Lunes 3 de noviembre de 2009

+ Abstención igual a complicidad

+ ¡Curulereeeeeeeeeeeeeeeeeeros!

 

En una de sus historias más divertidas, Cándido o el optimismo, Voltaire inventó al Dr. Pangloss como tutor del joven Cándido. Pangloss era uno de los filósofos más racionales, hoy convertido en el filósofo de los optimistas de las crisis. Y citan dos de sus aportaciones:

--No hay efecto sin causa.

--Vivimos el mejor de los mundos posibles.

Las cosas, decía Pangloss educando a Cándido, nacieron para ser lo que son. “Por consiguiente, quienes han enunciado que todo está bien, han dicho una tontería; habría que decir que todo está lo mejor posible”.

En un ensayo publicado en el The New York Times Magazine, el economista Paul Krugman dice que el mundo en esta crisis está lleno de réplicas del Dr. Pangloss. Bien mirado, podría decirse que las dos cámaras del congreso mexicano y la élite de funcionarios de Hacienda estuvieron animados, en estas dos últimas semanas, por el espíritu chocarrero del Dr. Pangloss. Basta escuchar las explicaciones-justificaciones de congresistas y funcionarios.

Aunque con mayor rigor, legisladores y hacendarios revelaron más bien su formación orwelliana y el neolenguaje en donde se decía una cosa para dar a entender otra. La paz es la guerra, decía Orwell en su mundo fantástico de 1948.

Pero más en el terreno de la realidad histórica, los congresistas mexicanos simplemente incumplieron la función para la que fueron creados. En el manifiesto de los Lores de 1628, quedó establecida la tarea única de los parlamentos: evitar los abusos del poder en el cobro de impuestos:

--En lo sucesivo nadie podría ser obligado a prestar dinero al Rey contra su voluntad, porque tal obligación era contraria a la razón y a las libertades del Reino”.

--No podrán ser compelidos a participar en impuesto, exacción, ayuda o carga alguna sin el consentimiento general de la comunidad expresado en el Parlamento”.

Los legisladores no sólo desecharon la propuesta del ejecutivo federal de un 2% de impuesto para recursos etiquetados a programas de lucha contra la pobreza, sino que prefirieron aceptar la salida lateral de Hacienda de subir un punto porcentual el IVA y destinar esos recursos a gasto político de los gobernadores estatales.

De nuevo la lógica del Dr. Pangloss: cuando Cándido, en medio de una tormenta de mar, quiso saltar para salvar a un amigo, Pangloss le dijo que no y le razonó probándole que la bahía de Lisboa había sido hecha justamente para que se ahogara su amigo. “Cándido atónito, desatentado, confuso, ensangrentado y palpitante, decía para sí: ¿si éste es el mejor de los mundos posibles, como serán los otros?”

Más que la teoría económica o que la razón dialéctica, sólo queda el humor de Voltaire para tratar de entender la lógica de lo ocurrido con el paquete fiscal: los priístas se escondieron a la hora de la votación en el Senado, aunque con la pena de que una abstención es un voto a favor y una complicidad manifiesta. Y que para asombro de la sociedad, diputados del PRI y del PAN eludieron el debate el sábado 31 y le cedieron la tribuna a las furias irracionales del PT y Convergencia. El 74% de legisladores guardó ominoso silencio, no quiso debatir razones y prefirió la razón de la fuerza de la mayoría que la fuerza de la razón explicada.

Al final, el gran perdedor en la aprobación del paquete fiscal fue el PRI. El PRI de la cámara de diputados se convirtió en la mano del gato que le sacó las castañas al fuego al Plan B de Hacienda de subir el IVA. Y el PRI en el Senado quedó vencido por los entendimientos de Beatriz Paredes con el gobierno federal. Pero al final de la larga jornada, diputados y senadores priístas mostraron su verdadero rostro: el de las complicidades con el poder, aunque con ello dejaron un agravio social que suele ajustar cuentas en las urnas.

Más curuleros --José de la Colina dixit-- que parlamentarios, los legisladores priístas y panistas y varios perredistas se olvidaron de la sociedad y votaron por un paquete fiscal restrictivo, recesivo y estabilizador. Y en lugar de beneficiar a los pobres, el resultado fue el cobro de más impuestos para destinar esos recursos excedentes a los gobernadores, varios de ellos con elecciones estatales en puerta. Más que cumplir su función histórica de operar como el dique de contención al abuso en el cobro de más impuestos a los mismos de siempre, los legisladores-curuleros decidieron por razones políticas, de grupo y de alianzas, aunque con ello liquidaron el funcionamiento del parlamento como contrapeso del ejecutivo.

Lo que viene ahora es examinar a los legisladores con la historia final del Dr. Pangloss: luego de que lo colgaron, quisieron disecarlo, lo molieron a golpes y terminó de remero esclavo en galeras de barco, Cándido le preguntó su seguía pensando que era el mejor de los mundos posibles. La respuesta fue la misma de los legisladores mexicanos: “sigo con mi primer idea de que es el mejor de los mundos posibles, porque en última instancia soy filósofo; no me conviene desdecirme” y “porque la armonía preestablecida es la cosa más hermosa del mundo”.

 

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