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Viernes 27 de noviembre de 2009

+ Transición, ruptura, continuismo

+ Crisis: modelo, sistema, régimen

 

MADRID, España.- Durante dos días, académicos, analistas y políticos discutieron en escenario de corto plazo mexicano y la conclusión no fue nada satisfactoria: México se acerca a la hora de la decisión definitiva de optar por la transición, la ruptura, el continuismo o la restauración.

Los espacios de movilidad actual de los actores sociales, políticos, económicos, intelectuales y oficiales son estrechos por la escasa flexibilidad de las instituciones y las reglas del juego político, frente a un desbordamiento de las pasiones. El problema de fondo radica en el hecho de que la nueva dinámica de la movilidad social y política se sigue encauzando en los viejos cauces del régimen priísta.

Organizado por la Fundación-Instituto Universitario José Ortega y Gasset y por el Centro de Estudios de México de la Unión Europea, el VII seminario internacional de análisis sobre México permitió enfrentar dos versiones de la realidad: la basada en la metodología de la crisis permanente que exige nuevas formas de planteamiento de las soluciones y la que se sustenta en los mecanismos de la evolución lenta de las instituciones.

Sin embargo, el problema mexicano no es de abordamiento del análisis de la realidad sino de encontrar la explicación sobre la dinámica del cambio. Y ahí se localiza la que pudiera llamarse la explicación Huntington: la violencia e inestabilidad en las sociedades en cambio --y México se encuentra en esa situación-- se explica por el rápido cambio social y político de la sociedad y la lenta transformación de las instituciones sociales, políticas y de gobierno. La crisis de gobernabilidad en las sociedades en transición se documenta con las evidencias de que el hecho de que las demandas de la sociedad son mayores a las ofertas de transformación política de las instituciones. El ánimo social en la participación en los asuntos públicos no pasa siempre por la modernización ad hoc de las instituciones.

En este contexto, la crisis de las crisis se identifica en la creciente exigencia de la sociedad en la solución de sus problemas, pero en la decreciente modernización de las instituciones. Por tanto, la crisis mexicana puede enfocarse en el espacio analítico de la transición española a la democracia. Una de los argumentos decisivos de de Adolfo Suárez para sustentar la tesis de la transición radicó en el hecho de que en la sociedad española había ya una concepción normal de la democracia, pero las instituciones franquistas se resistían a asumir esa nueva normalidad. Por eso Suárez se comprometió a elevar a la categoría de normalidad política lo que era normal a nivel de la calle.

En el modelo Huntington existen tres explicaciones del desorden político y social: la racionalización de la autoridad, porque ya no se puede ejercer el poder sin los contrapesos democráticos y/o de participación social; nuevas funciones de la política, ahora más amplias y con una mayor vigilancia social; y la creciente participación política y social de los ciudadanos. En este contexto, la crisis mexicana advierte la movilización de grupos sociales a favor de sus beneficios, pero sin pasar por la modernización de las instituciones.

La crisis mexicana tiene tres fases: el agotamiento del modelo de desarrollo, la disfuncionalidad de las instituciones y la falta de cauce para la participación de la sociedad en la exigencia de solución de sus problemas. Es decir, la certeza de que el viejo régimen priísta que fue derrotado en las urnas en el 2000 y 2006 en realidad siguió vigente por la ausencia de un modelo alternativo, la incapacidad de los gobernantes panistas para modernizarlo y la decisión de la sociedad para buscar beneficios propios antes que detectar las necesidades comunes con otros grupos demandantes.

De ahí que el problema no radica en la debilidad del gobierno en turno, el avance electoral del PRI o la estridencia de la oposición radical sino en el hecho de que nadie está pensando en una transformación del régimen a partir de una negociación plural. España logró saltar el posfranquismo, modernizar su aparato político y controlar la crisis con tres mecanismos: la reforma del poder, los Pactos de la Moncloa y la apertura de cauces de participación a la izquierda y la derecha.

El modelo asumido por España fue el de la ruptura pactada con todas las fuerzas. Inclusive, como lo cuenta Abel Hernández en su libro Suárez y el Rey, la transición operada por Adolfo Suárez comenzó por racionalizar el papel de la monarquía para que el Rey no fuera el verdadero sucesor de Franco sino que las fuerzas políticas crearan un espacio de actualización de las instituciones políticas. México seguirá hundido en la crisis en la medida en que no haya una fuerza ejecutiva fuerte y decidida para fijar los espacios de la ruptura pactada y con ello transformar las bases mismas del sistema, del régimen y del modelo de desarrollo.

La única salida que tiene México para retomar el rumbo del desarrollo es llegar a la conclusión de que el viejo régimen priísta ya se agotó --a pesar de que el PRI siga ganando elecciones-- y el gobierno panista decida tomar el camino de transición a la modernidad vía una ruptura pactada con todas las fuerzas. Si no lo hace, entonces el 2012 México padecerá la restauración del viejo régimen priísta.

 

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