Domingo 20 de septiembre de 2009

 

+ Salinas, el pivote del PRI

+ TLC-II, oferta para 2012

 

Si malo ha dejado ver el PRI en las pasadas semanas, es su mensaje de que ya casi ganó las presidenciales del 2012. Sin embargo, uno de los lastres del PRI es nada menos que Carlos Salinas. A continuación se presenta una parte del epílogo del libro El regreso del PRI (y de Carlos Salinas de Gortari), escrito por erl autor de Indicador Político y publicado por editorial Planeta.

 

En 1984, en medio de los problemas para estabilizar la economía y de la protesta social por el costo de las medidas de ajuste, Carlos Salinas, como secretario de Programación y Presupuesto del presidente De la Madrid, fue enviado a visitar al ex presidente López Portillo para avisarle que venía una andanada de presiones contra miembros de su gobierno. Eran las reglas del juego de los tres sobres --según la leyenda urbana priísta-- que todo presidente entregaba a su sucesor al dejar el poder. Eran tres mensajes muy sencillos y en determinadas circunstancias debía de abrir un sobre y leer cada uno de los recados: échame la culpa, cambia al gabinete y… escribe tus tres sobres.

Las palabras de Salinas nunca las olvidó López Portillo:

--No es nada personal, pero en lo político, agárrense todos.

Y comenzó la persecución penal contra lopezportillistas.

Fuera del poder Salinas debió de haber recordado esas palabras. Al terminar febrero de 1995, su hermano Raúl fue arrestado y encarcelado durante más de diez años. Salinas esperaba una expresidencia de oropeles y desde la presidencia de la poderosa Organización Mundial de Comercio, pero Zedillo comenzaba a cargar el fardo de la llamada complicidad de la sangre: el asesinato de Colosio hermanaba a Salinas y a Zedillo y éste aparecía como el beneficiario del crimen. Por tanto, Zedillo tenía que deslindarse de Salinas. Y el boleto de salida fue Raúl: ¿quién podría acusar a Zedillo de complicidad en el asesinato de Colosio si había metido a la cárcel a Raúl Salinas de Gortari y enfurecido al ex presidente?

 

El escenario del periodo 2006-2012 es propicio para el regreso de Salinas a la política:

1.- El gobierno de Zedillo no rompió el modelo de Salinas en cuanto a enfoque de mercado y la globalización. Inclusive, Zedillo acuñó la frase de globalifóbicos para caracterizar a los grupos disidentes de la globalización y como ex presidente de México es director de estudios sobre la globalización de la Universidad de Yale. Vicente Fox tampoco modificó el rumbo económico globalizador. Y Felipe Calderón ha reafirmado el modelo. En estos tres sexenios, el equipo económico de los diferentes gobiernos se forjó en el venero ideológico del salinismo, del mercado y de la globalización. Pero a los gobiernos de Zedillo, Fox y Calderón les ha faltado la profundización de las decisiones. Ahí es donde se localiza el regreso de Salinas. Las fuerzas sociales contrarias al modelo neoliberal-globalizador-de mercado son menores en México y carecen de una opción. López Obrador sólo desea regresar al pasado populista del Estado intervencionista. La esencia de la globalización: mercado, interrelación internacional y enfoque de la inflación por el lado de la demanda.

2.- Salinas cercenó la propuesta histórica del PRI: el Estado de bienestar y lo redujo al Estado equilibrador. El Estado ya no tenía como meta el bienestar social sino la creación de condiciones para que el mercado proveyera a la sociedad del bienestar. La lobotomía ideológica de Salinas fue total: excluyó a la revolución mexicana de la cultura política del PRI y la sustituyó por un liberalismo social decimonónico y modificó las herramientas de la política económica --política fiscal y gasto público-- para ajustarlos a la nueva orientación. El golpe fue certero. El PRI perdió su identidad social.

