Lunes 21 de septiembre de 2009

 

+ Diálogo en el infierno entre

+ ...Montesquieu y Noroña-PT

 

Fernández Noroña da pena ajena.

Guadalupe Loaeza, candidata perredista.

 

¿Qué hubiera pasado en el Palacio Legislativo si el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, le hubiera dicho a diputado petista Gerardo Fernández Noroña que su mamá hubiera sentido vergüenza de haberlo visto hacer el ridículo el jueves anterior?

¿Qué hubiera ocurrido si el secretario de Gobernación le hubiera aconsejado a Noroña que le dijera a su jefe López Obrador que renunciara a la payasada de la presidencia legítima porque sólo provocaba el escarnio y la burla de la clase política?

¿Qué hubiera sucedido si el secretario de Gobernación se hubiera dirigido a Noroña como “diputado del gobierno payaso de López Obrador” y hubiera tirado a la basura la carta que le entregó el diputado petista sobre el incidente el 2 de septiembre afuera del Palacio Nacional?

Sin duda que Fernández Noroña hubiera ascendido a un estado de histeria política sin parangón. Pero los insultos, agresiones, actitudes y conductas histéricas del diputado del PT no encontraron respuesta en Gómez Mont. Eso sí, Noroña invocó al padre del secretario de Gobernación, le ordenó que le dijera al presidente de la república que renunciara al cargo y se refirió al gobierno legítimo de Calderón como usurpador y de facto.

El estilo agresivo, resentido y amargo de Noroña demostró que es un troglodita de la política. El concepto de troglodita fue elevado a nivel de la ciencia política por el Barón de Montesquieu --autor de la obra clave Del espíritu de las leyes, en 1748-- en sus Cartas Persas, para referirse a la política de la era de las cavernas, a los cavernícolas que carecían de inteligencia política y todo lo reducían a la lucha por la vida a través de las armas y de la fuerza. La vida en la época prehistórica carecía de inteligencia, todo se resolvía por la violencia y el arrebato.

Noroña logró, sin demasiado esfuerzo, dibujar el México del PRD y de López Obrador: el encono, la agresión, el insulto, el odio y la amargura. Y nada de política. El razonamiento fue justamente del nivel de los trogloditas. Y carente de la dialéctica de la política. Por ejemplo, perredistas y lopezobradoristas-petistas insultaron al secretario de Gobernación porque el presidente de la república había violado la Constitución al enviar el informe y no entregarlo personalmente. Pero los seguidores del tabasqueño ignoraron el hecho de que había un acuerdo parlamentario.

Sin embargo, el asunto era más cómico: como Calderón no acudió al Palacio Legislativo a entregar el informe, los lopezobradoristas lo insultaron  y lo acusaron de no cumplir con las leyes. Pero si Calderón hubiera arribado al legislativo, los lopezobradoristas tenían preparada una maniobra para encararlo con agresividad e insultos y le hubieran impedido ingresar a la sede del poder legislativo. Al final, los lopezobradoristas sólo querían confrontar violentamente al presidente constitucional de México. Como los gallegos: nomás por joder.

Los insultos de Noroña, petistas y perredistas fijaron el bajo nivel político de los seguidores de López Obrador: regresar la política, diría el Barón de Montesquieu, a la época de las cavernas. Montesquieu dio jerarquía política a los trogloditas como una forma de hacer política para fortalecer su propuesta del gobierno de las leyes. Los trogloditas eran, por tanto, la antítesis de las ideas, de la política, de la inteligencia, de las leyes.

Eso sí, ese mismo jueves se mostraron las dos caras del perredismo lopezobradorista: en la Cámara de Diputados, la agresión, la ruptura, el insulto, el desprecio y el ultraje; en la Asamblea Legislativa del DF, la sumisión perredista al estilo priísta a favor del priísta Marcelo Ebrard, uno de los arquitectos políticos e ideológicos del proyecto salinista de república, jefe máximo del DF con los legisladores perredistas, con la obediencia ciega al gobernante como en los viejos tiempos priístas hoy revalidados por el caudillismo lopezobradorista. Al final de cuentas, López Obrador, Ebrard y las élites perredistas salieron del PRI y se afiliaron al PRD sólo por un cargo que el priísmo les negó. Ebrard renunció al PRI porque Carlos Salinas no le cumplió a Camacho el compromiso de heredarle la presidencia de la república en 1994.

En el Palacio legislativo y en la Asamblea del DF el PRD de López Obrador dibujó los contornos de su propuesta política: la dictadura violenta del voluntarismo del caudillo. La imposición de reglas a favor del más fuerte, muy al estilo de los trogloditas de la época de las cavernas. Noroña y sus aliados del perredismo lopezobradorista, con el aval del coordinador de la bancada Alejandro Encinas, quisieron imponer su voluntad con apenas el 16.8% de la totalidad de la cámara --menor al 28.5 de la legislatura anterior-- y gobiernan como priístas en el DF bajo el liderazgo del priísta Ebrard.

Pero al final, el verdadero nivel de López Obrador es Juanito. Se lo dijo en el pleno el diputado panista Javier Corral: “ha caído tan bajo en ese nivel, que ya ni siquiera Juanito le hace caso” Y si Juanito no le hace caso a López Obrador, ¿por qué Calderón debiera hacerle y renunciar al cargo?

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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