Domingo 4 de octubre de 2009

 

+ Crisis: FMI, ¿neopopulista?

+ Déficit: Obama puso barullo

 

El gran debate que trajo consigo la crisis es el del papel del Estado. Para evitar recesiones profundas, la mayoría de gobiernos capitalistas regresaron los ojos al gasto público y por tanto al déficit presupuestal condenado por el FMI. El gobierno de Obama va a tener un año de 12% de déficit presupuestal. Sin embargo, la ortodoxia en algunas naciones sigue condenando al déficit público.

En México no se ha abierto un debate: sigue prevaleciendo el miedo al déficit, aunque la falta de gasto público provoque una severa caída del PIB de hasta -7% en 2009. En este contexto, el Departamento de Análisis Político y Económico de la consultora Prospecta Consulting preparó un reporte especial sobre el papel del déficit de las finanzas públicas en la recuperación:

El déficit como política anticrisis

La falta de crecimiento de la economía mexicana ha sido tema recurrente de debate, aun antes de la profunda y prolongada crisis económico financiera de 2008-09; ya que en los últimos 30 años hemos promediando un mediocre 2.5% del PIB anual, que refleja la falta de inversión para el crecimiento, como un problema estructural, la energía del gasto público se ha consumido en el gasto corriente >sueldos, prestaciones, servicios generales, etcétera<. Ésta fue la preocupación central que llevó a Javier Beristáin y a otros connotados economistas a organizar las reuniones del llamado Grupo Huatusco.

La severa caída del PIB durante 2009 pone una vez más el tema en el centro de la discusión. Amén de los problemas de medición del PIB, y que son particularmente agudos en México todavía a pesar de la corrección que llevó a cabo el INEGI a partir de 2007, la principal causa del pobre crecimiento es la baja tasa de inversión con respecto a otras economías.

La inversión es parca porque la combinación del retorno esperado y el riesgo que ofrece el país no es suficientemente atractiva y no tanto, por falta de recursos de ahorro.

Esta situación se da, en primer lugar, porque no se ha invertido sistemáticamente en mejorar el perfil de riesgo y reconocerlo como una ventaja comparativa fundamental. La falta de estado de derecho, la relativa inestabilidad política y dudas sobre el compromiso con la estabilidad macroeconómica hacen de México un país más arriesgado de lo que puede y merece ser. La ironía es que la economía puede mejorar su perfil de riesgo en un plazo relativamente corto, pero no se ha querido ver en este proyecto una inversión que vale la pena hacer.

En segundo término, la combinación retorno riesgo es también poco atractiva por la baja productividad y el alto costo de producción como consecuencia de los problemas estructurales que se padecen y sobre los que no se actúa por razones políticas.

Por lo que después de varios sexenios consecutivos de trabajo para que México lograra desendeudarse y alcanzar un equilibrio en las finanzas públicas; desde el 2009 y de cara a la recesión, el Gobierno Federal tuvo que recurrir a un pequeño déficit público para pretender estimular la economía. Éste es un mal necesario que predominará en los años siguientes como consecuencia de la fuerte crisis recesivas >estrategia adoptada por la gran mayoría de los países en el mundo, para enfrentar la crisis global<.

Históricamente, durante las denominadas crisis recurrentes, la debilidad de las finanzas públicas era tal que nunca se podían aplicar políticas anticíclicas cuando había ciclos internacionales negativos. Sin embargo, gracias a que desde el 2006 se logró un equilibrio de las finanzas públicas (déficit tradicional cero); en 2008, cuando se elaboró el presupuesto económico para el año actual y de frente a la crisis que se avecinaba, el Gobierno Federal se propuso incurrir en un pequeño déficit en este rubro >equivalente al 1.8% del Producto Interno Bruto (PIB); pero debido a la recesión y a la caída del petróleo, es probable que sea cercano al 3% aun con los recortes al gasto que ya se realizaron<.

Aunque los expertos aseguran que se debe plantear un déficit fiscal de 6% hasta 8%, para aplicar una política anticíclica a través de un mayor gasto público, principalmente en gastos de inversión; en particular, en la infraestructura; ya que el imperativo nacional, es una estrategia prioritaria, donde se debe crecer, para fortalecer el mercado interno.

