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Viernes 30 de abril de 2010


 

+ Cambio y pacto constitucional

+ O transición o PRI por siempre

 

El viejo régimen político del PRI se basó en tres pilares fundamentales: el Estado, el PRI y la Constitución. La crisis económica, la globalización y la pluralidad política debilitaron esos consensos fundamentales y por tanto han obligado a la república a encontrar nuevos acuerdos de funcionalidad en términos políticos, sociales y económicos, sólo que ninguna de las tres fuerzas políticas importantes quiere deveras la reforma total.

En ese contexto se localizan las iniciativas de reforma integral del modelo de nación y ofrecen una imagen parcial y pobre de las iniciativas del PAN, el PRI y el PRD. El Estado perdió legitimidad, funciones y articulación con el desarrollo. El PRI se debilitó con el avance de la oposición y sobre todo con las reformas ideológicas sucesivas que diluyeron su proyecto ideológico cohesionador. Y las reformas constitucionales hicieron que la Constitución dejara de ser el proyecto nacional de las mayorías, para convertirse en un conjunto de normas de responsabilidades.

En el fondo, la crisis mexicana es de agotamiento del proyecto nacional del PRI, pero en el entendido de que la nueva pluralidad necesita de un nuevo acuerdo político plural de largo plazo. Y el único camino posible es el de un nuevo pacto constitucional. La Constitución debe de convertirse de nueva cuenta en el punto de confluencia del modelo de desarrollo y de las nuevas funciones de los actores sociales.

De ahí que la crisis general del proyecto nacional mexicano requiera de una reforma total, integral, reformuladora de los objetivos nacionales. En el pasado priísta, el objetivo era el proyecto histórico progresista conducido por el Estado; ahora debe ser el desarrollo con bienestar social. Pero ante el desafío, las principales fuerzas políticas le han entrado al jaloneo de mezquindades, de reformas que afiancen en el poder a cada una de ellas pero sin ofrecer los perfiles de un nuevo proyecto nacional.

En este escenario, la posibilidad de una verdadera reforma integral del país luego del agotamiento del modelo priísta radica en la confluencia de las principales fuerzas. Es decir, asumir de una vez por todas la necesidad de transitar del agotado modelo priísta a un nuevo proyecto nacional y democrático de desarrollo social. Las reformas indispensables --hoy se publica la segunda lista-- están a la vista y formarían parte del nuevo consenso nacional:

11.- La reforma del Estado. El Estado no es nada más el conjunto de instituciones de gobierno sino el espacio de definición de las reglas de convivencia política, económica y social del país y consensos. El Estado priísta se fue inmovilizando por sus alianzas con los poderes fácticos.

12.- La reforma del Congreso. Las dos cámaras han comenzado a redescubrir su potencial pero no se atreven a debatir el fondo: cambió de régimen político: presidencial,  semiparlamentario o parlamentario.

13.- La reforma ideológica. El PRI tuvo una vinculación integral a la cultura política: los valores del partido eran los de la historia y viceversa. Por eso el PRI fue el partido de la Revolución Mexicana. Carlos Salinas liquidó el modelo y metió al país a una crisis de ideas. Por eso los partidos se han reducido a ofrecer bienestar, no una cohesión ideológica-histórica.

14.- La reforma presupuestal. La reforma fiscal debe llevar a una nueva concepción del gasto. El modelo priísta de gasto social fijó los términos de la dependencia y frenó el desarrollo. El gasto debe pivotear el desarrollo, no garantizar lealtades.

15.- La reforma de telecomunicaciones. El asunto no se agota en la concepción política del oligopolio sino del desarrollo de la tecnología regido por el Estado. El problema no es Televisa o TV Azteca sino la falta de una política de Estado en la materia. Y su adopción  generará una nueva relación de poder.

16.-  La reforma educativa. La educación fue uno de los aparatos de control ideológico del PRI. Pero ahora es un monstruo sindical como poder en sí mismo. La educación es la base del desarrollo. Y su reforma debe comenzar con la descentralización sindical.

17.- La reforma de los derechos humanos. La cultura de los derechos humanos nació como parte de la resistencia a la represión priísta de Estado. Ahora debe ascender a la categoría de derechos sociales y civiles.

18.- La reforma del modelo de desarrollo. La larga crisis 1973-2010 es producto de la ausencia de un modelo de producción-distribución. La redefinición de las políticas educativa, industrial, agropecuaria, entre otras, definirá el desarrollo: crecer y distribuir.

19.- La reforma industrial. La globalización salinista reventó la planta productiva y dejó a México como país exportador de bienes primarios y consumidos de excedentes de los industrializados. México necesita una nueva planta productiva integrada para replantear la globalización.

20.- La reforma de la globalización. Salinas abrió la economía mexicana como política antiinflacionaria, liquidó la planta productiva y dejó a México como consumidor. Ahora se requiere la redefinición del Estado, del mercado y del desarrollo para convertirse en un país productor.

 

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