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Jueves 5 de noviembre de 2009

+ CNDH con parcelas de poder

+ ¿Será otro grupo de presión?

 

A Roberto Vizcaíno, amigo por siempre, y a la

memoria de su madre Beatriz Aguilar Rodríguez

Calcado del proceso tortuoso que llevó a la presidencia del Instituto Federal Electoral a un funcionario partidizado, la Comisión Nacional de Derechos Humanos está a punto de definir a su próximo presidente en función de los intereses de partidos y de organizaciones sociales con compromisos políticos.

La conformación de la terna que se dará a conocer hoy jueves revelará las parcialidades: una posición la tendrá la senadora perredista prestada al PT Rosario Ibarra de Piedra, otra responderá al grupo de poder de Carlos Salinas-Jorge Carpizo McGregor y la UNAM como instrumento de poder político y la tercera dependerá de los grupos de presión confrontados al Estado.

Lo de menos será las tres necesidades que requiere la próxima gestión de la CNDH: una formación jurídica, una independencia absoluta de partidos, gobierno y grupos de presión y una comprensión de que la defensa de los derechos humanos no significa un contrapoder antisistémico sino la defensa del Estado de derecho.

Dos de las casi seguras candidaturas a la terna responderán a la parcialidad política: el ex ombudsman capitalino Emilio Alvarez Icaza será una concesión a la senadora Ibarra de Piedra, presidenta de la comisión de derechos humanos del Senado. Pero más que un copatrocinio por capacidad, las razones son más que todo sentimentales y familiares. Alvarez Icaza no pudo superar la prueba de la autonomía en el caso de la disco News Divine y realizó una indagatoria para exonerar al jefe de gobierno Marcelo Ebrard, quien a cambio ayudó a impulsar su nominación en los espacios del PRD.

La otra candidatura de la terna padece padrinazgos ajenos a los derechos humanos. Luis Raúl González Pérez logró forjarse una personalidad jurídica de capacidad y competencia, pero su principal impulsor es Carpizo McGregor, quien pretende fundar un cacicazgo político en la CNDH. Primer presidente de la CNDH, Carpizo la convirtió en un blindaje del gobierno de Carlos Salinas. Luego González Pérez fue fiscal del caso Colosio y le tocó cerrar la indagatoria que confirmó la tesis oficial del asesino solitario que nadie ha creído hasta la fecha. Carpizo sería el hilo conductor hacia los intereses políticos del Carlos Salinas que regresa a la política y al poder para poner candidato presidencial priísta en el 2012. Y nada mejor que un ombudsman afín a los intereses priístas y salinistas.

La tercera posición de la terna está aún en duda. El formato de designación ha demostrado su inviabilidad por la red de intereses que se han construido en los grupos defensores de derechos humanos. El loby de los organismos de derechos humanos es el más poderoso por su capacidad de estridencia y por la parcialidad en la mayoría de sus denuncias. Los derechos humanos han derivado en un instrumento de poder contestatario anti sistema que margina la defensa de los derechos del ciudadano y de la persona de los abusos de los poderes establecidos.

El loby de los derechos humanos, en su enfoque contestatario, se reduce a una estructura de oposición al sistema político tradicional. Pero en términos políticos e ideológicos. Por eso es que los grupos de derechos humanos en gobiernos perredistas no funcionan dialécticamente sino como justificadores de los abusos. Las recomendaciones de José Luis Soberanes como presidente de la CNDH contra el poder no se han preocupado por la filiación de los gobiernos; en cambio, la CDH del DF, por ejemplo, ha sido una oficina de elusiones de los gobiernos perredistas ante los abusos del poder.

Al final de cuentas, las agrupaciones de derechos humanos han sido estructuras de poder político del PRD y organizaciones afines.

La designación del próximo presidente de la CNDH padecerá la conformación de una nueva estructura de poder en el sistema legislativo de toma de decisiones: algo parecido a una asamblea estudiantil universitaria. La estridencia del loby político de los organismos de derechos humanos ha sido condenatoria y excluyente, a pesar de que la abrumadora mayoría de esas organizaciones reciben aportaciones abiertas o secretas de fundaciones de los Estados Unidos, una que otra funcional a los intereses de seguridad nacional del imperio. Ninguna ONG ha logrado sobrevivir sin el dinero aportado desde el exterior.

La designación del último presidente del IFE cayó en las trampas de los intereses de poder político. El nombramiento no se resolvió por capacidad sino por los acuerdos secretos entre las bancadas. La Suprema Corte se ha ido alejando de su función jurídica y también ya entró a los dictámenes partidizados contra el establishment y para beneficiar a los grupos contestatarios.

Lo mismo puede ocurrir con la elección de la CNDH. Y lo de menos es que pueda demeritarse la calidad profesional de los organismos. Lo grave es que en la CNDH pueda llegar un funcionario atado a intereses de partidos y el loby político de los derechos humanos y sus tareas terminen como la de otro grupo de presión política contra los gobiernos que no sean del PRD.

 

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