Jueves 14 de mayo 2009

 

+ Fidel, un pésimo columnista

+ Cuba: dictadura periodística

 

Si la credibilidad de un columnista político radica en la certeza de los hechos que publica, Fidel Castro acaba de demostrar que no es un columnista político sino un político calumnista. Peor aún, el arterioesclerótico dictador reveló que lo que “pasa por su mente” es el cucú de la influenza moral.

Dispuesto a sabotear todo lo que pueda llevar a Cuba a la normalidad internacional, Fidel Castro dio elementos para concluir que es un comentarista bastante malo, deficiente, desinformado, desinformador y malévolo. El temor de Cuba es su realidad: el pavor a pandemias que revelen la pobreza de los cubanos, la ineficacia de su medicina y la dictadura criminal sobre sus ciudadanos.

Pero lo más grave del columnista Fidel es el hecho de desconocer la información. Y ello a pesar de que Fidel usa lo que niega a los cubanos: el acceso a la información, pues acaba de cerrar las puertas al internet para refundar su Camelot tropical. Una ligera investigación periodística probaría las mentiras del columnista Castro.

Barack Obama salió de México el jueves 16 de abril. El viernes 17, la Secretaría de Salud ofreció una conferencia de prensa para anunciar la aplicación de una “alerta” especial por brotes de influenza. Hasta ese día, los datos científicos hablaban de una secuela de la influenza estacional, que hipotéticamente habría terminado a finales de febrero. Varios diarios recogieron la información de la SSA y la incluyeron en la edición del sábado 18, aunque en páginas interiores.

Hasta ese momento nadie sabía que se trataba de un nuevo tipo de influenza. Las autoridades sanitarias comenzaron a recoger la información sobre los casos y algunos de ellos fueron remitidos a Canadá, donde se localiza uno de los laboratorios más sofisticados. El miércoles 22, el periódico Reforma regresó sobre la información de la SSA y apuntaló la versión de un brote de influenza. El jueves 23 al caer la tarde llegaron a la SSA los resultados del laboratorio de Canadá sobre una nueva expresión de la “influenza porcina”.

A las cinco y media de la tarde cambió el panorama. No era una secuela de la influenza estacional --que por cierto provoca una media de 20 mil muertes al año en todo el país-- sino de una variación procedente del puerco. Días después se supo que tampoco era influenza porcina sino humana y que se trataba de un nuevo virus hasta ese momento desconocido.

Por tanto, el político-columnista Fidel Castro --que gobierna dictatorialmente desde las páginas del Granma, que encarcela a los periodistas que quieren practicar su libertad de pensar y escribir y que ejerce el poder por encima de su hermano coronado en sucesión monárquica-- se ha dedicado a desinformar a los de por sí desinformados cubanos que no tienen acceso al mundo más que a través de los soporíferos y manipuladores textos de Fidel Castro. La tergiversación de hechos que hace Fidel para llevar agua a su molino instalado en una silla de ruedas se convierte en percepción oficial para los cubanos.

La acusación de Castro de que México ocultó la epidemia de influenza por la visita a México de Obama carece de fundamento informativo y se convierte en un panfleto estaliniano de una dictadura. Fidel había manipulado los hechos políticos para prácticamente obligar a México a visitar La Habana y rendir pleitesía al gobierno dictatorial de los hermanos Castro. La decisión del presidente Calderón de posponer la visita porque el gobierno castrista había suspendido los vuelos de México y hacia México develó los juegos perversos de Fidel Castro.

Al final de cuentas, Fidel demostró que no desea una normalización de relaciones diplomáticas con México. Y México siguió acumulando datos de que Fidel anhela el regreso del PRI al poder en México --a través del PRI o con López Obrador asociado a los más conspicuos priístas-salinistas--. Fidel no ha podido ascender a Cuba a una nación y la quiere seguir manteniendo como una granja orwelliana bajo dominación autoritaria y represiva.

La alternancia partidista en la presidencia de México llevó a una redefinición de las relaciones entre México y Cuba. La doctrina de la coincidencia revolucionaria que explotó Fidel para obtener la complicidad del PRI se agotó en el 2000. El PAN aplicó lo que se conoció como la doctrina Castañeda, definida por el canciller Jorge G. Castañeda: dar por terminada la relación diplomática de México con la revolución cubana y comenzar la relación madura de México con el Estado cubano. Pero Fidel Castro no ha podido trascender su propio pasado y ha tratado de mantener su menguado liderazgo estancando a Cuba en la lógica de la revolución cubana, pero a costa de mantenerla a flote por la vía de la represión.

La columna de Fidel Castro del lunes no iba dirigida a México ni a los mexicanos sino que era de lectura exclusivamente interna. De nuevo el modelo de control social de Castro: reiterar que Cuba es acosada por el exterior y con ello clamar la unidad interna autoritaria bajo su puño.

Lo malo, sin embargo, es que Castro utiliza la columna política como única vía de comunicación entre su arterioesclerosis mental, política e ideológica con un pueblo cubano empobrecido y aislado del mundo. Mal le debe ir a los cubanos si su conocimiento del mundo pasa por un columnista político que usa el periodismo para cerrar más los ojos a los cubanos.

Lo peor de todo es que Fidel demostró que es un mal columnista porque manipula la información para beneficiar a su familia en el poder.

 

www.indicadorpolitico.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

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