Martes 1 de septiembre de 2009

+ PAN: fracaso o reactivación

+ PRI: colaborar o zopilotear

 

En medio de la peor crisis por la acumulación de desequilibrios, el gobierno del presidente Calderón comenzará hoy una nueva etapa política que enfrentará un grave dilema para el país: la cohabitación democrática con la oposición mayoritaria en el congreso o el derrocamiento por presiones de radicalismos partidistas.

Pero al mismo tiempo, el gobierno calderonista parece haber llegado al punto de inflexión de definiciones básicas: o toma la iniciativa política de Estado para promover un pacto de reorganización nacional o decide flotar en medio de los jaloneos con un PRI que va a operar en función de arrinconar al gobierno panista para desbrozar su camino de recuperación de la presidencia de la república en el 2012.

Calderón entro en la fase decisiva del tenis, en la que se disputan juego, set y partido. De ahí que el saque de salida de un nuevo set político se encuentra en el terreno del presidente Calderón. Y su margen de maniobra es prácticamente inexistente: una grave crisis social como cuando el gobierno de Echeverría descubrió la pobreza en 1970; una profunda crisis económica como la de De la Madrid en 1982 cuando afirmó que estaba en riesgo la existencia de México como nación; y una severa crisis política como la de Zedillo en 1997 cuando la oposición le quitó al PRI la mayoría en la cámara de diputados.

A partir de hoy el gobierno del presidente Calderón va a encarar el reto de construir una nueva opción para la república en medio de la crisis de desmoronamiento final del modelo de desarrollo priísta o de repetir el papel de segundo vagón detrás del PRI como en el periodo de reformas salinistas 1990-1993 sólo que ahora con el PRI como primera fuerza legislativa y en el 2012 de regreso a la presidencia de la república.

La única salida que tiene el gobierno calderonista es diseño de unos Pactos de la Moncloa de la transición española, ajustados a la realidad mexicana. El problema de ingresos públicos no se reduce al IVA en alimentos y medicinas sino que exige un replanteamiento integral de la política económica. Calderón tiene a su favor el hecho de que el PRI se volvió a dividir entre los neopopulistas que le apuestan a un modelo de desarrollo sin reformas y promotor de una nueva crisis por gasto desordenado y los neosalinistas que buscan reactivar el fracasado proyecto de globalización que se hizo trizas con la crisis de 2008.

Calderón enfrenta la evidencia de que el país del PRI ya terminó su ciclo: el actual modelo de desarrollo, con su correlación de fuerzas sociales y su precario equilibrio político, apenas sirve para atender al 40% de la población y las finanzas públicas carecen de recursos para subsidiar vía programas asistencialistas al 60% restante. Ahí se localiza justamente la tarea histórica del PAN: buscar un  nuevo proyecto nacional, pactarlo con las fuerzas políticas y sociales y darle sustento constitucional o rendirse sin buscarlo y esperar el 2012 para que la elección presidencial quizá reproduzca la polarización del 2006 y entonces el PAN salga beneficiado con los demonios del pasado que harán perder votos al PRI y al PRD.

México encara otro 1982: el colapso financiero, petrolero y devaluatorio de entonces facilitó la entronización del modelo neoliberal diseñado por Carlos Salinas, Joseph-Marie Córdoba Montoya y Manuel Camacho Solís para Miguel de la Madrid. En diciembre de 1982, De la Madrid declaró que estaba en riesgo la existencia de México como nación, aplicó un brutal y socialmente dañino programa de estabilización y modificó las bases sociales, políticas e históricas del pacto constitucional. Luego en 1990-1993 Salinas dio el siguiente paso con la subordinación de México a la economía de los Estados Unidos.

Hoy puede repetirse lo mismo: la crisis de viabilidad del actual proyecto nacional pone en riesgo la existencia misma de México como nación. El PRD neopriísta quiere el regreso del viejo populismo y el PRI salinista busca la profundización de la globalización sin reforma productiva previa y por tanto aumentar la dependencia de los EU. El PAN hasta ahora ha tratado de administrar la globalización y de controlar las crisis social, política y productiva, pero sin ninguna propuesta integral de desarrollo.

En este punto comenzará formalmente la segunda parte del sexenio de Calderón. La ausencia de mayoría se puede compensar con la recuperación de la iniciativa política. A su favor cuenta con el agotamiento del viejo modelo neopopulista del PRI y del PRI y la severa crisis del modelo de globalización del PRI neosalinista. En contra, sin embargo, se localiza la falta de un proyecto de modernización económica y política. Pero como la necesidad es la madre de todas las virtudes, el presidente Calderón tendrá la urgencia de encontrar un camino de viabilidad para la segunda parte de su sexenio o comenzar desde ahora la entrega-recepción de la presidencia al PRI.

El punto central se localiza en la decisión del presidente Calderón: tomar la iniciativa política para compensar la pérdida de posiciones de poder o cederle desde ahora al PRI legislativo --dividido, por cierto, entre neopopulistas y neosalinistas-- la definición del rumbo del desarrollo y permitir que el país comience el doloroso camino de regreso.

 

www.indicadorpolitico.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

- - 0 - -

Imprimir


  Regresar