Martes 31 de marzo 2009


+ Colapso: efecto hamburguesa

+ Obama como Alicia de Carroll

Los países capitalistas se reúnen y asumen las exigencias de la izquierda. Los países progresistas se juntan… y pugnan  por soluciones capitalistas. Y en medio de aclamaciones, el presidente de los Estados Unidos regresa al paradigma económico de Lewis Carroll en Alicia en el país de las maravillas.

En lugar de encontrar una solución al problema de la crisis económica internacional que comenzó en los EU, el presidente Obama estará esta semana en Europa con el Grupo de los 20 para explicarles a los países víctimas de la crisis económica que comenzó a los EU que ellos tendrán que pagar su cuotas de pasividad.

Pero los países afectados se olvidan de lo ocurrido en el pasado, sobre todo en la gran depresión de los treinta. En su discurso de toma de posesión como presidente, Franklin Delano Roosevelt explicó que la crisis requería de dos salvavidas contra el “retorno de los demonios del viejo orden”: una más estricta supervisión de todos los bancos e instituciones de crédito y el fin de la especulación con “el dinero del pueblo”. Lo malo es que Obama ha demostrado no ser el Roosevelt que todos esperaban.

Porque Roosevelt fue un severo crítico de la política económica de los EU que se aprovechaba de su poder para salvarse a sí mismo dañando a los demás países. En un discurso de campaña de agosto de 1932, Roosevelt destacó la advertencia del sistema de la reserva federal en 1929 en el sentido de que la “especulación había sido salvaje y que el país tendría que pagar por ello”. Y que la Fed hizo nada para atender los nubarrones de la crisis.

En su discurso, Roosevelt hace una parodia de la crisis económica de entonces con los protagonistas como la historia de Alicia en el país de las maravillas. “Alicia se miró en el espejo de la nueva economía”: crecer a costa de los extranjeros. “Los caballeros blancos tenían grandes esquemas de ventas limitadas en mercados extranjeros y descontaron los diez años siguientes”. Las casas de asistencia a pobres iban a desaparecer como el gato Cheshire. “Un Sombrerero Loco invitaba a todos a tener algo de más beneficios, pero no había beneficios más que en el papel”.

Y Roosevelt jugó con el error de los EU aplicados a los personajes de Alicia de Lewis Carroll:

--¿La impresión y venta de más bonos, los edificios con más pisos y el aumento de eficiencia no producen más artículos que los que ellos pueden comprar? --preguntó Alicia.

--¡No! --gritó Humpty Dumpty--. Mientras más producimos, más podemos comprar.

--¿Y si producimos en exceso?

--Oh, nosotros podemos vendérselos a los consumidores extranjeros.

--¿Cómo pueden los extranjeros pagar eso?

--Porque nosotros les prestaremos el dinero.

--Ya veo --dijo Alicia--. Ellos comprarán nuestra sobreproducción con nuestro dinero. Por supuesto, esos extranjeros nos pagarán vendiéndonos sus mercancías.

--No, en absoluto --dijo Humpty Dumpty--. Porque fijamos una pared alta llamada tarifa (arancelaria) Hawley Smoot.

--¿Y cómo harán los extranjeros para pagar esos préstamos?

--Es fácil: ¿alguna vez has escuchado de la moratoria?

Obama llegará a G-20 para trasladarle a las naciones extranjeras el costo de la recuperación interna de los EU. Por lo pronto, a Obama le costará mucho esfuerzo personal y tendrá que quemar capital político explicar su salida de la crisis a través de la libre emisión de dinero y un déficit presupuestal de 14% que obligará a los EU a financiar su recuperación con inflación, pero a costa de inundar la economía con dólares sin respaldo productivo.

Lo malo de todo es que nadie parece tener una salida real de la crisis: los países capitalistas quieren meterse como socios en las corporaciones con problemas, en tanto que los países progresistas buscan salvar al capitalismo. En las calles, las masas salen con letreros de que “el capitalismo no está funcionando”, pero con evidencias de que el socialismo fracasó y el populismo de Estado quedó anclado en la corrupción y en la manipulación del gasto público para eternizar a grupos en el poder.

La reunión esta semana del Grupo de los 20 volverá a ignorar el tema central de la pasada reunión en Washington con George W. Bush aún en la Casa Blanca: la regulación las instituciones financieras pero sin interferir en sus decisiones de mercado, consolidar el mercado pero con efectos de estabilidad social vía empleo y salarios y reconocer el fin de las corporaciones empresariales accionarias eminentemente capitalistas. Pero todo ello llevará a la conclusión de que el sistema capitalista especulativo-bursátil terminó su ciclo, pero nadie quiere darle sepultura.

El problema de fondo se localiza en encontrar el punto clave de la supervisión estatal de los mercados pero sin inhibir el funcionamiento de las empresas. Obama maneja ya directamente grandes corporaciones empresariales --la General Motors GM se conoce como la Government Motors-- y algunos países han optado por que el mercado se controle a sí mismo. Lo malo es que Obama carece de una propuesta concreta para salir de la crisis y ha centrado sus objetivos en defender a sus consumidores que cayeron en la trampa de la especulación, en tanto que gobiernos progresistas no saben dónde se encuentra la puerta de salida de la crisis.

 

www.indicadorpolitico.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

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