El PRI ha buscado regresar a la revolución mexicana como eje político pero se ha topado con la indiferencia ideológica. Los ideólogos del PRI que pudieron hacerse cargo de la tarea se fueron a la oposición lopezobradorista y algunos al PAN. Asimismo, la fuerza política del discurso dependía de la figura presidencial como la encarnación de la revolución mexicana. Y los políticos que operan como jefes de grupo carecen del nivel para convertirse en ideólogos. Al final de cuentas, la ideología del PRI tuvo tres características: el aparato de poder de la presidencia de la república, la cultura política fortalecida cotidianamente por la educación y el ejercicio del poder a partir justamente del discurso de la revolución mexicana. Lo que hizo Salinas en 1991 fue entender que la revolución mexicana ya no era ideología ni discurso ni propuesta. Tampoco pudo imponer el liberalismo social como ideología, pero al final de cuentas no importaba: bastó la toma de decisiones y el desmantelamiento de la estructura de poder vinculada a la revolución mexicana. La propuesta histórica del PRI es irrepetible; sólo le queda definir una propuesta de continuidad de modelo de desarrollo.

3.- El PRI era ideología pero también estructura de poder. Lo escribió José Revueltas en la introducción en 1975 de su ensayo de 1958 México: una democracia bárbara: el Estado mexicano es “total y totalizador”, no totalitario Y su secreto se basaba en “la total manipulación por el Estado del total de las relaciones sociales”. El Estado era las relaciones sociales a través del PRI, del movimiento obrero, de las organizaciones campesinas, de las clases medias priízadas, de la disidencia permitida, del autoritarismo presidencialista. Al disminuir el poder del PRI y perder el control total sobre las relaciones sociales, el PRI dejó de ser funcional. Salinas logró sustituir el control de las relaciones sociales con un modelo de desarrollo operado desde los instrumentos económicos. De ahí que el regreso del PRI al poder no dependa de la ideología ni de la revolución mexicana, sino de la operatividad del modelo de Salinas. En este contexto el TLC sería la última oportunidad del PRI para regresar al poder presidencial. Y ahí es donde Salinas ha sustentado su reinserción en el PRI, pero a costa de combatir a los populistas que quieren ver la solución a la crisis en el regreso del Estado.

4.- El PRI ha fracasado en su intervención en las reformas. Salinas se ha cansado de repetirles a los priístas que el populismo sería sinónimo de crisis y que la verdadera fuerza del populismo no radica en el argumento en sí sino en su alianza con dos variables: un discurso económico viable en medio de restricciones económicas y un liderazgo personal. Salinas sorprendió a todos cuando su modelo neoliberal se fortaleció con el Programa Nacional de Solidaridad como un discurso mediático de preocupación social, cuando en realidad representaba parte del abandono de los compromisos del Estado. Pero el spot de “Don Pepe, ya tenemos carretera” fue más eficaz que la perestroika de Gorbachov. Hoy el PRI no tiene ese espacio y por eso depende de las propuestas de Salinas, pero sabe que tiene que disfrazarlas con un discurso enérgico de reactivación del Estado. A ello se agrega el perfil de los jefes de grupo, ninguno de ellos con suficiente confiabilidad: Beatriz Paredes, Emilio Gamboa, Manlio Fabio Beltrones, Enrique Peña Nieto, figuras estas vinculadas al pasado priísta y a su red de intereses, ninguno con discurso propio, ninguno con un pensamiento económico estratégico.

5.- El PAN ha comenzado a ver con frialdad sus espacios de maniobra. Tiene posibilidades de consolidarse, pero con tres condiciones: una mejor eficacia del grupo gobernante, un proyecto de desarrollo integral y promovido mediáticamente y un manejo coherente de la crisis económica. Sin embargo, el PAN y el presidente Calderón han perdido los dos primeros años del sexenio. Y no han podido conformar un equipo de economistas eficaz y menos aún a diseñar un programa económico de desarrollo: el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, salió de la subgerencia del Fondo Monetario Internacional. El PRI ha ido ocupando los espacios no con los saldos negativos de gobierno sino con la eficacia en el manejo de los instrumentos electorales estatales y municipales y una campaña de denuncia a la ineficacia del gobierno panista. El PAN tiene poco espacios de maniobra: o se reconstruye como opción por sí misma y ya no, como en el 2000, en función del agotamiento social del priísmo o decide si le entregará la presidencia al PRI o al PRD de López Obrador. El PAN ya no puede vivir de prestado: en 1988 el candidato presidencial panista Manuel J. Clouthier denunció que Salinas y el PRI se habían fusilado su proyecto de gobierno; hoy el PAN aparece como el que se fusiló el programas de Salinas y el PRI.

