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Lunes 18 de enero de 2010


 

+ GDF: mejor obras que la gente

+ Termina subsidio AMLO a leche

 

En la lógica neoliberal de Marcelo Ebrard y economista Mario Delgado, los capitalinos tendrán más actas de nacimiento y menos leche. El gobierno del DF congeló el precio de trámites en documentos legales pero quitó el subsidio de 150 pesos al mes para leche y básicos a 530 mil familias pobres.

El pensamiento tecnocrático de Ebrard y su secretario de Finanzas carece de sensibilidad social: ¿cuántos trámites de documentos legales hace una familia pobre? Ninguno, en realidad, porque en ese ambiente social los documentos legales son innecesarios. En cambio, el subsidio a la leche permitía tener acceso a ese básico diario.

Eso sí, Ebrard se ha permitido endosar la crisis de las finanzas públicas al gobierno federal, cuando en realidad el gobierno de Calderón hizo un esfuerzo para mantener en el 2010 el mismo volumen de aportaciones al GDF que el de 2009, para evitar la estridencia del jefe de gobierno. En cambio, las aportaciones federales a otros gobiernos estatales van a disminuir inclusive en términos nominales.

Las alzas de precios y tarifas de subsidios y servicios en el DF no tuvieron el propósito de obtener recursos para programas sociales. El subsidio de 150 pesos mensuales a familias pobres para comprar leche fue una orden de plaza que dio públicamente Andrés Manuel López Obrador cuando el gobierno federal aumentó el precio de la leche Conasupo. Hoy Ebrard termina con el llamado subsidio AMLO a la leche para usar esos recursos a las obras públicas faraónicas que serán su carta de presentación como precandidato presidencial perredista para el 2012. Al final de cuentas, Ebrard ha definido sus prioridades: obras y no apoyo a pobres, con lo que Ebrard podría ser un excelente Ministro de Obras Públicas y Construcciones y no el estadista con visión política y social integral.

La estridencia de Ebrard y su neoliberal secretario de Finanzas contra el gobierno federal busca eludir responsabilidades propias. El golpe brutal a las finanzas populares por el aumento de 50% en el precio del boleto del Metro y el impacto a las inversiones con el aumento en predial, impuesto a nóminas y agua ha querido ser compensado con un programa de emergencia que congela precios en trámites de actas de nacimiento y licencias de conducir que se hacen una vez en la vida o para vigencia de varios años.

La lógica del secretario Mario Delgado es la misma de los compañeros de gabinete de Ebrard en los tiempos priístas de los gobiernos de De la Madrid y Salinas: avatar servicios de una sola vez, cuando un usuario del Metro utiliza el transporte cuatro veces al día, con lo que tendrá un impacto brutal. Y Ebrard y Delgado han aplicado el modelo Cruz Roja de damnificados porque le quitó de golpe y sin avisar el subsidio AMLO a la leche a 530 mil familias, las cuales, si quieren seguir teniendo acceso a alimentos subsidiados, deberán de acudir diariamente a los comedores populares públicos.

La decisión de Ebrard y Delgado se basó en el dilema de la crisis: seguir destinando recursos públicos a subsidios populares no productivos o sacrificar a los pobres para las obras públicas en curso --Metro, segundos pisos, carpetas viales de concreto, Metrobús y el Tranvía-- que tendrán el lujo de una ciudad del primer mundo pero precios del mismo nivel de caros.

Así, los antiguos beneficiarios del subsidio a la leche Conasupo tendrán que sacrificar su nivel de vida para que Ebrard pueda inaugurar pronto un Tranvía en el Centro Disney del DF--antes  Centro Histórico-- y convierta la ciudad de México en Patrimonio no de la Humanidad sino Patrimonio del récord Guinness, pues su costo real de 2 mil millones de pesos será al final de 17 mil millones por las líneas de crédito leoninas y el subsidio a constructores privados, pagados con más recortes sociales.

La carestía en el DF y el alza en los servicios que son responsabilidad del gobierno del DF tienen el objetivo de hacer una ciudad bonita, no una ciudad con equidad social. En el fondo, el conflicto de Ebrard y Delgado con el secretario de Desarrollo Social, Martí Batres, no fue producto de choque político entre tribus sino por la decisión de Ebrard-Delgado de sacrificar programas sociales populares que ya no se pueden financiar y usar los recursos para las obras faraónicas que son parte de la campaña de Ebrard para el 2012. Batres se ha opuesto al recorte de programas sociales que son prioridad para el PRD.

Las decisiones de alzas de precios y tarifas en servicios públicos forman parte del colapso del populismo. El dilema, entonces, no radica en la aplicación dialéctica del neoliberalismo puro --subir precios y congelar salarios y subsidios-- sino en replantear la urgencia de una economía productiva, a fin de que la actividad económica vía políticas públicas de equidad tenga los objetivos de redistribución de la riqueza y no quede todo en manos de finanzas públicas ahogadas por subsidios improductivos.

Más que las gasolinas y su efecto menor en los bolsillos de los ciudadanos, lo que ahogó al ciudadano del DF fue el aumento de 50% en el precio del Metro, la decisión de suprimir el bono de 150 pesos mensuales a 530 mil familias y el aumento de impuestos a la inversión empresarial, y todo para las obras faraónicas de Ebrard.

 

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