Jueves 21 de mayo 2009

 

+ Otras traiciones de Fidel

+ Salinas, sí; Cárdenas, no

 

La nostalgia que siente Fidel Castro por Carlos Salinas y por el PRI tiene un olor a traición moral, una de las escasas virtudes del patriarca otoñal cubano. El ex comandante en Jefe y hoy Columnista en Jefe de Cuba ya olvidó cuando traicionó a la izquierda mexicana en 1988 y vino a México a legitimar la elección cuestionada de Salinas.

La definición de 1988 significó el compromiso de Fidel y el gobierno cubano con el PRI en una de las elecciones presidenciales más irregulares, oscuras y fraudulentas. En su columna del pasado jueves 14, Castro pone como ejemplo de fidelidad con Cuba al general Lázaro Cárdenas. Sin embargo, en 1988 Castro prefirió a Salinas y desdeñó la candidatura de izquierda de Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del expropiador del petróleo.

De ahí que Castro carezca de autoridad moral para invocar la coherencia del general Cárdenas respecto a Cuba, cuando el hoy dictador cubano desertó de la izquierda mexicana al legitimar la cuestionada elección de Salinas. Peor aún, Salinas se convirtió en uno de los mejores aliados de Castro y de Cuba, al grado de que tiene casa, auto y atenciones de jefe de Estado en La Habana.

La historia de ese fin de año de 1988 es de sobra conocida. Representantes de Cárdenas acudieron a La Habana a informarle a Fidel Castro de las irregularidades electorales y a solicitarle que no fuera a México a la toma de posesión de Salinas. Sin embargo, Fidel ya había recibido en lo oscurito a Raúl Salinas de Gortari, quien le llevaba un mensaje secreto de Carlos Salinas: su visita a México sería correspondida con una alianza diplomática “especial”. Ahí Fidel prefirió avalar a Salinas en contra de Cárdenas.

No es la única traición de Castro a México. Por ejemplo, la izquierda mexicana ha sido la más fiel a la revolución cubana, sobre todo la izquierda socialista y comunista que en 1988 apoyó a Cárdenas. Pero ahí también Castro ha traicionado a sus aliados en México: Castro y el gobierno cubano han sido más fieles a Fernando Gutiérrez Barrios, ex director de la Federal de Seguridad mexicana, que a los militantes de la izquierda reprimidos por la policía política del régimen priísta. Castro ha llegado al grado de erigir una estatua en memoria de Gutiérrez Barrios.

Y hay otro abandono de Castro de los compromisos ideológicos y políticos con la izquierda mexicana. En 1968, en pleno movimiento estudiantil, la izquierda comunista mexicana procastrista decidió condenar la invasión de tanques soviéticos a Checoslovaquia para aplastar el experimento democratizador de la Primavera de Praga y Castro regañó al Partido Comunista Mexicano, apoyó incondicionalmente a los soviéticos y pasó a la historia como un gobernante socialista que avaló la represión.

Por eso la invocación de Castro a la figura solidaria del general Cárdenas fue una hipocresía política, como muchas a lo largo de su historia. Fidel traicionó a Camilo Cienfuegos porque era un líder más popular que él, encarceló a Hubert Matos porque acusó a Fidel de entregarse a los comunistas y abandonó al Che Guevara en Bolivia hasta encontrar la muerte.

El Columnista en Jefe de Cuba escribió el jueves 14: “cuando Estados Unidos lanzó sus mercenarios por Girón escoltados por la Infantería de Marina, el General Lázaro Cárdenas, que se había llenado de gloria recuperando el petróleo de México, no nos amenazó, por el contrario quiso viajar a Cuba para luchar junto a nosotros. Ese es el México a cuyo ejemplo rendimos tributo”. En efecto, Cárdenas quería ir a combatir pero se lo impidió el presidente López Mateos.

Sin embargo, Fidel ha sido traicionero con la memoria del general Cárdenas. Durante el gobierno de Salinas, Cuba le otorgó una medalla post mortem al general Cárdenas en el Palacio de Convenciones de Cuba. A la ceremonia asistieron la señora Amalia Solórzano y Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, aunque fue muy visible la ausencia de Fidel Castro. Por su lealtad a Salinas, Castro evitó encontrarse con Cuauhtémoc.

En este contexto, las lealtades de Fidel Castro en México no han sido con la izquierda que salió a la calle a apoyar la revolución cubana sino con la burocracia priísta y sobre todo con Carlos Salinas. Los gobiernos priístas mal acostumbraron a Fidel a otorgarle apoyo ciego, sin atender las violaciones de derechos humanos en la isla y la represión a la sociedad. A cambio, Castro se dedicaba a exaltar el valor de la revolución mexicana y de la política exterior mexicana que se negó a romper relaciones con Cuba en 1962 pero no por coincidencia ideológica sino porque la OEA carecía de competencia para hacerlo, aunque avalando el peor ciclo de la represión priísta a la izquierda. El enojo de Castro con el gobierno de Fox fue por la nueva doctrina de México con respecto a Cuba: finalización de las complicidades con la revolución cubana y nuevas relaciones con el Estado cubano.

Al preferir a Salinas por encima del hijo del general Cárdenas en 1988, Fidel Castro delineó las relaciones bilaterales con México: la complicidad con el PRI y con Carlos Salinas, no la lealtad con la memoria del general Cárdenas ni con la izquierda mexicana.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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