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Lunes 9 de agosto 2010


 

+ Narcotráfico: se les fue la nota

+ Periodistas con miedo, no útiles

 

A la memoria de Fidel Samaniego,

un reportero de trincheras

 

Cuenta la leyenda urbana periodística que un día un aspirante a reportero acudió a solicitarle empleo a uno de los directores del The New York Times.  El veterano periodista lo miró de arriba abajo y le pidió que fuera a una tienda a dos cuadras del diario a comprarle cigarros.

El aspirante cumplió la tarea pero en el camino fue pensando cómo botarle la solicitud en la cara al editor. Como periodista en crecimiento, necesitaba experiencias serias, no de mandadero. Al regresar con los cigarros y antes de que pudiera explotar, el editor le dijo:

--Siéntese es aquella máquina de escribir. Y quiero que me haga una descripción periodística de lo que vio en el camino a comprar mis cigarros.

Los periodistas mexicanos están enojados. Y con bastantes razones: han matado a varios de ellos, otros fueron secuestrados y hay varios desaparecidos, además de algunos zarandeados en la cobertura de asuntos vinculados a la violencia del crimen organizado. Pero la verdad es que a los periodistas se les está escabullendo la nota entre los dedos de la mano: prefieren protestar que escribir, fotografiar, editar y denunciar.

En los años de la represión mexicana, a un reportero novato lo enviaron a cubrir una manifestación de estudiantes, allá por los años setenta. La marcha fue reprimida por la policía y el reportero pasó unas tres horas lidiando, en separos policiacos, por identificarse con los jefes policiacos para que lo dejaran salir libre. Una vez que lo logró, llamó a su jefe de información y le contó el incidente. El reportero veterano le dijo que escribiera lo que vio dentro de la prisión, los nombres de los detenidos y el cargo de los funcionarios. Al reportero novato se le fue la nota: lo periodístico no era su aprehensión sino la recopilación de datos sobre la realidad de la represión.

El periodista italiano Roberto Saviano publicó un extraordinario reportaje sobre la mafia italiana: Gomorra. Además de un éxito editorial, el trabajo le acarreó amenazas de muerte de los mafiosos. Y desde 2006 vive escondido con una guardia policiaca permanente. Además de algunas quejas propias de su auto desaparición forzosa, Saviano le dedica la mayor parte de su esfuerzo a seguir denunciando al crimen organizado.

En Rusia, la periodista Anna Politvóskaya fue asesinada en el 2006 por los servicios secretos del Estado ruso por sus severas críticas al entonces presidente ruso Vladimir Putin. Desde el 2007, el caricaturista sueco Lars Vilkis vive escondido por las amenazas de muerte en su contra por los radicales musulmanes que no le perdonarán la vida por haber criticado a Mahoma.

A finales de los años setenta y principio de los ochenta, el periodista Manuel Buendía se dedicó a revelar identidades de la CIA y a denunciar al crimen organizado. En 1984 comenzó a recopilar datos sobre la corrupción policiaca y política y gubernamental por complicidades con el narcotráfico. A pesar de que amigos y enemigos le insistieron en lo peligroso de la tarea, Buendía estaba  comprometido con su convicción del periodismo de lucha. Si el atentado que lo asesinó hubiera fallado, sin duda que Buendía no habría pensado en protestas contra el gobierno y contra el Estado ni exigido escolta personal sino que hubiera continuado su denuncia.

La nota, como se dice en el argot periodístico, no ha sido la agresión contra los medios sino la violencia del narco contra la sociedad. El tono de queja y protesta de los periodistas, en el caso de los camarógrafos secuestrados en Durango hace unas semanas, se ha enfocado contra el Estado y el gobierno, sin que haya hasta ahora el gran reportaje audiovisual contra el crimen organizado en la plaza. En la marcha a favor de los secuestrados, el pasado sábado, no hubo reportajes de denuncia sobre la corrupción criminal en el sistema penal de Durango, sino gritos exigiendo seguridad.

El periodismo es el oficio más peligroso del mundo y el peor comprendido. En las guerras --ahí está la cobertura en Vietnam revelada por Tom Wicker en De la prensa, por la prensa y para la prensa-- siempre se ha tratado de engañar a los medios. En Vietnam los medios anduvieron sueltos porque no eran objetivo de guerra. En Irak, en cambio, los terroristas secuestran y asesinan periodistas como una forma de debilitar la cohesión social en los Estados Unidos. Ahí está, como ejemplo, el asesinato despiadado del periodista Daniel Pearl, del The Wall Street Journal. Los corresponsales en Irak y Afganistán no tienen más que dos escenarios: o trabajan por la libre y por tanto sus textos son reveladores de la verdadera guerra o prefieren andar, con casco y chaleco antibalas y algunos con pistolas al cinto, dentro de los camiones del ejército de los EU pero dando sólo la óptica oficial del conflicto. A estos últimos se les llama embedded o empotrados, aunque en una traducción libre y juguetona se puede caracterizar --por la palabra bed-- como encamados.

La función del periodista es siempre incómoda: queda atrapado, sin remedio, en medio de los conflictos para poder narrar-contar-revelar-denunciar-criticar sin las complicidades que da la corrupción el miedo. Los que no quieran riesgos tienen la opción de cubrir las noticias deportivas, de espectáculos o de sociales.

 

www.grupotransicion.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

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