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Miércoles 20 de enero de 2010


 

+ Obama y el fantasma de Bush

+ No habrá transición de imperio

 

Quizá la peor parte del primer año de gobierno del presidente Barack Obama se localice en el hecho de que ha refrendado el camino del gobierno de George Bush en sus tres puntos fundamentales:

1.- La revalidación de los Estados Unidos como imperio.

2.- La geopolítica basada en la dominación del poder y de las armas.

3.- El reafirmación de los Estados Unidos como un Estado de seguridad nacional.

Con ello, Obama simplemente confirmó las previsiones negativas que se fijaron en sectores críticos en enero del 2009:

1.- Obama ha sido el primer presidente afroamericano de los blancos.

2.- La tónica de su gobierno ha sido una constante crisis de expectativas.

3.- Obama no cumplió con su promesa de transitar a los EU de un Estado imperial a un Estado democrático.

El verdadero Obama se mostró en toda su dimensión en diciembre, al recibir el premio nobel de la paz: como personaje orwelliano, Obama delineó el neolenguaje de la novela 1984 al afirmar que la guerra es la paz o que la paz es la guerra. La conceptualización de las “guerras justas” reveló la dimensión de dominación imperial de los intereses geopolíticos y de seguridad nacional de la Casa Blanca.

Se esperaba más. Obama fue electo como parte de la pinza que terminaría de reafirmar la transición de los EU hacia una nación democrática, para completar el trabajo que había cumplido Mijail Gorbachov al desmantelar no sólo el campo socialista sino la doctrina de dominación bipolar del mundo. Antes de recibir el premio nobel de la paz, Gorbachov había destruido la lógica de la guerra fría. Obama debía de completar la tarea para permitir la transición del mundo hacia nuevas formas de relaciones políticas y de poder.

Pero el pecado de Obama lleva su propia penitencia. El terrorismo enfrentó a Obama a su peor imagen: la de George W. Bush. Ante el retorno de actos terroristas en territorio estadunidense, Obama refrendó la doctrina patriótica de aumentar las medidas de seguridad, aún a costa de violar aún más las garantías individuales de los ciudadanos. La decisión de instalar escáner en los aeropuertos para revisar la intimidad de los ciudadanos fue más allá de donde había llegado Bush: el miedo no a los terroristas sino a los ciudadanos.

Obama estaba obligado a revisar la lógica del terrorismo: actos de miedo de musulmanes radicales como respuesta a la intervención militar y política de Washington en países del Medio Oriente. Bush hizo lo mismo pero con la intención de arrinconar a los terroristas en sus países y evitar actos en los EU. Obama no logró ni lo uno ni lo otro. Y en lugar de replantear su presencia en Irak y Afganistán, aumentó el dominio militar y con ello provocó una radicalización de las actividades terroristas.

El fracaso de Obama se resume quizá en un hecho: la percepción de que los ciudadanos estadunidenses son terroristas y por eso aumentó las medidas de seguridad contra los ciudadanos. El problema radica en la inutilidad de los servicios de inteligencia y seguridad nacional. La CIA llegó ya a su nivel de incompetencia: fue responsable del pésimo manejo de la información en el caso del terrorista en Detroit y Al Qaeda le infiltró un topo en Afganistán para estallar una bomba suicidad y matar a agentes y al jefe de la estación. Pese a ello, Obama prefirió apoyar a la CIA con el aumento de medidas de seguridad que violaron aún más los derechos civiles de los ciudadanos. Hoy todo ciudadano es visto y tratado como terrorista.

La tarea de Obama era transitar a los EU de imperio a nación. La comunidad internacional que prohijó a Gorbachov quiso hacer lo mismo con Obama. La asignación del premio nobel no busco reconocer al afroamericano que venció al racismo en los EU sino recordarle al presidente de los EU que no podía seguir siendo el imperio mundial sin contrapesos. El discurso de Obama fue el refrendo de las tres doctrinas que convirtieron a los EU en el imperio del mundo: la de Truman para intervenir en otros países, la de Kissinger para dominar el planeta y la de Bush para usar al terrorismo como el eje del poderío hegemónico.

No, Obama no ha sido una decepción. Más bien, confirmó lo que se esperaba de él hace un año: el presidente del imperio más poderoso del mundo. Sólo que el mundo es una paradoja. Y Obama quedó atrapado entre su política doméstica social sin consenso bipartidista y la incomprensión de los estadunidenses a su gobierno con un desplome en la calificación de 65% en enero de 2009 a un nivel de 45% en enero de 2010. Como todo gobierno imperial, el de Obama perdió su base social.

El gobierno de Obama se perfila hacia la percepción social y política de que no durará más que cuatro años y que la reelección será imposible. Los norteamericanos parecen estar seguros que hoy están peor que en los años de Bush. Así de dramática ha sido la derrota en los hechos de Obama.

 

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