Viernes 15 de mayo 2009

 

+ CSG: la corrupción somos todos

+ “Manos sucias, hasta los codos”

 

“¿Echas de menos la sangre?”

“¡Cómo te importa tu pureza! ¿Qué

miedo tienes a ensuciarte las manos!”

Las manos sucias, Jean Paul Sartre

 

La crisis dentro del PRI que provocó la declaración del ex presidente Miguel de la Madrid escaló una posición. Ya no se trata de afirmaciones de una persona acusada, inclusive por su familia, de senil, sino de la decisión del ex presidente Carlos Salinas de abrir la cloaca de la corrupción en su sexenio.

El debate ya no pasa por De la Madrid. En una carta a la periodista Carmen Aristegui, el ex presidente Salinas amenaza con destapar la Caja de Pandora de la corrupción en la cuenta secreta del presidente de la república en el sexenio 1988-1994.  Salinas afirma que dinero de la partida secreta se entregó a “servidores y ex servidores públicos, intelectuales, partidos, personajes nacionales e internacionales, dirigentes, legisladores, entre otros”.

Salinas dio un paso audaz. Muy a su estilo, decidió una fuga hacia delante. Si se robó, como dijeron Luis Téllez y Miguel de la Madrid, la mitad de la cuenta secreta, ahora se sabe que ese dinero también se distribuyó entre sus aliados. Pero hay una parte bastante grave. Astuto hasta la ignominia, Salinas hizo firmar recibos a todos los que recibieron bonos de la cuenta secreta a lo largo del sexenio. Por eso Salinas hace suya una frase que se acuñó en tiempos de López Portillo: “la corrupción somos todos”. Y si con López Portillo fue un reclamo, Salinas manda el mensaje de que efectivamente en su sexenio la corrupción fue de complicidades.

Ahora lo que falta es que Salinas ya no busque complicidades de la corrupción sino que abra la cloaca de la corrupción en su sexenio. Y que en aras de aclarar las acusaciones de Miguel de la Madrid, Salinas le ponga nombres y apellidos a los “servidores y ex servidores públicos, intelectuales, partidos, personajes nacionales e internacionales, dirigentes, legisladores, entre otros”.

Salinas parece decidido a hundirse con todos sus cómplices. La amenaza ha puesto nerviosos a más de uno. En su carta a Carmen Aristegui, Salinas no asume una condición senil sino que desde la fortaleza de su serenidad amenaza a cómplices con llamarlos a cuentas ante la sociedad. Si se hunde él, se hunden todos. La amenaza es más que clara:

“Todo esto (la cuenta secreta) ha sido reportado con detalle y publicado. Si se pretende cumplir la responsabilidad con su auditorio y contribuir a un debate informado, sería conveniente que se recurriera a fuentes documentales y se obtuvieran opiniones de personas con el conocimiento directo de los hechos y sin incurrir en abusos de las circunstancias clínicas de los declarantes”.

Es decir, Salinas conmina a los beneficiarios de la cuenta secreta a dar la cara y asumir su corresponsabilidad en la corrupción denunciada por el ex presidente De la Madrid. Pero como ocurrió con las revelaciones de Carlos Ahumada Kurtz, ahora todos gritan “¡al ladrón” para ocultar su participación. La advertencia de Salinas es inusual: aquéllos que se quieran rasgar las vestiduras acusando a Salinas de corrupto, deben de correr el riesgo de que el propio Salinas distribuya a la prensa los recibos firmados al recibir dinero no declarado de la cuenta secreta.

La partida secreta fue la caja chica del salpicadero salinista. Salinas distribuyó dinero de esa partida pero guardando las pruebas. Y puede haber muchas sorpresas. Por ejemplo, la cuenta secreta distribuyó fondos entre algunos conspicuos salinistas que hoy se rasgan las vestiduras al lado de Andrés Manuel López Obrador. De la partida secreta salió dinero que Manuel Camacho y Marcelo Ebrard dieron a López Obrador en 1993 para levantar su plantón de septiembre. Fue dinero en efectivo, entregado a un enviado de López Obrador en casa de un colaborador de Camacho.

El efecto de las revelaciones de Ahumada Kurtz y de las declaraciones de De la Madrid está hundiendo al PRI en el pantano de su pasado. Los priístas corrieron a silenciar a De la Madrid, en lugar de deslindarse de Salinas. La forma en que los priístas acuerparon a Salinas fue muy al estilo de la mafia siciliana: proteger al Padrino mayor, a costa de mostrar con esas actitudes la confirmación de hechos. Salinas y los priístas tenía elementos jurídicos para disminuir el efecto de las declaraciones de de la Madrid, pero prefirieron tacharlo de loco que abrirse ante la sociedad. Hay datos de que prominentes políticos priístas de hoy también están en la lista de sobornos/premios/apoyos de la cuenta secreta presidencial de Salinas.

El PRI perdió la oportunidad política de oro. En lugar de llevar a juicio a De la Madrid y a Salinas o de expulsarlos del partido o cuando menos de quitarles derechos partidistas, el PRI prefirió tachar al denunciante de senil y de cuidar al denunciado y a sus amenazas de destapar la cloaca de la corrupción. Paredes dijo que no metía las manos al fuego por ninguno de los dos, pero sin reconocer --en términos sartreanos-- que los priístas se quedaron con las manos sucias, “yo tengo las manos sucias, hasta los codos”, dice un personaje de Sartre, “¿te imaginas que se puede gobernar inocentemente?”

La respuesta del PRI quedó en su spot y en la displicencia de Paredes: “y cuando mienten para desprestigiarnos…, seguimos adelante”… Y los priístas y siguen tan campantes.

 

www.indicadorpolitico.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

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