Lunes 7 de septiembre de 2009

+ Oaxaca: pacto AMLO-Calderón

+ Pero riesgo en voto presupuestal

 

La candidatura de la oposición a la gubernatura de Oaxaca podría ser otra muestra de la hipocresía política de Andrés Manuel López Obrador y otra exhibición de la ingenuidad panista. Pero al mismo tiempo, llevaría al gobierno de Calderón a una ruptura con la bancada priísta en la cámara de diputados.

El estratega de la decisión del PAN de aliarse con el PRD es el hoy ex gobernador priísta oaxaqueño y reciente diputado panista Diódoro Carrasco, quien tiene la nada oculta esperanza de que el Juanito oaxaqueño de López Obrador, el senador Gabino Cue, le ayude a restaurar su cacicazgo local. Carrasco, de los juniors, de la entidad es conocido como el juniorcique (junior y cacique), gobernó Oaxaca de 1992 a 1998 y tuvo a Cue como secretario particular.

López Obrador quiere a su vez hacer una jugada de dos rebotes y tener ganancias personales en ambas: por un lado, armar una alianza opositora con todos los partidos en Oaxaca y con ello buscar la derrota del PRI; pero por otro, romper la precaria alianza del PRI con Calderón por la reacción negativa obvia de la bancada priísta oaxaqueña en el Congreso. Con el 15% de la bancada total priísta, la oaxaqueña podría destrozar la mayoría priísta y dificultar la votación del presupuesto.

Sin preocuparse por mostrar sus dos caras políticas --la de la “honestidad valiente” y la de la ambición del poder--, López Obrador ha dejado ver en Oaxaca un juego político similar al de Chiapas en el 2006; por un lado, participó con el PRD en una alianza con  el PAN de Calderón en la candidatura a gobernador de Juan Sabines; pero por otro lado, mantuvo en el DF un plantón poselectoral por el no-reconocimiento de Calderón. Al final, Sabines ganó por su propio carisma y el PRD quedó en un espacio minoritario en Chiapas.

En Oaxaca el Juanito de López Obrador es un político menor que inventó Diódoro Carrasco para enfrentarlo al poder del entonces gobernador José Murat. Por ideología, Gabino Cue está más cerca del PAN que del PRD. Sin embargo, los hilos titiriteros lo han convertido en una figura de la alianza opositora radical, inclusive con el apoyo de los anarquistas de la APPO y los grupos subversivos del alzamiento de 2006. En la elección estatal de hace cinco años Cue fue derrotado por el candidato priísta Ulises Ruiz. Y hoy el PRI domina absolutamente el estado.

El primer movimiento de López Obrador ya se dio. Luego de anunciar pomposamente que se iría “a vivir” seis meses a Oaxaca para encabezar la candidatura de su Juanito Gabino Cue, la semana pasada el tabasqueño inventó algunas giras en otras partes de la república y desapareció del escenario político oaxaqueño. De todos modos las giras locales de López Obrador habían sido un fracaso por la falta de organización y magro acarreo. En los días en que López Obrador salió del escenario oaxaqueño comenzaron las negociaciones entre el PRD y el PAN. Su ausencia fue la señal de aprobación para la alianza PRD-PAN.

Lo que el PAN no ha querido entender es también el doble juego político del flamante neopanista Diódoro Carrasco. Más que encontrarle un espacio al PAN en el estado, el ex gobernador sólo quiere el regreso de su cacicazgo de priístas desplazados. Carrasco y el presidente Calderón se han olvidado del papel estabilizador del gobierno de Ulises Ruiz ante ofensiva de López Obrador contra la legitimidad del actual gobierno de la república. Pero hoy Oaxaca cuenta con una de las bancadas federales más numerosa y suficientes alianzas como para formar un bloque de 50 legisladores y romper la mayoría priísta.

El gobierno priísta de Oaxaca nunca puso en duda la legitimidad de Calderón. Inclusive, el gobernador Ulises Ruiz fue de los primeros que le dijo al candidato priísta derrotado Roberto Madrazo que las elecciones las había ganado el candidato panista. Y por tanto, el gobierno priísta de Oaxaca fue pieza importante en la legitimidad institucional de Calderón. Y hoy el PAN nacional bajo el control directo de Calderón quiere pagar esa factura con una alianza con la fuerza política lopezobradorista que califica de ilegítimo al presidente de la república.

La candidatura opositora al gobierno de Oaxaca podría ser el primer tropiezo del PAN luego de su debacle del pasado 5 de julio. El problema panista radica en la posibilidad de que Carrasco también se haga cargo del control político del PAN oaxaqueño, a quien aplastó duramente cuando fue gobernador estatal.

Los dos interesados en la alianza PAN-AMLO en Oaxaca tienen intereses propios: López Obrador necesita otro Juanito y Diódoro Carrasco busca retomar el control político estatal. Y el PAN carece de un juego estratégico y busca ponerse en el furgón de cola de una alianza que tendrá réplicas negativas en la mayoría legislativa del PRI. Oaxaca puede ser la prueba de la ingenuidad de César Nava como flamante dirigente nacional del PAN.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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