Viernes 9 de octubre de 2009

 

+ SME: voto por voto, casilla por…

+ Esparza, como Fidel Velázquez

 

La decisión de la Secretaría del Trabajo de rechazar la toma de nota a la nueva dirigencia del Sindicato Mexicano de Electricistas fue un dardo que pegó en el corazón de la legitimidad del sindicalismo independiente y revolucionario. Martín Esparza cometió un escandaloso fraude electoral y apenas ganó por 352 votos.

Acicateado por los grupos rupturistas que andan a la caza de conflictos que asesorar para reventar la gobernabilidad de la república, Esparza ha decidido estrangular la ciudad de México y confrontar al gobierno de la república para mantener su victoria con alrededor del 0.8% de ventaja en los votos de los trabajadores.

Las maniobras de simpatizantes del SME han creado una burbuja especulativa: que el rechazo a la toma de nota para reconocer oficialmente la dirección de Esparza es una estrategia para privatizar la Compañía de Luz o para cerrarla. Sin embargo, el asunto es más sencillo: si Esparza convocara a nuevas elecciones aún más vigiladas y las ganara, la autoridad sin ninguna objeción le otorgaría la toma de nota.

Sin embargo, el fraude electoral en las elecciones sindicales fue producto justamente del agotamiento de la línea de activismo político revolucionario del sindicato. La derrota de Esparza significará la pérdida de un eslabón político de los grupos de la ultra radical que no reconocen las instituciones. El antecesor de Esparza, por ejemplo, estuvo en un mitin de Día del Trabajo en Cuba en el 2001 para criticar en país extranjero al gobierno mexicano, en un acto típico de traición a la patria.

Si se miden los estilos de razonamiento de los grupos rupturistas que apoyan a Esparza --todos ellos articulados curiosamente a Andrés Manuel López Obrador--, ninguno de ellos ha aportado pruebas exculpatorias del fraude. Por tanto, su movimiento trata de imponer a un líder que realizó un fraude electoral para acreditarse las elecciones.

El problema es de legalidad. Un abogado, con premios acumulados, acaba de poner en duda que la Secretaría del Trabajo “tuviera facultades para reconocer a los dirigentes elegidos por sus compañeros”. Según el Diccionario de la Lengua Española, que avala precisamente la Academia Mexicana de la Lengua y que deben conocer y respetar precisamente todos sus miembros con rango de Académicos, reconocer significa “examinar con cuidado algo o a alguien para enterarse de su identidad, naturaleza y circunstancias”.

Y ahí la ley es clara: el artículo 365 de la Ley Federal del Trabajo establece los requisitos legales que deben cubrir los sindicatos para registrarse como tales ante las autoridades laborales. Y el 366 enumera las razones por las cuales “el registro podrá negarse”. La fracción III indica que no habrá registro “si no se exhiben los documentos a que se refiere el artículo anterior”. Y el 365 exige “copia autorizada del acta de la asamblea en la que se hubiese elegido la directiva”. Y Esparza entregó documentos alternados, sin valor legal y sobre todo carentes de las firmas legales.

Por tanto, no se necesita ser abogado ni académico de la lengua para concluir que legal y lingüísticamente la elección de Esparza careció de valor jurídico y por tanto no procedía tomar la nota de registro. Si se tratara de un asunto meramente sindical, entonces Esparza debió de haber convocado a nuevas elecciones y acreditado ahora sí una victoria sin dudas. Pero como tuvo que realizar un fraude electoral para ganar con apenitas 352 votos, su negativa a nuevas elecciones se basa en la certeza de su derrota.

Lo paradójico del asunto es que los lopezobradoristas que siguen viviendo de la ordeña de las elecciones de julio de 2006 y que no reconocen al presidente Calderón por una diferencia de votos de poco más de 250 mil votos, hoy actúan con hipocresía ante la demanda de la planilla defraudada por una diferencia de 352 votos. Las evidencias presentadas por la planilla perdedora del SME fueron más contundentes que las convicciones de López Obrador en el 2006: muertos que votaron, carrusel de votos y sobre todo un acta electoral falsificada y sin cumplir con la legalidad.

Lo que no pudo acreditar legalmente Esparza, ahora lo quiere imponer con el desorden callejero: las marchas castigan a la sociedad que, por cierto, mantiene a los trabajadores electricistas porque los ingresos de la Compañía de Luz son a través de recursos fiscales pagados por los ciudadanos. El SME ha comenzado un proceso de ruptura institucional para imponerle a las autoridades laborales el reconocimiento a la directiva sindical de Esparza pero sin cumplir con la ley del trabajo.

Quedan, de todos modos, las hipocresías. Apareció al lado de Esparza nada menos que Porfirio Muñoz Ledo, hoy diputado del PT y antes miembro de todas las corrientes ideológicas, quien como secretario del Trabajo del gobierno priísta de Luis Echeverría dirigió el aplastamiento legal del sindicalismo independiente, sobre todo el caso de Cinsa-Cifunsa. Muñoz Ledo en aquellos años protegía el cacicazgo del PRI y de Fidel Velázquez. Hoy, con esa biografía, carece de autoridad moral para asesorar al SME.

Al final, el caso es sencillo: Esparza debe realizar nuevas elecciones. Pero se niega a realizarlas por el miedo a la derrota. Por ello usa la amenaza de caos para obligar al gobierno a reconocerlo al margen de la legalidad.

 

www.indicadorpolitico.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

- - 0 - -

Imprimir


  Regresar