Lunes 25 de mayo 2009

 

+ Paredes: “ni pormigo mismo”

+ PRI: “una mentira y ya verán”

 

Mientras en el PRI deshojan la margarita para contestar o no los ataques, el PAN ya fijó el tema de debate del proceso electoral del 2009 en tres denuncias: un congreso de oposición para desplazar al ejecutivo, una reforma del poder para restaurar el Estado priísta y el agravio priísta del pasado histórico.

El principal problema del PRI es su pasado. Las revelaciones sobre corruptelas de Carlos Salinas de Gortari justo cuando hoy se erigía en el jefe máximo neocallista del PRI dejaron a los priístas al desnudo porque no supieron administrar el tema Salinas. Y queda para la historia política de las (in)coherencias la respuesta de Beatriz Paredes Rangel, presidenta nacional del PRI, cuando le preguntaron si metía las manos al fuego por Salinas o De la Madrid y balbuceó un galimatías verbal, debido a sus nervios:

--Yo no meto las manos al fuego ni pormigo misma.

Las no respuestas del PRI recordaron la historia de un candidato del PRI a una alcaldía. En un mitin, uno de los aspirantes perdedores tomó el micrófono para, delante del aspirante, enumerarle los casos de corrupción, uno por uno, de él, de su esposa, de sus hijos y de sus compadres. Otro priísta le dijo al acusado: “compadre, ¿va a dejar que siga?” Y el aludido respondió: “nada más que caiga en una mentira y no se la va a alcanzar a acabar”.

Frente al tamaño, dimensión y datos de las denuncias, el PRI --sus élites dirigentes y sus masas anónimas-- decidió no responder ni siquiera algunas que parecían mentiras obvias. Pero como magnificaron aquello de que “el que calla otorga”, los priístas también avalaron con su silencio el tamaño de las trapacerías reveladas. Al final, el PRI quedó simbolizado por la imagen del Miguel de la Madrid dibujado por priístas y por sus hijos con la imagen metafórica del PRI: un partido senil, sin respuestas, que se “encuentra convaleciendo de un estado de salud que no permite procesar adecuadamente diálogos o cuestionamientos”.

El problema del PRI es su falta de liderazgo interno. La dirigente Paredes fue lapidada políticamente en una simbólica reunión en el Estado de México --gobernado por el precandidato presidencial mejor posicionado pero también lastimado por Salinas--, pero al final impuso su criterio de no responderle a los panistas, aunque el PAN haya encontrado argumentos en la realidad cotidiana del tricolor.

El pasado priísta se ha convertido en el peor lastre del PRI. Y lo grave de todo es que no ha habido siquiera una participación panista detectada en los principales conflictos: el libro de Ahumada Kurtz respondió exclusivamente a la agenda del afectado por las trampas y dinero pendiente que Salinas cobró pero que no entregó y De la Madrid habló en una entrevista. Y en lugar de airear las heridas que supuran infección, el PRI ha decidido pedirles a los ex presidentes de la república que se callen.

Por tanto, lo que se debate en esta campaña es la realidad de que el PRI no ha cambiado y sigue siendo el mismo que castigó el electorado en el 2000 por su herencia de un país colapsado por 71 años de gobierno autoritario. En el fondo, el PRI estaba emplazado a exhibir evidencias de cambios de fondo: nuevos liderazgos, rostros nuevos y sobre todo una propuesta de gobierno alejada del corporativismo paternalista del viejo PRI.

De ahí que el problema del PRI no sea sólo de Paredes como la dirigente sin propuesta política. El PRI se fijó el objetivo de recuperar el poder, no de asimilar el significado de las derrotas presidenciales del 2000 y del 2006 y a elaborar una propuesta de modernización política. El PRI ha dejado claro que no busca encauzar el país sino regresarlo al 2000, antes de la primera derrota presidencial. No por menos los mismos priístas de entonces son los que hoy acaparan las listas de candidatos presidenciales.

Los electores no esperaban que el PRI respondiera con amenazas a las revelaciones de las trapacerías de Carlos Salinas ni que el ex presidente De la Madrid fuera tachado de loco senil por afirmaciones que se han hecho contra el PRI desde 1994, sino que se quedaron aguardando una respuesta política y sobre todo moral. Si el PRI en conjunto hubiera condenado a Salinas por las revelaciones de Ahumada y por las afirmaciones de De la Madrid, sin duda que hubiera logrado una aceptable aceptación de la sociedad. Pero al discriminar a De la Madrid por su edad y su enfermedad y al proteger a Salinas, el PRI demostró la permanencia del código de silencio cómplice de carácter mafioso. El PRI ganador en el 2009 y en la presidencia en el 2012 será el seguro político de Carlos Salinas.

Lo peor de todo fue que la bomba Salinas también afectó a los salinistas que participaron en las trapacerías denunciadas por De la Madrid y que hoy rodean y definen el proyecto político neosalinista de Andrés Manuel López Obrador. Y lo peor de todo, el salinazo demostró que el apoyo del tabasqueño ya no alcanza para purificar almas pecadoras. El silencio ominoso de los salinistas ahora con López Obrador ha contaminado el proyecto político del tabasqueño.

Los priístas decidieron no responder a los ataques panistas y al escándalo del libro y la entrevista. La razón es simple: los priístas contestarán sólo cuando les endilguen una mentira. Y por una razón, la más solida que dio Beatriz Paredes Rangel: los priístas no meten las manos al fuego ni por mismos. Así tengan, diría Sartre, las manos sucias “hasta los codos”.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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