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Martes 9 de febrero de 2010


 

+ Estado laico, jugada PRI 2012

+ Peligro: demagogia, no iglesia

 

El debate sobre el Estado laico se ha convertido en un juego de artificio que tiene sólo una intención: regresarle al PRI la titularidad del laicismo que perdió con la reforma al artículo 130 Constitucional que realizaron Carlos Salinas y el PRI, sin que entonces los laicos hubieran levantado la voz de protesta.

La estrategia priísta radica el inventar un conflicto, introducir en la Constitución el laicismo que ya está incorporado y ofrecer al PRI en el 2012 como el partido del laicismo frente a la supuesta definición del PAN como el partido confesional.

Pero en el fondo, en asunto del Estado laico carece de litis. La oleada de laicismo se ha prefigurado en torno a declaraciones de la iglesia católica contra la adopción de niños por parejas homosexuales, la unión legalizada de personas del mismo sexo y el no resuelto problema de la legalización del aborto. Se trata, sin embargo, de posiciones eclesiásticas de similar valor moral que las que quieren endiosar al laicismo como religión de fe.

¿Dónde estaban los pastores laicos en 1988 cuando Carlos Salinas y el PRI compraron la indulgencia de la iglesia católica para bendecir el fraude electoral con la estampita de la reforma al 130 constitucional? Salinas, el PRI y los priístas intercambiaron favores: la legitimación del fraude electoral con la asistencia de la jerarquía católica vestida con trajes religiosos al Palacio Legislativo, en una especie de te deum vergonzante, por la reforma de 1991-1992 que reconoció los derechos de la iglesia.

¿Y dónde estaban los priístas en 1991 cuando Joseph-Marie Córdoba Montoya redactó la reforma al 130 constitucional pero obligó a los priístas a presentarla como propia como una forma de humillar y sobre todo someter los resabios jacobinos del PRI? La reforma al 130, una victoria política e histórica de la iglesia católica, fue firmada y votada por priístas. Lo peor de todo fue que organizaciones masonas --que hoy se rasgan las vestiduras por el Estado laico-- avalaron públicamente la reforma priísta.

De ahí que el problema del laicismo no sea en realidad de jacobinismo sino de oportunismo político. El Estado en México nunca, pero nunca, volverá a ser confesional. El último te deum político-religioso para el encumbramiento de un gobernante no fue en 1922 con Agustín de Iturbide sino en 1988 con Carlos Salinas. La fotografía del ingreso de la jerarquía católica al republicano Palacio Legislativo para avalar la toma de posesión de Salinas y con ello bendecir el fraude electoral fue una derrota moral del PRI y de los laicistas porque el costo fue la reforma al 130 constitucional.

Ahora el PRI y los priístas quiere apoderarse de la lucha por el Estado laico, pero olvidando la verdadera lucha de los liberales del siglo XIX. Ahora  mismo, por ejemplo, la Constitución consigna que la educación debe ser laica, pero los priístas han tolerado la educación religiosa en todos los niveles. Lo mismo va a ocurrir después de que la hipocresía jacobina logre meter en la Constitución el concepto de Estado laico porque el laicismo real es, paradójicamente, como las llamadas a misa: cada quién decide si asiste.

El mismo problema de incongruencia lo tienen los perredistas, quienes desde su pasado comunista y ahora neopopulista han dependido de la fe de la gente a través de doctrinas como la teología de la liberación, una forma de aplicar la religión desde la izquierda. El verdadero laicismo implicaría también la expulsión del paraíso terrenas de todas las versiones de la religión y evitar que hoy la religión y la fe --que es idéntica en cualquier forma de practicar la doctrina-- se inculquen desde la izquierda que de la derecha si se parte del supuesto laico, jacobino y masón de que la fe religiosa es una forma de sometimiento a poderes superiores no terrenales.

A ello se debe agregar el hecho de que indirectamente el PRD estaría convalidando al panismo religioso con sus alianzas en Oaxaca y Puebla, donde el perredismo va a tener candidatos forjados en el conservadurismo del PAN. En Oaxaca el PRD va a aliarse con el PAN anti juarista y en Puebla el PRD estará unido al Yunque religioso de la extrema derecha panista. Es decir, el pragmatismo del PRD va a colocarse a la cola del furgón laico del PRI en la reforma constitucional pero a fortalecer al panismo religioso y anti juarista en Oaxaca y Puebla. Ello hablaría del principal problema del PRD: su incongruencia, su incoherencia y su confusionismo ideológico.

 

Por tanto, el debate sobre el Estado laico padece el juego sexenal. A pesar de los desvaríos de Vicente Fox y de la persistencia de la derecha panista religiosa, hasta ahora no ha habido vasos comunicantes entre la jerarquía católica y el PAN. Lo grave es que a la fecha la relación política, orgánica y pragmática en torno a la religión se ha dado entre la jerarquía católica y el PRI, teniendo casos significativos como la visita pública al Vaticano del principal precandidato presidencial priísta.

De ahí que el debate sobre el Estado laico sea artificial y esté más bien en una alianza secreta de la jerarquía católica con el PRI para restaurar a la iglesia de nueva cuenta como uno de los sectores invisibles del sistema político priísta. El debate no es de fe sino de pactos políticos.

 

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