Viernes 4 de septiembre de 2009

+ Estado de derecho, pisoteado

+ Por eso nunca habrá seguridad

 

Si quisiera encontrarse el huevo de la serpiente de la inseguridad, el pecado original radica en que la sociedad no respeta el Estado de Derecho. La planilla que ganó fraudulentamente las elecciones en el Sindicato Mexicano de Electricistas paralizó ayer el sur de la ciudad para obligar a las autoridades a reconocer el fraude.

Hacia el poniente, el consultor político Carlos Salomón Cámara criticó severamente en un comentario televisivo el caos reinante en Santa Fe por la incompetencia de las autoridades y por la noche asaltaron su despacho y se robaron prácticamente todo lo que había en el lugar. No se trató de un asalto común.

En los espacios del congreso, el flamante diputado Gerardo Fernández Noroña humilló la investidura y privilegió el fuero para irrumpir violentamente en espacios institucional con el sólo propósito de imponer la voluntad de López Obrador y su incumplimiento de las reglas electorales. López Obrador decidió no aceptar los dictámenes de los organismos electorales legales y fundó su república paralela.

El jefe de gobierno del DF, Marcelo Ebrard, cada día confirma que es el Juanito de López Obrador en la capital de la república. No se olvida que la candidatura de Ebrard fue impuesta por López Obrador cuando dijo en La Jornada que “el candidato debe ser Ebrard” y con ello privilegió el dedazo. Ebrard ganó en la misma elección de Calderón, pero López Obrador giró la orden ejecutiva legítima de no reconocer a Calderón. Y Ebrard realiza algunos gags de cine cómico mudo para estar presente en actos republicanos pero negarse a saludar, como exigiría la urbanidad política democrática, al presidente constitucional de la república. Ebrard quisiera a veces reconocer la institucionalidad, pero como el Juanito de López Obrador en el DF debe de cumplir con las órdenes del Caudillo.

Si uno de los puntos más importantes del cambio político que requiere el país para entrar a la modernización institucional es el Estado de derecho, la democracia ha derivado en lo que se podría denominar, como categoría de la ciencia política del siglo XXI, en el Estado del desmadre. Ya no es el relajo que caracterizó el filósofo Jorge Portilla, sino que se trata de institucionalizar y fundamentar políticamente el desorden.

Lo grave de todo radica en el hecho de tratar de imponer por la fuerza de la autoridad o de la presión callejera la voluntad ajena a las reglas del Estado de derecho. El colapso provocado ayer por el SME, por la presión para avalar un fraude electoral sindical debidamente probado, mostró de nueva cuenta la urgencia de una reforma laboral donde se respeten las conquistas sociales, la función tutelar del Estado sobre el trabajador y el sindicalismo democrático, pero que se terminen las complicidades del gobierno con las élites sindicales. El SME ha reproducido dramáticamente el estilo sindical de Fidel Velázquez: apoyo al gobierno a cambio del reconocimiento oficial a las dirigencias espurias e ilegítimas.

Si la autoridad y la clase política es la responsable del Estado de derecho, entonces ellos deben ser los primeros en respetar la ley. La viabilidad de la legislatura 61 no va a depender de los acuerdos entre los políticos sino de las locuras de Fernández Noroña para abusar de su fuero legislativo y reventar los actos institucionales.

Y el Palacio Legislativo va a ser testigo de la arterioesclerosis intelectual y moral de Porfirio Muñoz Ledo, diputado por todas las ideologías --desde la fascista priísta por sus alabanzas a Díaz Ordaz por la represión en Tlatelolco, hasta ahora su filiación en el PT salinista--, quien llegó a la deshonestidad moral de criticar la “calidad de los procedimientos electorales” que llevaron a los diputados a la cámara, sobre todo por representar ahora al PT de Juanito, sin duda el héroe existencial del muñozledismo lopezobradorista. El PT es hoy el germen lopezobradorista de la ruptura del orden constitucional político. Si Muñoz Ledo tuviera calidad moral, desde cuando se hubiera retirado de la política.

Para que la autoridad se imponga sobre las bandas del crimen organizado, necesita primero hacer respetar la ley. La ciudad de México es gobernada por un Ebrard atado a los compromisos callejeros de López Obrador y por tanto ha sido incapaz de luchar contra la delincuencia. Si las hordas perredistas, lopezobradoristas y bejaranistas violan la ley con impunidad, ¿cómo pedirles a los delincuentes que respeten el Estado de derecho? Si la ciudad de México es un caos porque cada quien hace lo que se le pega la gana, ¿cómo imponerle orden a la delincuencia si las fuerzas del orden son desdeñadas cotidianamente? ¿Cómo convencer a los delincuentes si analistas como Salomón Cámara son robados por criticar el desorden en Santa Fe, el juguetito y gran negocio de Manuel Camacho y Ebrard cuando servían eficientemente al proyecto político de Carlos Salinas de Gortari?

El punto 10 del decálogo del presidente Calderón habla de profundizar la lucha contra la delincuencia y el crimen organizado. Pero es lucha debe comenzar por una sociedad que respete el Estado de derecho y por una autoridad con calidad moral para hacerlo respetar. El problema de inseguridad comienza justamente en el Estado de derecho. Por eso estamos como estamos.

 

www.indicadorpolitico.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

- - 0 - -

Imprimir


  Regresar