Lunes 19 de octubre de 2009

 

+ SME: modelo desafuero 2004

+ FCH: juego costos-beneficios

 

Más allá de la caracterización superficial del problema SME-Felipe Calderón, la decisión de liquidar la empresa fue estratégica y se dio en un escenario de conflicto inevitable. El gobierno federal se adelantó al juego sindical de llevar el asunto a una huelga y la requisa y de paso aplicó el modelo desafuero 2004 para colocar a la oposición lopezobradorista en la radicalización callejera que siempre ha disminuido consenso social.

El punto clave del asunto radicó en el hecho de que el sindicato de Martín Esparza estaba enterado de que el gobierno de Calderón tenía preparada la decisión  de liquidar a la empresa, pero que no había encontrado el momento adecuado. Por tanto, el sindicato delineó su estrategia: aprovechar un conflicto que entorpeciera la decisión gubernamental.

La liquidación de la empresa Luz y Fuerza del Centro quedó enmedio de un juego de estrategias. El sindicato le dio al gobierno la magnífica oportunidad al querer obligarlo a darle la toma de nota una dirección sindical fraudulenta. Y el gobierno federal aprovechó la amenaza del SME de estallar una huelga que hubiera llevado de modo natural a la requisa y al fortalecimiento del sindicato y prefirió liquidar la empresa y desparecer al sindicato al dejarlo sin espacio de poder.

La ingenuidad del sindicato se basó en la percepción de que el gobierno de Calderón no se iba a atrever a liquidar la empresa, pero al final los ingenuos fueron los dirigentes sindicales: el diálogo en Los Pinos con el secretario particular del presidente de la república y la promesa de dar respuesta el lunes hizo que los sindicalistas se fueran de farra el fin de semana. Y la liquidación de la empresa fue un sábado, bajo las narices del gobierno del DF y sus fuerzas de seguridad y espionaje.

El punto decisivo estaba en quién iba a dar el primer paso. El choque era inevitable: o el gobierno federal cedía a la presión sindical violenta en las calles para reconocer a la dirección sindical fraudulenta o el sindicato estallaba la huelga y obligaba al gobierno a una requisa que hubiera fortalecido políticamente al SME. La decisión fue adelantar el cierre de la empresa, dejar al sindicato sin el poder sindical de la huelga y apresurar la liquidación salarial de trabajadores.

El escenario era delicado. El SME se enfilaba a un choque político con el gobierno, pero a partir también de sus alianzas con el lopezobradorismo para el 2006. E iba a resultar paradójico que el movimiento opositor de ruptura institucional de López Obrador fuera financiado con dinero público porque el SME trabajaba para una empresa paraestatal. El SME tenía tres escenarios de confrontación: desafiaba al Estado al obligarlo a reconocer un fraude interno, operaba sobre un área estratégica de la economía y estaba articulado a grupos de oposición radical.

Las decisiones de poder se basan siempre en el esquema costo-beneficio. Al final, la liquidación de LYFC y el conflicto con el sindicato tuvieron costos menores y de plazos definidos que haber contribuido al fortalecimiento del sindicato con el reconocimiento bajo presión de la dirección sindical fraudulenta de Martín Esparza o la requisa. El otorgamiento de la toma de nota a Esparza, a pesar de las pruebas del burdo fraude electoral, hubiera sometido al gobierno federal a los caprichos de un grupo de presión dentro del Estado y en un área económica estratégica.

El beneficio tuvo dos expedientes: el directo, liquidar un feudo de poder político de la oposición en las entrañas del Estado y con ello reducirle fondos de financiamiento al grupo de López Obrador. Y el beneficio colateral resultó de aplicar el modelo desafuero 2004: obligar a la oposición lopezobradorista a radicalizar su lenguaje y sus movilizaciones. La crisis del SME tuvo el efecto de colocar a Marcelo Ebrard al frente de los grupos radicales que buscan beneficios propios y avalar la lucha callejera. En el 2005 López Obrador llenó las calles de furia y perdió votos al correrse hacia la izquierda radical. Ebrard cometió el mismo error y ahora aparece como el candidato de los radicales de las calles que quieren imponerle al Estado decisiones de poder.

El fondo del problema se localiza en los errores de los análisis políticos. Con la liquidación de LYFC el gobierno de Calderón no abrió otro frente de conflicto sino que más bien lo encaró. El frente ya estaba abierto con el desafío del SME de querer obligar al gobierno a otorgarle la toma de nota a una dirección sindical fraudulenta. En realidad, Calderón asumió un conflicto pero con ventaja hacía su gobierno. En lugar de una huelga y requisa con un sindicato vivo, tomó el camino de la liquidación de la empresa y por tanto la desaparición del sindicato. Ahí fue donde Calderón se vio más hábil que el SME y sus aliados estratégicos. Por ello es que la estrategia del SME es la de revivir la empresa para poder negociar como sindicato en funciones y no realmente inexistente.

En los juegos estratégicos de poder la clave se localiza en la iniciativa. El gobierno de Calderón se adelantó a la huelga-requisa, rompió un feudo de poder sindical-político de  López Obrador y creó un espacio de poder autónomo luego de la derrota electoral panista del 5 de julio. Al final, los beneficios serán más valiosos que los costos.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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