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Martes 17 de noviembre de 2009

+ Presupuesto PRI-SHCP para PAN

+ Dinero sólo a PRI-Los Pinos 2012

 

Si se esperaba que el Plan B de gasto público lo tuviera el gobierno calderonista guardado bajo la manga, resultó que nuevamente el PRI fue el que sacó su plan alternativo de la chistera: la alianza con la Secretaría de Hacienda para redefinir el gasto a la medida de los intereses electorales priístas para el 2010 como catapulta hacia el 2012.

Como ocurrió con la bancada panista en el Senado, el PAN en la Cámara de Diputados quedó también marginado. Los priístas fueron muy insistentes en atarle las manos al gobierno federal de Calderón en materia de gasto con el Plan de Austeridad, pero nada hicieron para evitar que los gobernadores priístas vayan a disponer electoralmente del gasto aprobado.

Como si fuera el partido en el gobierno panista, el PRI negoció por su cuenta con la Secretaría de Hacienda. Como si fuera el partido en la oposición, el PAN vio pasar todo de noche. Lo peor fue que el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, no tuvo los argumentos suficientes ni la fuerza necesaria para tratar de salvar la propuesta original del gobierno de Calderón.

De ahí que la política económica para el 2010 --ingreso y gasto-- no va a ser la del gobierno calderonista ni la de la propuesta original de Hacienda, sino del PRI como primera fuerza política en camino a recuperar la presidencia de la república. La pasividad e ineficacia de los legisladores panistas en las dos cámaras han facilitado la reinserción de los intereses del gobierno panista en la segunda mitad del sexenio.

Lo malo para el gobierno y para Hacienda es que la política de ingreso-gasto aprobada no va a alcanzar para estimular la economía. La propuesta presupuestal original del gobierno calderonista tuvo como objetivo incentivar la reactivación del crecimiento económico para salir del severo hoyo recesivo de -7.5% del PIB, alcanzar la meta de 3% en el 2010 y el promedio anual de 4.1% para el periodo 2011-2015. Si acaso, con el presupuesto aprobado en días pasados, el PIB del 2010 sería apenas superior a 0%.

El problema de fondo no habría sido exclusivamente de las bancadas panistas en las dos cámaras, aunque la ausencia de liderazgos activos y enérgicos facilitó la tarea del PRI a la hora de imponer de nueva cuenta la dictadura de la mayoría. La derrota de la propuesta presupuestal del gobierno de Calderón se debe acreditar a la Secretaría de Hacienda, cuya propuesta original no fue defendida tan apasionadamente como la propuesta priísta aprobada. En círculos panistas se tiene la impresión de que Hacienda siempre supo que las metas originales eran irrealizables pero no aconsejó al presidente Calderón a cambiarlas por unas que pudieran ser pactadas con el PRI pero con ventaja para el PAN.

Si Hacienda concedió rápidamente los cambios que exigía el PRI en materia de impuestos y gasto, entonces los panistas se preguntan por qué no diseñó un programa más viable a las objeciones. Al final, los panistas fueron prácticamente excluidos de las negociaciones y el PRI y Hacienda directamente se hicieron cargo de las decisiones. Ciertamente que Hacienda consultó las modificaciones con Los Pinos, pero el grave error estratégico fue hacer la propuesta original a sabiendas de que no iba a pasar y que carecía de negociación de alto nivel y de pasillos legislativos.

La estrategia de los priístas estuvo diseñada para dar un paso más hacia el control de los hilos de poder con miras a ganar la presidencia de la república en el 2012.  Pero fue obvia la manera de contener los espacios de poder de la presidencia pero abrirlos a los gobernadores. El Plan de Austeridad impuesto por el PRI no va a descender a nivel de gobernadores. En realidad los priístas no buscaron el recorte en el gasto corriente sino tapar los márgenes de maniobra del ejecutivo en materia de gasto. Por eso los priístas buscaron un presupuesto austero, con programas de gasto a nivel de gobernadores y controles sobre el ejecutivo para evitar manejo discrecional de fondos ni transferencias especiales vía Hacienda.

Así, los ejecutivos estatales podrán usar a su gusto electoral dinero de obras y programas, en tanto el ejecutivo federal tendrá que administrar las restricciones presupuestales. Pero en esta estrategia salió a relucir la falta de una verdadera política de inversión pública del gobierno federal y la ausencia de experiencia en el manejo de programas de obra que pudieran tener una capitalización política y electoral. Por eso fue que el PRI concedió especial importancia a la inversión en el campo, pues tiene la intención de recuperar el voto verde que perdió en los años del neoliberalismo priísta. No por menos, por ejemplo, la pieza clave en el gasto destinado al campo fue la menguada y desfalleciente CNC, el brazo campesino del PRI que fue creado para organizar a los campesinos para votar y no para producir.

Lo que queda por aclarar es si la cesión de derechos que hizo el PAN y Hacienda a los priístas fue una entrega anticipada del poder o producto de la falta de liderazgos legislativos o de plano la expresión  de la impericia en el ejercicio del poder. Sea lo que sea, el caso fue que el PAN permitió que le ataran las manos al presidente de la republica y se las desataran a los gobernadores.

 

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