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Viernes 26 de febrero de 2010


 

+ Estado: eje Reynosa-Milpa Alta

+ Más guerras civiles moleculares

 

 

Lo que está ya en riesgo no es el destino del sexenio sino la existencia misma del Estado:

1.- La ciudad de Reynosa cayó en manos del crimen organizado. Los mensajes de personas conocidas son de la desaparición no sólo de los poderes legales sino de la autoridad misma.

2.- En Milpa Alta, DF, el jefe de la policía capitalina no sólo liberó a delincuentes sino que se negó a entrar en una zona de conflicto por el temor a la población. La autoridad ha sido desaparecida y desconocida.

La dimensión de la crisis no es de tasas del PIB o de cifras de desempleo, ni tampoco si debe haber uno o 200 diputados menos, o de definir si hay que acotar al ejecutivo o recudir los partidos. La crisis es mayor: el modelo de desarrollo, el Estado y el pacto social fundamental ya no funcionan. Pero la crisis encuentra una clase dirigente que no está a la altura del desafío.

Es la hora de los estadistas y de los políticos fundacionales. El país enfrenta la existencia de zonas francas territoriales que ponen en peligro la cohesión básica del Estado. El debate mismo se ha achicado a la dimensión de la crítica de posiciones, no a la búsqueda de soluciones de largo plazo. La cifra del PIB de 2009 de -6.5% profundiza las acusaciones, pero no lleva a debatir el punto central: el actual modelo de desarrollo y su correlativo pacto económico-político constitucional no responde al desafío de la reorganización productiva. Pero los grupos de poder discuten mezquindades, pasiones.

Lo paradójico es que el país asiste al momento de reconocer que el modelo de nación que fundó el PRI luego de la Revolución Mexicana ya es insuficiente para una nación de más de cien millones de mexicanos, pero el debate se reduce a la posibilidad de que el PRI recupere la presidencia de la república no tanto por ofrecer una nueva expectativa al país sino en función de los errores de dos sexenios panistas.

Los tres desafíos fundamentales son otros:

1.- En lo económico, diseñar un modelo de desarrollo que permita una tasa de crecimiento del PIB de 7% anual pero sin inflación ni cuellos de botella.

2.- En lo político, construir un sistema democrático real y funcional, con un Estado fuerte, un sistema político de alternancia y un modelo político que le otorgue al ciudadano la capacidad de decisión.

3.- En lo social, una dinámica político-económica que disminuya la pobreza pero no con programas asistencialistas sino con una economía productiva diversificada.

Pero en lo económico, lo político y lo social, los grupos de decisión de poder se desgastan buscando salidas de corto plazo que ciertamente no rompan con el control político derivado de la estructura económica. Un ejempló típico: el IVA a alimentos y medicinas se analiza como un subsidio no monetario que ata a los consumidores a los favores del gobierno, cuando el otro enfoque debiera ser de poder adquisitivo, es decir, que debieran aumentarse los salarios para pagar ese impuesto y no trasladar el subsidio a las precarias finanzas públicas.

El debate de fondo radica en la urgencia de reconocer el fin histórico del modelo de nación que creó el PRI y negociar-pactar-acordar uno nuevo, funcional a la dinámica de cien millones de mexicanos. El problema productivo central ya no es fiscal o de ingresos sino de modelo de desarrollo, la crisis política no se reduce al número de diputados pluris sino a una pluralidad inocultable y la pobreza tampoco se va a resolver con un aumento a los subsidios pero con finanzas públicas quebradas.

Ante la dimensión de la crisis, el PAN ha fracasado en la propuesta de la alternancia más allá de los cargos públicos, el PRI se ahoga en reformitas que cambien las cosas para que todo siga igual o peo y el PRD se quedó varado en la disputa del poder con un discurso maniqueo y fundamentalista propio del fin del mundo. Y los intelectuales eluden el debate de fondo y se conforman con publicar desplegados de redilas --paráfrasis de Jorge Ibargüengoitia-- que piden la aprobación de reformas oficiales sin discutir si son suficientes o no.

Lo que está en crisis no es el PIB, ni el número de sillones en el congreso, ni un subsidio de emergencia para que los niños coman menos productos chatarra y pasen cada mes por alguna ayuda de un peso más para adquirir algo de fruta. Se trata del colapso del modelo de nación. El país asiste todos los días a lo que Enzensberger llama “guerras civiles moleculares”, es decir, subversiones sociales parciales. Se trata de la crisis del Estado nación. Lo que ocurre en Reynosa o en Milpa Alta debe preocupar a las élites gobernantes. Pero la clase política no puede ocultar su desprestigio social.

La única salida real de la crisis mexicana es la negociación de unos Pactos de la Moncloa de la transición española: sentar a la clase dirigente a definir la república ideal y negociar concesiones mutuas. ¿Quién será el Adolfo Suárez mexicano capaz de pactar la salida de fondo de la crisis para convertir a  México en una potencia?

 

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