Domingo 31 de mayo 2009

 

+ Crisis: dos enfoques críticos

+ Recesión con oportunidades

 

En medio de las cifras que revelan una crisis aún en picada, algunos analistas han comenzado a buscar oportunidades para la economía. De un lado, Rafael Abascal, de la empresa Prospecta Consulting, revela que el país sigue en picada. De otro, Felipe Gopnzález y González, del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresas (Ipade), semana que México se encuentra entre el riesgo y la oportunidad.

El reporte de Abascal señala que México apenas está ingresando en la recesión:

En una rápida e imprevista desaceleración entró la economía nacional para deslizarse de lleno en el túnel de la recesión en el primer trimestre del año, pues el Producto Interno Bruto (PIB) registró una caída de - 8.2% respecto al mismo periodo de 2008, con lo que reportó su segunda baja negativa consecutiva.

El pasado el PIB decreció 1.6% en el cuarto trimestre del año, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEG); ente esta situación el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, informó que se ajustó >por octava ocasión a partir de cuando presentó los Criterios de Política Económica, para el presupuesto federal 2009< la proyección económica de México, con lo cual el PIB caerá 5.5% este año.

Anteriormente, la SHCP había estimado una contracción del PIB de 4.1%; que precedía a otras de menos 3.6%, 3.1%, 2.5%, 1% y la de cero; desde una primera perspectiva de crecimiento de 3.0%. Para analistas económicos la actual recesión será profunda y la economía puede registrar una contracción cercana o mayor a la de la crisis de 1995, cuando el PIB cayó 6.7% y hay proyecciones de bancos, consultoras y organismos internacionales, que ya la ubican en alrededor de 7 a 7.5%.

El fracaso de los programas anticrisis, no dejo sin defensas

Durante el 2008 y lo que va del 2009, este programa ha sido lanzado y relanzado una y otra vez, pero ahora constatamos que el gabinete de Calderón ha sido incapaz de instrumentarlo; por ejemplo: a la salida de Luís Téllez de la SCT salio a la luz pública que cuatro de los paquetes carreteros que debieron salir a licitación internacional desde fines del 2007, por diferentes razones o características no lo habían podido hacer, lo mismo pasó con 12 puertos y 7 aeropuertos.

Del presupuesto federal para infraestructura del 2008, a principios de este año la Cámara baja anuncio que había un subejercicio del 71% y que habían pedido al titular de la SHCP, los detalles puntuales de ello; hasta la fecha no se ha dado esa información a los legisladores.

 Recesión todo el año

Alfredo Coutiño estimó que la recesión se extenderá a todo el año, con la mayor contracción en los primeros seis meses del año, en tanto la recuperación aparecerá hasta inicios del año entrante.

Mencionó que la economía podría contraerse 5.5% este año, al incorporar el impacto potencial del brote de influenza, que implicará una caída de 1%.

·      “La contracción económica registrada en el primer trimestre de 2009 fue resultado principalmente de una significativa recesión industrial y una caída adicional en los servicios”.

·      Así, el PIB de las actividades secundarias descendió 9.9% a tasa anual:

·      La industria manufacturera se contrajo 13.8%

·      La construcción 7.7%

·      La electricidad, agua y suministro de gas por ductos al consumidor final 3%

·      Y la minería 1.1% anual en el primer trimestre

El valor de la producción de bienes y servicios durante el primer trimestre registró una pérdida anual de 3.3%, su primer retroceso anual desde 1981, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Así, el Producto Interno Bruto Nominal (PIBN), es decir a precios de mercado, se ubicó en 11 billones 195 mil 540 millones de pesos, monto inferior en 385 mil 526 millones con relación al valor nominal del periodo enero-marzo de 2008.

 

Evolución del PIB trimestral

I   Trim. 08                    2.6%

II  Trim. 08                    2.9%

III Trim. 08                    1.7%

IV Trim. 08                            - 1.6%

I    Trim. 09                            - 8.2%

Por su posición geográfica, por sus recursos naturales, por el tamaño de su población, México es un país de oportunidades. Es un país joven, que en las encuestas mundiales sobre felicidad, ocupa los primeros lugares. Con independencia de cómo se defina la felicidad, el país tiene la dinámica de una sociedad en la que muchas cosas están por hacerse. Y en la que se vive siempre de la esperanza, de que los mejores días están por venir. Magia y mito; imaginación y desenfreno; pero también gozo por la vida, innovación y apertura al futuro.