6.- En el PRD los conflictos cruzan todas las variables, pero sobre todo enfrenta la ausencia de un proyecto acabado de modelo de desarrollo alternativo. El PRD se ha agotado en la crítica, pero sus principales ofertas son asistencialistas, de mayores subsidios y sin reorganizar la política económica. Sin embargo, en el PRD hay posiciones extrañas. Por ejemplo, como presidente del PRD, López Obrador propuso la propiedad accionaria para los trabajadores, convirtiendo al proletariado tradicional en socio minoritario de las empresas. Pero esos destellos se han ahogado en la obsesión populista de los caudillos. López Obrador ha construido su primer círculo de poder con ex colaboradores salinistas. Y si bien estos personajes no han refrendando su pasado neoliberal y sí han dado un salto de trapecio al neoliberalismo, de todos modos se han encargado de asentar la tesis de que el mercado no debe ser demonizado sino controlado por el Estado.

 

Salinas ha regresado al espacio donde nunca estuvo ausente. Ha entendido que las decisiones electorales pueden beneficiar al PRI o al PAN y con los dos quiere operar el reforzamiento del modelo económico. Ha tenido el cuidado de no recomendar candidatos ni de cruzarse entre los intereses de los jefes de los grupos priístas. Se ha conformado con operar como el conciliador, juntándose con todos, intermediando a favor de todos, asistiendo a las fiestas de todos. Es el mismo Salinas de los setenta: sólo ocupando espacios. La crisis internacional sopla a favor de Salinas y sus propuestas y también la ausencia de una alternativa económica viable. Salinas entendió en 1980, con el Plan Global de Desarrollo, que la crisis de México era de modelo de desarrollo, es decir, de producción y distribución; operó decisivamente sobre la primera y vendió expectativas de la segunda.

Si en 1992 pensó en la reelección presidencial y en 1994 trató de operar el modelo Obregón --un intendente para modificar la Constitución para permitir la reelección después de un periodo--, ahora sabe con claridad que nunca podrá regresar a la presidencia de la república. Tampoco podrá tener una posición visible de poder en el mediano plazo: la carga emocional que representa Salinas es fuerte en la sociedad y los medios. ¿Cuáles son los objetivos de Salinas? Sin duda que la reconciliación con la historia, la revalidación de su proyecto y la consolidación de un grupo de poder que se fortalezca en el ejercicio del poder independientemente de quién sea el grupo o el partido en el poder.

El problema de Salinas es su fama pública. La campaña en su contra modificó las percepciones sociales. No padece de mala presencia pública como López Portillo, pero de todos modos Salinas se ha cuidado de no salir a la calle a exponerse. Los perredistas, azuzados por Zedillo, lo convirtieron en el perverso de la película. Por sí mismo Salinas no ganaría una elección, aunque su experiencia de poder podría hacer ganar una elección. Y hacia ahí han apuntado sus objetivos políticos.  Tiene la posibilidad de convertirse en el factor de consenso en el PRI e influir en la candidatura presidencial, aunque parece estar preparado para consolidar al candidato que decidan los priístas. De ahí que Salinas tenga poco qué perder y casi todo por ganar.

Los problemas se localizan en el PRI: falta reflexión sobre la modernización, aunque está dominado por la recuperación de la presidencia. A lo largo del sexenio y un tercio que ha corrido del panismo en la presidencia de la república, el PRI ha sido eficaz para explotar su control electoral sobre plazas específicas, ha aumentado su votación y ha recuperado posiciones electorales. Asimismo, ha vendido el mensaje de la experiencia en el arte de gobernar, aunque justamente esa experiencia le fue adversa en el 2000 y en el 2006 para negarle el voto presidencial. Lo grave ha sido la oposición del PRI a reformas que buscaban modificar la estructura de poder del Estado priísta: evitó la reforma fiscal, limitó la reforma de Pemex y está detrás de los obstáculos a la reforma laboral que pretende desarticular el poder sindical del PRI.

 

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