Miércoles 14 de octubre de 2009

 

+ Proletariado sigue sin cabeza

+ PRD, nada más un PRI-espejo

 

La debilidad esencial del movimiento obrero radica en

la ausencia de un verdadero partido proletario de clase.

José Revueltas

 

1.- El golpe mortal contra el Sindicato Mexicano de Electricistas por la liquidación de la empresa Luz y Fuerza fue la evidencia que faltaba para probar la severa crisis política e ideológica de la izquierda mexicana y del movimiento obrero independiente. Los trabajadores y sus sindicatos carecen de rumbo, de definición ideológica y de articulación social.

2.- La derrota política del SME demostró lo que José Revueltas documentó en 1962: la existencia de un “proletariado sin cabeza”, es decir, de una clase trabajadora sin un partido de la vanguardia de la clase obrera. Los trabajadores han quedado atrapados en la red de intereses de la burocracia perredista y de la jauría lopezobradorista. A pesar de haber nacido de las cenizas del Partido Comunista Mexicano, el PRD derivó en un partido-espejo del viejo PRI.

3.- De la derrota ferrocarrilera de 1958 a la derrota electricista de 2009 hay cincuenta años de una organización sindical revolucionaria sin dirección, marcada por la espontaneidad, víctima de la confusión ideológica, sin conciencia histórica obrera y más bien orientada hacia la lumpenproletarización. Más que una victoria del Estado neoliberal o del gobierno panista, el saldo del SME fue producto del fracaso del PRD como partido de izquierda y por tanto del proletariado.

4.- La crisis del SME se debió a la pérdida de su conciencia de clase. Pero también a la falta de un partido de la clase obrera. El PRD es un partido urbano, de masas informes y de élites burocráticas, en tanto que el Partido del Trabajo no tiene ninguna definición obrera y ha quedado como una franquicia al servicio del grupo que rodea a López Obrador. De ahí que los sindicatos, desde los setenta, hayan tenido que defenderse en solitario y sin un partido que encarrile sus intereses.

5.- La crisis del SME se debe analizar en el escenario histórico. El país se encuentra en la larga fase de reordenación de las relaciones de clase. La primera se dio con el apoyo de la Casa del obrero Mundial a Venustiano Carranza, ante la precariedad ideológica del movimiento campesino. La segunda se conformó como sector corporativo en el Partido de la Revolución Mexicana de Lázaro Cárdenas y los sindicatos se asumieron como defensores del Estado. La tercera comenzó en 1952 con la burocratización de los sindicatos y la represión de los sindicatos fuera del control del Estado: maestros, ferrocarrileros, telegrafistas, tranviarios, médicos, petroleros y electricistas fueron reprimidos como movimientos autónomos.

6.- Los sindicatos independientes han tomado el camino de la confrontación con el Estado, un poco por su poca capacidad organizativa pero también por la ausencia de un partido. El Partido Comunista alentó la política de choque contra el Estado y llevó a los sindicatos a las grandes derrotas magisteriales y ferrocarrileras. El Estado fue primero representante de los intereses de la clase trabajadora, luego fue el mediador de su bienestar y terminó en un aparato de control de la lucha laboral por beneficios económicos. El SME logró un buen paquete de prestaciones, pero no supo trasminarlas hacia la sociedad.

7.- Hasta ayer martes, el PRD como partido de izquierda no aparecía en el escenario de la lucha de los electricistas y López Obrador los sumó a su causa lombardista-priísta de luchas por el poder sin un programa de transformaciones estructurales. El PT hizo presencia sólo a través del guerrerismo de Fernández Noroña y la arterioesclerosis moral de Muñoz Ledo, pero no como partido de la clase obrera, a pesar de su pomposo nombre. Los sindicatos han reducido su lucha política a beneficios económicos justamente por la ausencia de un partido de la clase obrera. Pero en la misma medida han acumulado sólo derrotas.

8.- La decisión del gobierno federal panista sobre el SME y Luz y Fuerza del Centro es la misma que ha tomado el Estado desde  mediados del siglo pasado, luego del auge del sindicalismo en el sexenio de Cárdenas. El Estado definió su autonomía de clase y subordinó a las clases en pugna. Cuando los sindicatos o empresarios han querido quitarle espacios soberanos al Estado, la respuesta ha sido siempre autoritaria: la expropiación de la banca o la liquidación de sindicatos revolucionarios. El PRI dejó de ser el partido de los trabajadores --como lo quería Cárdenas-- hacia 1982 cuando tomó el camino de la neoliberalización de su desarrollo.

9.- La crisis del SME es simultáneamente la crisis del movimiento obrero. La fuerza autoritaria del Estado contra los sindicatos no se ha usado como parte de la reformulación de nuevas relaciones productivas y de clase sino cuando organizaciones obreras han querido disputarle poder territorial y político al Estado. La desaparición del SME no anuncia una nueva política laboral sino más bien refrenda una política de fuerzas del Estado.

10.- Lo ocurrido con el SME confirmó, casi cincuenta años después, la inexistencia histórica de un  partido de los trabajadores; es decir, de un verdadero partido de izquierda.

 

www.indicadorpolitico.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

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