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Viernes 6 de noviembre de 2009

+ Camacho: el 94 en 2010-2012

+ Inestabilidad: proyecto Futura

 

En la lógica de López Obrador y Muñoz Ledo, la designación de Manuel Camacho Solís como el operador de la unidad partidista lopezobradorista representó una definición bastante clara de los escenarios por venir: Camacho es un desestabilizador nato. Y su tarea como jefe de la izquierda será reproducir hoy el clima de inestabilidad política y social de 1994.

En lugar de una opción política e ideológica, la izquierda con Camacho regresará a las catacumbas de la provocación y la desestabilización.

Inclusive, en círculos políticos cercanos a Camacho se habla de un Proyecto Futura: la movilización social de grupos desestabilizadores para provocar un clima político de inestabilidad. En 1994, Camacho propició un clima de enrarecimiento político y social cuando usó su cargo de negociador de la paz en Chiapas para tumbar a Luis Donaldo Colosio y colarse como presunto candidato independiente a la presidencia.

Los escenarios de desestabilización e inestabilidad hoy obedecen justamente a la insurrección de grupos políticos renegados de la democracia. Ya no se trata de una lucha dentro de los cauces institucionales, sino la intención final de deponer --como ha insistido el diazordacista-echeverrista-foxista Muñoz Ledo-- al presidente constitucional. Camacho fue colocado por López Obrador como organizador de un frente opositor PRD-PT-Convergencia, en la línea de acción de sus intereses como presidente legítimo insurreccional.

El papel de Camacho como organizador del frente opositor tiene tres aristas:

1.- Camacho prepara la repetición del clima de desestabilización de 199. En 1994 se tuvieron indicios de que el Departamento del DF de Camacho había suministrado recursos, vía Ruta 100, a los zapatistas para preparar su levantamiento. Como negociador de la paz, Camacho subordinó a Marcos. El asesinato de Colosio permitió a Marcos salirse de la mesa de negociación operada, conducida y controlada por Camacho. El 94 de la crisis va a reproducirse en el periodo 2010-2012, de nuevo con Camacho como el responsable del enrarecimiento del clima político. El SME podría jugar, en el tablero de Camacho, el papel del EZLN.

2.- La evidencia de que la izquierda en México carece de un horizonte histórico es precisamente Camacho. Crítico del sistema político cuando era investigador de El Colegio de México, luego se convirtió en legitimador: con De la Madrid y Salinas fue el arquitecto de la consolidación política del neoliberalismo económico priísta. Sobran los documentos públicos de Camacho defendiendo la privatización del Estado, el neoliberalismo y la globalización. Camacho, desde su tesis de licenciatura, se pronunció por un “capitalismo desarrollado dependiente” para México. Hoy resulta una burla ideológica que Camacho sea el jefe de las izquierdas mexicanas. Camacho está a la derecha que el neocardenismo.

3.- La ideología política de Camacho se localiza más a la derecha del centro que a la izquierda. La facilidad para acomodarse ideológicamente radica en el hecho de que López Obrador y Muñoz Ledo son, al final de cuentas, priístas nostálgicos. Y para colmo de absurdos ideológicos, la izquierda que sobrevive en los espacios actuales y que le da vigencia al concepto de izquierda es la comunista que logró subsistir al Partido Comunista Mexicano. Así que los viejos ideólogos comunistas del PCM ahora están subordinados al salinismo tecnocrático de Camacho. Ver para creer. El gran drama político e ideológico de la izquierda radica precisamente en la designación de Camacho como el organizador de la coalición de izquierda.

Más que de contenido, en realidad el papel de Camacho en el frente de izquierda será de desestabilizador. Como en los tiempos de Salinas, Camacho se ha dedicado a advertir climas de descomposición y de violencia. Por lo pronto, hay una extraña semejanza en la forma en que usó al EZLN para los planes de su frustrada candidatura presidencial independiente y hoy utiliza al SME para adelantar la posibilidad de desbordamiento de la inestabilidad “y la polarización social más profunda”. No por menos, por ejemplo, López Obrador y Muñoz Ledo han absorbido la protesta del SME para su vieja demanda reciclada de renuncia presidencial.

Lo patético de la izquierda es que haya llegado a aceptar la designación de Camacho como su jefe organizador, el mismo Camacho que operó con dinero, amenazas y concesiones el fraude salinista de 1988 y que luego fue secretario general del PRI. Si la izquierda carece de figuras morales para reconstruir una opción ideológica, entonces podría llegarse a la conclusión de que el frente de Camacho será el canto del cisne de la izquierda mexicana, ese doloroso canto antes de morir.

Pero nadie mejor que Camacho, el Camacho del clima de desestabilización de 1994, para organizar hoy a los grupos opositores golpistas que no ganan elecciones y que quieren derrocar al presidente constitucional de la república. PRD, PT y Convergencia forman parte del proyecto Futura de Camacho.

 

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