Martes 19 de mayo 2009

 

+ Salinas, titiritero de Castro

+ Fidel, primer priísta cubano

 

Calificado por el columnista Román Revueltas en Milenio como “el primer priísta de Cuba”, el dictador-columnista Fidel Castro exhibió en su Mandamiento periodístico del jueves 14 de mayo la cola del dinosaurio priísta: “nada ha cambiado en México durante los últimos ocho años”.

Esa afirmación, producto de una nueva pataleta de quien se irrita porque no puede gobernar directamente el poder y lo debe de hacer desde una silla de ruedas, le dio a su polémica con el gobierno mexicano la caracterización política mexicana: Fidel Castro es una pieza del tablero político de Carlos Salinas y su crítica a estos ocho años de gobierno panista no es más que una argumentación priísta. Salinas es el único político mexicano con espacio de poder en Cuba.

Por tanto, la intención de Castro no es la de tratar de desentrañar los tiempos del virus de la influenza o de proteger la fragilidad de la sociedad cubana deteriorada en su salud por la pobreza impuesta por una dictadura personal y monárquica con sucesión consanguínea, sino que Fidel Castro aparece como parte de las maniobras electorales del PRI y de Carlos Salinas en la presente campaña electoral mexicana en contra del PAN que gobierna México  desde hace ocho años y a favor del PRI de Salinas.

Víctima de una arterioesclerosis política, moral y sobre todo ideológica, Castro efectivamente aparece, como señala Román Revueltas, hijo del pensador marxista más importante de la segunda mitad del siglo XX mexicano, José Revueltas, como “el primer priísta de Cuba”. La nostalgia de Castro por la ausencia del PRI en la presidencia de la república de México aparece en los razonamientos políticos de Castro.

Pero detrás de esos enojos periodísticos, Fidel quiere aprovechar su crisis política personal con México --porque el gobierno cubano y Raúl Castro se han hecho a un lado-- para distraer la atención de los problemas reales en Cuba: la influenza ha evidenciado la fragilidad de la salud de los cubanos por cincuenta años de pobreza y sacrificio, el interés de los Estados Unidos para buscar una relación madura con Cuba y salirse del escenario del enemigo externo, el aumento de las deserciones de deportistas y ciudadanos que escapan de la dictadura, la organización de grupos de derechos humanos que son reprimidos violentamente por la policía y el cierre del internet a ciudadanos cubanos para dejar ese privilegio sólo al gobierno.

Los problemas en Cuba son ya de falta autoridad moral del gobierno revolucionario. Recientemente Cuba organizó una campaña de denuncia contra los EU por la negativa a una visa para el oficialista cantante folclórico de la revolución Silvio Rodríguez para visitar Nueva York. Cuba presentó el caso como un ejemplo de la represión. Sin embargo, la periodista cubana Yoani Sánchez ha denunciado en internet la negativa de Fidel Castro a otorgarle un permiso de salida de la isla para recibir el premio Ortega y Gasset y para presentar su libro Cuba Libre. La hipocresía de Castro lleva a denunciar lo que él utiliza como práctica común: el control en la libertad de tránsito.

El asunto se le ha complicado a Fidel. La llegada de los teléfonos celulares de México --un negocio, por cierto, promovido por Carlos Salinas y al cual están asociados algunos personajes de la élite del poder en Cuba-- abrió un espacio de libertad: Yoani Sánchez participa en un noticiero libre de interferencias oficiales que se pasa de celular a celular y que se multiplica.

El internet también es un espacio de democratización que quiere ser cerrado por el autoritarismo de Fidel Castro. Lo grave es que Castro tiene para él y para el gobierno de Cuba todos los beneficios de la red internacional cibernética pero se lo niega a los cubanos. Por ejemplo, el uso de internet se realiza en Cuba a través de tarjetas prepagadas. Sólo que ahora esas tarjetas se venden exclusivamente a extranjeros. La cubana Yoani Sánchez, que ganó el premio Ortega por su sitio www.desdecuba.com y su espacio Generación Y, tiene que ir a un hotel y demostrar que extranjera para poder acceder al ciberespacio. La razón es simple: Fidel controla el internet.

Por eso es que Castro se ha convertido en el columnista político más leído de Cuba. Pero no por su capacidad de reflexión o por su experiencia, sino porque todos los periodistas que publican en Cuba son oficialistas y porque todos los medios son del gobierno. Los periodistas que han ejercido su libertad están en la cárcel como presos políticos. Castro utiliza el periodismo para gobernar, para corregir decisiones de su hermano en el poder y para castigar y regañar a los cubanos que no se someten al liderazgo autoritario del dictador otoñal.

Cuba había recibido el espacio político de Obama para una reconsideración de su dictadura, pero Fidel Castro regañó a su hermano el presidente por aceptar los guiños de la Casa Blanca y puso como condición única la rendición incondicional de Washington. Al final, Fidel Castro quiere morir sin ceder un ápice, aún cuando lleve a Cuba a cometer errores estratégicos de geopolítica que condenan a los cubanos a mayores años de penurias, pobreza y sobre todo sometimiento a la dictadura personal de un hombre que tiene a Cuba medio siglo bajo su puño.

Eso sí, parece que Fidel Castro no quiere morir sin ver el regreso del PRI a la presidencia de México. De la mano de Carlos Salinas y del PRI, Fidel Castro es, dice Román Revueltas, “el primer priísta de Cuba”.

 

www.indicadorpolitico.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

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