Martes 27 de octubre de 2009

+ Fisco: la última oportunidad

+ Presupuesto para el desarrollo

 

Los enredos en el PRI y los problemas priístas para rehacer la política fiscal del 2010 han regresado al PAN una última oportunidad para redefinir la estrategia recaudatoria como instrumento para reactivar el crecimiento económico.

El problema podría ser de tiempo. Los priístas no pudieron diseñar decisiones fiscales para estimular la economía y optaron por el camino de medidas eminentemente recaudatorias, más o menos en la lógica del paquete de la Secretaría de Hacienda. Ahora el gobierno calderonista tiene la oportunidad para colocarse delante del PRI, decidir una política fiscal para la reactivación y cambiar el signo de la recesión y el desempleo que le hizo perder las elecciones legislativas del pasado 5 de julio.

La política económica enfrenta el verdadero dilema fiscal a que lo condujo la severa crisis internacional del año pasado: crecer para recaudar o recaudar sin crecimiento. El primer camino implicaría la decisión política de liberar impuestos --reducirlos-- para aumentar la demanda, estimular la oferta y crecer la recaudación por mayor actividad económica. El segundo sólo se agota en cobrar más impuestos quitándoselos a la demanda y la oferta sólo para tapar hoyos presupuestales y no para estimular la economía. La disyuntiva radica en la estabilidad macro o el PIB.

El gobierno de Calderón tiene en contra el peso político de las cifras: el PIB promedio anual en la primera mitad de sexenio fue -0.3% y, de cumplirse las metas oficiales para 2010-2012, de 3.7% en la segunda mitad. A nivel sexenal, el saldo sería bajo: 1.7%, menor al promedio de 2.5% del periodo 1983-2000. De ahí el desafío gubernamental: o estimula el crecimiento como prioridad o las cuentas sexenales serán una carga política-electoral para el 2012 y operarán en contra de los candidatos panistas en el 2012 en el 2009.

Los problemas priístas para reconsiderar los impuestos aprobados por la mayoría tricolor en la Cámara de Diputados y repudiados por la bancada priísta en el Senado le dan al PAN la oportunidad para retomar la iniciativa en materia de política fiscal. Sin embargo, la idea original del 2% carece de destino político. El PAN podría retomar la estrategia --por cierto aprobada por el Fondo Monetario Internacional-- de bajar los impuestos para estimular el consumo-oferta y cargar pasivos al déficit presupuestal. Hasta ahora México es el único país del mundo que sigue la vieja doctrina del FMI del déficit cero.

De acuerdo con Hacienda, los requerimientos presupuestales de México son de 2.5% del PIB, algo así como 110 mil millones de pesos. Para ello el PRI autorizó el aumento de 1% al IVA, de 2% al impuesto sobre la renta. En total, el alza de impuestos --depósitos, tabaco, cerveza-- le daría a las finanzas algo así como 124 mil millones de pesos, más 55 mil millones adicionales por el déficit presupuestal de 0.8% y el aumento en el precio de referencia del petróleo de exportación. Sólo el 2% de déficit presupuestal le aportaría recursos al gobierno por casi 110 mil millones de pesos. Y es un volumen de déficit aprobado por el FMI.

El problema radica en el efecto de la recaudación de impuestos --los 124 mil millones por alzas de contribuciones-- porque quita dinero al consumo e inversión y condena a la economía a mantener su tendencia recesiva. La nueva tesis del FMI es bajar impuestos para aumentar el poder de compra del salario y éste presione a la alza la actividad económica. Al final, la recaudación no es dañina cuando se da en una economía en crecimiento.

De ahí el modelo de crecer para recaudar. Sin crecimiento hay desempleo y entonces la recaudación entra en una zona de tensión porque además bajaría de modo natural la base de contribuyentes con capacidad de pago de impuestos. El PRI parece haber tomado el control de la política fiscal no para estimular el crecimiento sino para abatirlo, quizá porque beneficia al PRI que se profundice la recesión y por tanto aumente el desempleo y cargue ese costo al gobierno panista en el 2012.

Por ello el gobierno calderonista se enfrenta a una decisión política de largo plazo: revertir la recesión y el desempleo para superar el castigo social en las urnas del pasado 5 de julio. La tentación de dejarle al PRI la definición de la carga fiscal para luego capitalizar políticamente los costos sería menor al efecto de la redefinición de la política fiscal en el contexto de un plan de reactivación económica para crear empleos. El dilema fiscal radica en el dilema recesión/crecimiento.

La pobreza es producto de la desaceleración económica y de la injusta distribución de los costos de los ajustes económicos. Y la pobreza se combate de dos maneras: con subsidios gubernamentales financiados con impuestos o con la creación de empleos. Los primeros con tribuyen apenas a atenuar las condiciones de marginación, en tanto que el empleo permite aumentar las posibilidades de superar las condiciones de pobreza y aumentar el bienestar.

Por tanto, la mejor política económica y la más sana es la que opta por el crecimiento económico.

 

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