México ha podido capear el temporal financiero mundial, aunque sufriendo una fuerte caída de su moneda, perdiendo empleos y con una fuerte recesión en la actividad económica. Su situación es comparativamente mejor que la de años anteriores. Gracias a la implantación de políticas macroeconómicas sanas ha sido posible abatir la inflación, aumentar las exportaciones, mantener un tipo de cambio flexible, evitar los déficits fiscales, generar la más elevada tasa de reservas internacionales de su historia y atraer inversión extranjera en términos competitivos respectos a otras economías emergentes.

En la coyuntura, han operado a favor del país, un sistema financiero más sano, las bajas de tasas de interés, un sector inmobiliario que ha sido fundamental en el crecimiento de los últimos años, y que comparativamente está mucho mejor estructurado, que en otros países. Las coberturas petroleras –que en este caso operaron a favor-  permitirán que la baja en los precios, sea menos radical para México, al menos en 2009, y desde luego, hay que considerar los planes contra-cíclicos, que impulsarán la infraestructura y generarán empleos, si las trabas burocráticas no los impiden.

El país cuenta, además, con un segmento de trabajadores, con gran calificación, que son capaces de altos índices de productividad y de estándares de calidad globales. La población económicamente activa alcanza hoy los 45.5 millones de personas, cuando la población total supera los 110 millones de habitantes, y llegará a ser de 65 millones en el año 2020. Este es el bono poblacional que México puede hacer efectivo para sí mismo y para sus socios comerciales, si logra mejorar sus estándares educativos y generar los empleos necesarios para los jóvenes. La estructura poblacional, en esta crisis, se convierte en una oportunidad, pues México es un país que todavía puede jugar, simultáneamente, con las variables del mercado interno y del mercado externo.

Aunque su moneda ha sufrido fuertes embates devaluatorios, las exportaciones no se incrementan de manera sustancial, debido a la recesión global, que limita la demanda y el comercio. Pero se está abriendo un área de oportunidad, para que los productores nacionales con visión competitiva y global, desplacen las importaciones de países que parecían imbatibles, pero cuyos productos se vuelven caros para el mercado interno. México es un país con grandes oportunidades trabajar  en él y desde él.

La falta de institucionalidad

El mayor riesgo para México estiba en congelar el proceso de cambio que se inició a finales del siglo XX. Las reformas entonces operadas han llegado a su límite. Se necesitan con urgencia reformas de segunda y tercera generación, para poder seguir avanzando y no quedarse fuera de las pautas del progreso. Las reformas estructurales que se empezaron a gestar en 1983 deben ser culminadas.

Se pueden mencionar muchos y muy variados riesgos, desde la posibilidad de dejar de ser una potencia petrolera, hasta el colapso del Estado, pasando por los críticos niveles alimentarios, sanitarios,  y educativos que pueden provocar una descomposición de las oportunidades en amenazas y peligros.

Frente a los problemas de narcotráfico, de violencia criminal e inseguridad,  de corrupción, de monopolios públicos y privados, de sindicalismos explotadores, de contubernios de grupos de presión y de partidos políticos, de liderazgos populistas que acentúan la pobreza y la dependencia, se alza la falta de institucionalidad como el gran problema del país.

Muchos de  los gobiernos estatales y municipales carecen de los más elementales criterios de actuación profesional en su desempeño, lo que propicia la corrupción, el despendio y las alianzas mafiosas para hacer avanzar proyectos particulares muy redituables. En el gobierno federal, aunque la corrupción ha disminuido en los altos cargos, se padecen lacras ancestrales.

Ante los problemas de gobernabilidad institucional que padecen los poderes federales, los gobernadores y alcaldes adoptan, muchas veces, la actitud de un cacique o de un señor feudal. Son administradores de los recursos que la Federación les asigna, pero evaden la rendición de cuentas y las auditorias. Pueden usar los recursos públicos y los poderes estatales, para hacer avanzar sus ambiciones políticas, sin ser sometidos a juicios de responsabilidad. No tienen necesidad de mejorar el ambiente productivo, de bajar los costos de transacción o de promover una real y decida competitividad en sus estados, porque la facultad de imponer impuestos y recaudarlos es preponderantemente federal.

