producción: la demanda determina la oferta.

La visita de la señora Clinton tuvo el objetivo de limar las asperezas en la relación pero no cambiar el enfoque imperial. Debe de entenderse que se trata de un juego de poder bastante conocido: los EU lanzan a su jauría radical a criticar a México para arrinconarlo y luego viene alguien a medio disculparse pero a refrendar el mensaje original: el gobierno de Obama, como el de Bush y los anteriores, considera que el problema del narcotráfico es de oferta y no de demanda. Y culpan a México.

Los estilos de la señora Clinton son de sobra conocidos. No hay que olvidar aquella escena previa al Supermartes en las que derramó lágrimas de cocodrilo, falsas, para sacar a las mujeres a votar y darse un respiro en la derrota que le estaba aplicando Obama. También debe entenderse la redefinición de los papeles: el Departamento norteamericano de Estado no fija las relaciones diplomáticas sino que su tarea estará marcada por la prioridad del narcotráfico.

De ahí que haya que esperar poco, casi nada, de la próxima visita del presidente Obama. El nuevo gobierno de los EU tenía la gran oportunidad de fijar una nueva relación diplomática y de intereses conjuntos con México pero decidió darle peso definitivo a lo policiaco. Por tanto, las relaciones bilaterales serán de barandilla, de ministerio público. Y si el motivador más importante en zonas campesinas para aliarse al narcotráfico es la pobreza y el desempleo, nada ha pensado Obama para llevar a México a compromisos de desarrollo. El enfoque policiaco de Obama y Clinton deben ser rechazados por México.

Lo que le queda a México es exigirle a Obama y a Clinton una nueva definición del tema del narco que comience por la necesidad de que los Estados Unidos asuman decisiones serias en materia de consumo, venta de armas y lavado de narcodólares. Si la Casa Blanca no se compromete a fondo con estos temas, entonces el esfuerzo de México tendrá resultados menores.

El gobierno de Obama prometió muchos cambios pero ha resultado una continuidad del viejo modelo imperial. El presidente Obama no ha podido romper las redes de poder que dominan y gobiernan a los EU. Por eso es que su salida sea nada más el manejo mediático de un discurso renovador pero para fortalecer las viejas estructuras de dominación que controlan las decisiones de poder en los EU.

La señora Clinton fue la cara sonriente de la continuidad en México del modelo diplomático de George W. Bush.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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