Miércoles 9 de septiembre de 2009

+ Cambio de rumbo o adiós 2012

+ Calderón: sólo ajuste ortodoxo

 

Si el decálogo presidencial de la semana pasada abrió las expectativas de un verdadero cambio de rumbo apenas esbozado, el paquete económico para el 2010 regresó el país a las limitaciones de pensamiento económico ortodoxo y quedó en un mero programa de ajuste ortodoxo de corto plazo.

Y si a ello se agrega la dimensión anticlimática de los cambios administrativos y de gabinete porque no dejaron ver indicios de una verdadera reorganización estratégica del sector público en función de nuevos objetivos de desarrollo.

El paquete económico para 2010 será, por sí mismo, estabilizador. El repunte del PIB de 3% no compensa lo perdido en este 2009. De cumplirse la meta, el PIB promedio anual en el periodo 2007-2010 sería de -0.2%. Sin una reorganización del modelo de desarrollo, del modelo productivo y de la política estratégica, el PIB promedio anual sólo puede crecer hasta 3.5% sin inestabilidad ni desequilibrios.

Por tanto, la clave del cambio de rumbo radica en la modificación de los cuellos de botella --productivos, ideológicos y constitucionales-- para lograr tasas promedio de crecimiento de 7% sin causar estragos en los precarios equilibrios macroeconómicos.

De ahí que el debate no debe darse en torno al marco macroeconómico sino en relación directa al compromiso presidencial de cambiar el rumbo del país. Pero para ello, lo primero que debe darse es una redefinición del nuevo destino: ¿mantener vigente al obsoleto Estado priísta con sus compromisos corporativos como piedras atadas al cuello de la economía o definir un nuevo proyecto nacional de desarrollo que cumpla el objetivo de crear un bienestar social generalizado y sin ceder soberanía ni conquistas históricas reales?

El decálogo presidencial del tercer informe presidencial dibujó las posibilidades del cambio integral. Pero el paquete presupuestal para el 2010 mantuvo el mismo rumbo de siempre. Por ejemplo, el ajuste en la administración central se resume al recorte de presupuesto con el cierre de varias secretarías del gabinete presidencial, pero no lleva al rediseño del gabinete en torno al presunto nuevo proyecto nacional: Estado rector, economía mixta, nueva planta industrial, otro modelo de producción agropecuaria, mayor control al sector financiero y sobre todo un replanteamiento del mercado interno.

El gobierno del presidente Calderón carece de tiempo político y de tiempo histórico. Atado a las restricciones del Estado priísta, las posibilidades de reactivación serían menores: probablemente una tasa de crecimiento promedio anual sexenal de 1%, debido al hoyo de -8% de 2009. Sin poder crear empleo, con el debate abierto sobre el crecimiento de la pobreza y en un ambiente priísta de que un poco de populismo podría crear la ilusión de recuperación económica mayor, Calderón no tiene más que dos opciones: o se queda atrapado en los márgenes del PRI que con su mayoría atajará cualquier cambio de rumbo estratégico o decide dar el salto hacia adelante con una propuesta formal de nuevo proyecto nacional, nuevo modelo de desarrollo y nuevo pacto constitucional.

La redefinición del rumbo es el único camino que le queda al gobierno panista para justificar su victoria del 2000, toda vez que van casi diez años de administrar el Estado priísta y el modelo de desarrollo priísta y el pacto constitucional priísta pero sin obtener los resultados del PRI. En este punto es en el que el presidente Calderón se va a jugar políticamente su sexenio: replantear las posibilidades del PAN para mantener la presidencia de la república en el 2012.

La estrategia del PRI ha sido muy bien definida por los dos coordinadores parlamentarios, el senador Manlio Fabio Beltrones y el diputado Francisco Rojas: ayudar al gobierno de Calderón a reformas que no modifiquen el proyecto nacional priísta. La muestra está a la vista: el fracaso de la reforma de Pemex. Y otra: la oposición del PRI al cobro de IVA en medicinas y alimentos como parte de una reforma fiscal ahora sí integral. Y lo dijo con más claridad Rojas: “queremos regresar a Los Pinos pero con un país en marcha”.

A Calderón y al PAN les hace falta definir el proyecto nacional panista. El del PRI y el del PRD es el mismo y de sobra conocido: un Estado paternalista. Y el proyecto panista debería contener tres espacios:

--Los cuatro pilares del desarrollo: educación, salud, seguridad e infraestructura.

--Los tres motores: Estado, inversión privada y pymes.

--Y los tres ejes fundamentales: proyecto nacional, modelo de desarrollo y pacto constitucional.

El presidente Calderón carece de tiempo. Es ahora o quizá ya no haya una tercera oportunidad panista en el 2012. De eso justamente se tratan las alternancias partidistas: pasar de un país en crisis a un nuevo acuerdo social y un nuevo pacto constitucional. Si la meta real del país es un PIB de 7% sin desequilibrios y el paquete 2010 sólo aspira a 3% en los tres años restantes del sexenio, entonces el PAN va a definir la alternancia en función de un cambio de rumbo y de destino o aceptar el fracaso histórico de la transición productiva del 2000 y su derrota como partido en el poder en el 2012. Y a esto último justamente le apuesta el PRI.

 

www.indicadorpolitico.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

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