Para Adolfo Albo, economista en jefe para México del grupo BBVA Bancomer: “sin duda, ésta es la primera ocasión en que tenemos las famosas políticas contracíclicas: primero, gastar cuando hay recesión y, segundo, bajar tasas de interés cuando el tipo de cambio se ha depreciado”. Donde añadió que, entonces, existe una política fiscal en apoyo al gasto de inversión y una política monetaria al bajar las tasas de interés. Esto constituye un gran paquete de políticas contracíclicas, ya que, después, hay de tipo sectorial o individual, aunado a los paros técnicos para la industria automotriz y para las industrias exportadoras, algunos apoyos hacia exportadores, y políticas de financiamiento para empresas; en otras palabras, todo lo que está haciendo la banca de desarrollo.

En el mismo tenor, apuntó Cesar Castro, director de análisis económico del Centro de Análisis y Proyecciones Económicas para México (Capem), el gran problema existente con Estados Unidos es que no se sufrió una mayor caída en el consumo, sino el comercio exterior; sus importaciones descendieron en el orden del 34%.

  • “Eso es veneno puro para el resto del mundo; esa es la correa de transmisión de su recesión hacia el globo, lo que afecta de forma trágica a los sectores industriales de los países con los que comercializa más, que son México, Canadá, Japón, Alemania y China”.

Crecer con déficit, estrategia necesaria

Sobre el punto de si puede ser sano crecer con un déficit fiscal moderado de las finanzas públicas, cabe recordar que este año será el primero en el cual éstas presentarán lo conocido como un déficit  fiscal estructural; es decir, la economía puede expandirse en función de un crecimiento natural, lo que puede ser considerado como un incremento potencial.

 “En el 2009, el déficit creció por la recesión pero, estructuralmente, México no tiene un déficit tan alto”, apuntó Adolfo Albo.

México tiene la enorme ventaja de que lleva más de 20 años con políticas de saneamiento en las finanzas públicas, y la deuda pública es baja.

De acuerdo con Albo, se trata de una deuda que está ligeramente debajo del 30% del PIB, cuando estos porcentajes son significativamente más altos en muchos países industrializados.

Por lo que resulta fundamental en analizar los criterios del déficit público, por ejemplo, cuando se integro la Unión Europea (UE) se determinaron criterios del déficit para irlos  reduciendo gradualmente e, incluso, mantenerlos; pero México puede tener, relativamente, un nivel modesto de déficit sin tener mucho ruido >que según cálculos de algunos expertos, puede situarse en alrededor del 8% y hasta un 10%, siempre y cuando el destino sea en inversión<; el problema son los excesos, que sea por un tiempo prolongado y que se vaya acumulando”, comentó el experto financiero.

En ese sentido, los expertos coinciden en señalar, que se puede tener un déficit moderado; lo importante, más allá de eso, es que se debe hacer una:

  • Reforma fiscal integral
  • Es necesario trabajar de lado de los gastos: mejorar su calidad, que el gasto sea más eficiente, más transparente que tenga un mayor impacto en la actividad económica, que es donde hay mucho espacio de mejora para tratar de rebalancear el gasto, de uno de menor corriente a uno de mayor inversión.

Lo anterior significa que la administración del presidente Calderón debe hacer un esfuerzo mayor de bajar el gasto corriente.

Moderación en el déficit

Respecto hasta qué punto es posible moderar o manejar el déficit, los expertos que participaron en este estudio, señalaron que, de acuerdo con el criterio referencial de la Unión Europea, se habla de niveles alrededor del 3.5% como una referencia.

Sin embargo, para el economista en jefe de BBVA Bancomer, lo anterior no es una medida que se pueda trasladar totalmente a México, porque eso depende de cuánto pueden crecer las economías puesto que hay algunas que tienen poco desarrollo y un déficit menor, mientras que están las que pueden expandirse mucho y, por tanto, pueden tener un déficit más grande.

El analista Capem comentó que si el presidente de EU, Barack Obama quiere recuperarse con un déficit de 12% del PIB; todas las economías del mundo van a tener que incurrir en un déficit fiscal contracíclico temporal por unos dos o tres años para levantar sus economías, ya que esto es una condición necesaria para restablecer la recaudación.

