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Viernes 10 de diciembre 2010


 

+ SME: pacto secreto PAN-PRD

+ Lozano: repudiado por todos

 

El reconocimiento gubernamental a Martín Esparza como secretario general del Sindicato Mexicano de Electricistas acaba de demostrar que el país carece de una política laboral y que como en los tiempos priístas los acuerdos no pasan por leyes y tribunales sino por negociaciones en lo oscurito.

Es posible que la dirigencia de Esparza sea legal, pero quedan los datos de que será una dirigencia ilegítima y sobre todo inmoral. Para poder mantenerse al frente del SME --un sindicato sin empresa-- y con ello apoderarse de los activos por varias decenas de miles de pesos, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social ayudó a Esparza a deshacerse de 28 mil trabajadores --alrededor de la mitad-- contrarios y luego autorizó, asesoró y legalizó una elección interna entre puros seguidores de Esparza.

Lo malo para el secretario Javier Lozano Alarcón radica en su papel de responsable de la reforma laboral del gobierno federal; sin embargo, el maniobrerismo legal para consolidar a Esparza le restó credibilidad y autoridad política a Lozano para seguir impulsando cualquier reforma que tenga que ver con los sindicatos.

Al final de cuentas, si se revisa el largo y agitado proceso para ratificar a Esparza como dirigente del SME, todos los indicios consolidan la certeza de que se trató de una operación típicamente priísta. Ahora los miles de trabajadores que aceptaron la liquidación por el compromiso formal de que no se daría macha atrás a la liquidación de la empresa Luz y Fuerza del Centro se sienten engañados por Lozano, aunque en descargo habría que señalar que las labores de negociación sindical se salieron de la Secretaría del Trabajo y se concentraron en la Secretaría de Gobernación. Como buen priísta, Lozano hubo de aceptar que la política sindical del gobierno pasara a partir de ahora a otra oficina del gabinete presidencial.

Esparza será dirigente del SME por el apoyo operativo de Lozano y de la Secretaría del Trabajo, no por el deseo de los trabajadores electricistas. Hace año y medio Esparza realizó una elección interna fraudulenta que llevó a las autoridades laborales a negarle la toma de nota por las pruebas de las irregularidades electorales también al estilo priísta de Esparza. Enojado por la decisión oficial, Esparza preparó la huelga pero días antes el gobierno liquidó la empresa y el SME se quedó en el limbo.

El punto central del conflicto fue el fraude electoral de Esparza que hace año y medio Lozano colocó como punto de ruptura. Como autoridad legal, la Secretaría del Trabajo conminó a Esparza a repetir el proceso electoral y el dirigente del SME se negó y prefirió la lucha callejera violenta. Más tarde realizó una elección interna pero de nueva cuenta la Secretaría del Trabajo desconoció los resultados por no cumplir con los requisitos legales.

Conminados por la decisión de Lozano de no dar marcha atrás a la decisión, casi treinta mil trabajadores aceptaron su liquidación. Sin embargo, por negociaciones secretas, Lozano anunció la realización de una nueva elección de dirigentes del SME sólo que sin los incómodos disidentes que creyeron en la palabra del gobierno y de Lozano. Como era obvio, en la elección sólo votaron los incondicionales de Esparza y el resultado fue el obvio: 97% de votos a favor de Esparza.

Sin embargo, el proceso electoral del SME, validado por Lozano y la Secretaría del Trabajo, fue cuando menos ilegítimo porque primero se excluyó a los disidentes y también fue inmoral porque se engañó a los disidentes que aceptaron su liquidación y por tanto perdieron sus derechos de voto. Lo único que salvó a Esparza fue una negociación secreta con el gobierno, sin duda que avalada por Lozano, que hizo trizas los derechos sindicales de voto de alrededor de la mitad de los trabajadores.

Asimismo, la decisión de Lozano deslegitimó el proceso legal de toma de nota para reconocimiento oficial de dirigencias sindicales porque lo sacó de los espacios de las leyes y lo regresó, como en los peores tiempos del priísmo en la Secretaría del Trabajo, a las negociaciones políticas. Así, Lozano reinstaló en la Secretaría del Trabajo el espíritu sindical de Fidel Velázquez, el cacique sindical del priísmo, y a sus tiempos de reconocimientos sindicales a cambio de sumisión de los trabajadores.

Como en los tiempos del priísmo, la toma de nota vuelve a ser hoy un instrumento de control sindical y de apuntalamiento de líderes sometidos al poder político coyuntural. Con la toma de nota en la bolsa, ahora Esparza y los trabajadores electricistas se habrán convertido en calderonistas convencidos. Y por tanto, ya preparan para ser recontratados por la CFE como patrones sustitutos. Las afirmaciones oficiales de que no será así han perdido credibilidad por la decisión de Lozano de desacreditar el valor de los compromisos laborales.

Hasta donde se tienen datos, el compromiso secreto con el SME radica en la entrega de la toma de nota para disminuir sus protestas callejeras y en el reparto del botín de los activos millonarios del sindicato. Sin embargo, el SME se prepara para exigir la recontratación laboral, a pesar de que muchos de ellos fueron acusados de sabotear las instalaciones eléctricas y lanzar una campaña de linchamiento contra los periodistas que los criticaban.

Lo malo de todo es que una de las reformas fundamentales del gobierno de Calderón era precisamente la laboral pero la negociación secreta con el SME dejó a la política laboral y al secretario del Trabajo sin contenido ni credibilidad y llenas de sospechas.

 

www.grupotransicion.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

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