El tejido de complicidades en la Federación y en los Estados, lleva a que grupos de presión -oportunistas y que quieren maximizar sus prebendas- frenen todo avance económico. Se aprovechan las fallas institucionales para generar cadenas económicas informales, que con el paso del tiempo pasan de la ilegalidad a la criminalidad.  Se distribuyen, por su medio, desde productos pirata hasta drogas, pasando por toda una serie de bienes y servicios que se producen sin  respetar las leyes laborales, fiscales o ecológicas, y que permiten, bajo el disfraz de una actividad de subsistencia, crear la red capilar de la logística delictiva. Se privatizan los beneficios y se socializan los costos, hipotecando el futuro del país.

La ausencia del estado de derecho fomenta el autoritarismo, la autocracia y los mesianismos políticos. La vieja aspiración liberal de pasar a ser un país de seres humanos iguales bajo el principio de la ley, vuelve a ser ridiculizada. Las ambiciones personales se imponen, y utilizan las estructuras informales de la política, como son el clientelismo, la corrupción y la discrecionalidad, para medrar con el poder, con la manipulación de las aspiraciones populares y con la irresponsabilidad en el manejo de los recursos públicos.

Los fundamentales del país no están bien. Por ellos entiendo no las estadísticas macroeconómicas, sino las bases que permiten del desarrollo de la economía de mercado. Es decir las garantías de la libertad, mediante la vigencia del Estado de derecho, para lograr una sociedad solidaria.

Sin el reconocimiento de las exigencias de la solidaridad, el crecimiento y el desarrollo carecen de sentido. Pero sin el mercado éstas no se pueden conseguir. Las necesidades sociales se satisfacen, gracias al trabajo de las personas, que por cuenta propia o de forma asociada, producen los bienes y servicios que se requieren. Por ello, en México es vital seguir una política económica, que al denunciar el capitalismo, no impida la libre concurrencia que es condición sine qua non, para la generación de valor económico, político y social.  

En las convulsiones que ha generado la crisis especulativa mundial, hay que distinguir entre el capitalismo y la economía de mercado, para poder mantener un rumbo de salida. El capitalismo puede ser definido como una ideología que intenta nulificar al mercado, a través de los monopolios, los cárteles y las colusiones que llevan a fijar o elevar los precios. El  control y la manipulación de la información, distorsionan la realidad, provocando decisiones equivocadas. El capitalismo utiliza la libertad para acabar con la libertad. Es una ficción de la libertad, porque maximiza el control y las utilidades desde una posición de fuerza,  que elimina las decisiones racionales de los actores.

El mercado en cambio supone el desenvolvimiento de la actividad libre. Bajo el principio de legalidad, cada actor tiene la libertad de acometer e innovar, sin que haya poderes de facto, públicos o privados, que la impidan.

El mercado es un proceso en el que oferentes y demandantes intercambian bienes o servicios, mediante transacciones que llevan al juego de ganar-ganar, que es el juego del comercio. El capitalismo es, en cambio, el juego de suma cero, el control de la información polarizada, que vuelve errático al sistema de decisiones, al disolver la confianza. Es el caso de la especulación financiera exuberante, que tiende a desvincularse de la economía productiva, y que termina siendo el juego de los espejos, en donde mientras más se repite la imagen y más profunda se hace, menos realista es, aunque dé la impresión de una multiplicación inimaginable.

México tiene que hacer frente al desprestigio mundial, que la crisis está produciendo, sobre la economía de mercado. Tiene que advertir que no hay posibilidad de crecimiento, sin generación de riqueza, y que esta es fruto de una economía de mercado solidaria. Frente a los liderazgos latinoamericanos neo-populistas, autoritarios y devastadores del capital humano y social, México debe ir más y más de prisa, en la línea de la consolidación del estado de derecho, del mercado solidario, y de la democracia como forma de vida.

Un país en construcción

Los cambios que se han operado en México son esperanzadores. Las generaciones jóvenes tienen un talante menos inercial, buscan vivir de otra manera, con más libertad, con más respeto a lo que cada uno es y piensa, sin dogmatismos y con creatividad. El proceso democrático –aunque todavía insuficiente- permite unas libertades impensables hace veinte años. Se trata ahora de invertir la libertad –no tanto en acciones de la bolsa- sino en acciones que permitan a esta nueva generación producir un futuro distinto. 

 

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