Hay riesgos de crecer con déficit

También vale la pena señalar, que crecer con déficit tiene que ser visto como una medida de corto plazo y emergente, no como una estrategia  permanente; es algo que ayuda, pero no debe ser considerada como la solución, coincidieron en señalar los expertos.

Es necesario trabajar más en los temas de fondo, comentaron los expertos, como es la competitividad, en qué se puede hacer para que México sea más eficiente y, en consecuencia, que crezca más rápido y a tasas más altas por un periodo más prolongado.

Agregaron los especialistas, que los riesgos en que incurre nuestra economía al tener que crecer con déficit del sector público son, fundamentalmente, que esto sea visto como una solución y que, al incurrir en déficit se deje de hacer el resto, en pocas palabras, verlo como una salida fácil.

En este sentido, Luis Bellescá, director general del IMERVAL, firma de consultoría para el sector financiero, fue entrevistado por Prospecta Consulting, sobre el beneficio que podrían tener las empresas si la economía mexicana crece en 2010, aunque sea con un déficit en las finanzas públicas.

  •  “El beneficio es que crezca la economía, al crecer tenemos más ventas e ingresos; sin embargo, el perjuicio de que se crezca con déficit es que eso es inflacionario y esto es el peor impuesto que se le puede poner a cualquier persona o empresa; aunque los paradigmas han cambiado y hay muchos ejemplos en que no ocurre este fenómeno”, aseguró.

Afirmó a Prospecta Consulting, que él, como empresario:

 “Me preocupa que los gobiernos federal y estatales tienen demasiado gasto corriente, que es parte importante del problema del déficit, y eso es lo que provoca presiones sobre la inflación; no el gasto de inversión. Por lo que si el déficit, se aplica sólo a inversión, como en infraestructura o telecomunicaciones, no hay estos riesgos inflacionarios”.

Todo lo anterior implica enfrentar para cambiar, varios problemas no menores:

1.- Montos: el gasto programable del gobierno es ya históricamente alto, por lo que hay poco espacio para gastar más y hacerlo de una manera eficiente y responsable. El gasto propuesto para 2010 es el más alto de los últimos 20 años, medido tanto en pesos reales como en proporción del PIB. Sólo es más bajo que el presupuesto aprobado >mas no ejercido< de 2009.

2.- RFSP: los requerimientos financieros del sector público >la medida más correcta del déficit público< son ya altos y han crecido como resultado de la caída en ingresos petroleros, la expansión del gasto y menores ingresos tributarios por la crisis. En 2007 representaban sólo 1.1% del PIB; en 2008 subieron a 2.1%; en 2009 se espera terminen en 3.3% o 4.4% si no se toman en cuenta los ingresos no recurrentes, en 2010 se espera que lleguen a 3.6% del PIB

3.- Tiempos: el momento para impulsar la demanda agregada a través de mayor gasto público deficitario no es 2010, era el segundo semestre de 2008; es altamente probable que el consumo y la inversión tengan tasas de crecimiento positivas y significativas durante el segundo semestre de 2009.

4.- Problema estructural: México tiene problema estructural de finanzas públicas, si fuera coyuntural tendría sentido elevar el déficit de manera temporal; no lo es. El faltante de recursos está determinado en mucho mayor medida por causas estructurales >menor plataforma de explotación petrolera, sistema impositivo deficiente, estructura de gasto y pasivos, incluidos los contingentes<, que por el ciclo económico y la crisis. La caída en ingresos petroleros ha sido más rápida y pronunciada de lo que se pensaba, aun con precios favorables.

5.- Falta de crédito: como consecuencia de la crisis, las posibilidades de financiamiento externo son muy limitadas, en un entorno global de alta competencia de búsqueda de créditos

6.- Desplazamiento de privados: el financiamiento interno de un déficit resultaría en un desplazamiento de los usuarios privados del crédito, que padecen ya una importante restricción crediticia.

 7.- Inestabilidad: el déficit presionaría al tipo de cambio a través del deterioro de perspectivas de calificadoras y las expectativas de operadores del mercado y de inversionistas, tanto nacionales como extranjeros.

 

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