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Jueves 17 de junio de 2010


 

+ Chihuahua: por qué el PRI

+ Fracaso de PAN, histórico

 

Si se anda en busca de alguna respuesta a la preguntas del origen de los problemas panistas en Chihuahua, nada se encontrará en el nuevo sistema de justicia penal. En Chihuahua y en Ciudad Juárez ha estallado una crisis de legitimidad del PAN igual a la que ocurrió contra el PRI en 1983-1985.

El enfoque político debe ser de largo plazo y de profundidad. En el periodo 1983-1985 --y luego en las elecciones para gobernador de 1986-- se inició el ciclo de la alternancia, porque el gobierno de Miguel de la Madrid liberó los controles autoritarios del PRI y el PAN conquistó una buena porción de alcaldías. Pero en 1986, el secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, aplicó el modelo de “fraude patriótico” para impedir la entrega, dijo, del estado a la derecha panista. En 1992, la modernización salinista garantizó la victoria del PAN y avaló la alternancia.

La crisis en Chihuahua, por tanto, es la crisis del modelo de la alternancia partidista en los cargos de gobierno. Ello explicaría la enorme ventaja del PRI en las elecciones municipales y de gobernador, frente a un desmoronamiento del PAN. Y el colapso de la seguridad pública también se explica por la alternancia de 1983-1985 hacia el PAN y el descuido panista del tema. Al final de cuentas, la crisis de seguridad debe enfocarse como un problema político y de estructura de gobierno/de poder.

Como en otras partes de la república, la figura antes dominante del presidente de la república a nivel estatal ha sido reproducida localmente por el gobernador. Y han sido los priístas los que --por intuición o decisión-- lograron representar la figura paterna del presidente de la república a nivel local. De ahí el fenómeno --para algunos extraño-- de que las crisis estatales --de empleo, seguridad y cohesión social-- hayan sido endosadas al presidente de la república y al gobierno federal y que los gobernadores sean los factores locales de relación social.

El dominio priísta en las tendencias electorales a nivel de gobernador y alcaldes --y significativamente Ciudad Juárez-- puede explicarse en función de la lógica del agotamiento del ciclo panista y por la acusada actuación del gobernador José Reyes Baeza a nivel estatal. El colapso de la cohesión social en 1983-1985 se debió al descuido del PRI y a sus divisiones internas, en tanto que Reyes Baeza le dedicó tiempo y esfuerzos a reconstruir el papel del PRI como elemento de interrelación política y social. En este periodo, el PAN perdió el rumbo.

La crisis de seguridad pública, que existía antes de 1983, se potenció con el PAN en el poder político local. En el ejercicio del poder, el PAN se olvidó que el manejo del gobierno implica una acción política integral. El PRI olvidó esa lección y perdió el poder en 1992. El PAN nunca pudo ejercer la política y el poder se le escapó entre las manos. Las graves crisis de seguridad --desempleo, violencia, crimen organizado, feminicidios-- tuvieron su origen en el extravío de los hilos de ejercicio del poder durante el ciclo panista.

En este contexto, la ofensiva del gobierno federal contra el gobierno priísta de Reyes Baeza se dispersa en el escándalo en medios pero no penetra en la sociedad política local. La alternancia del PRI al PAN en 1983-1985 y luego en 1992 fue posible por la existencia de una estructura priísta de poder político y organizaciones sociales. El fraude de Bartlett en 1986 resultó a la postre irrelevante porque el PRI y su discurso histórico de la Revolución Mexicana ya había perdido legitimidad política. Hoy los esfuerzos del panismo por llevar las elecciones a una zona de sobresaltos también carecen de viabilidad porque el panismo perdió legitimidad.

La habilidad del gobernador Reyes Baeza no se centró sólo en una tarea de reconstrucción priísta estatal, sino también en la articulación de programas decisivos como la modernización del sistema de justicia penal y en la atención a los problemas centrales de la crisis social: el desempleo por las maquiladoras, la aglomeración poblacional por el cruce de la fronteras y algunas medidas contra la inseguridad. El narcotráfico ya muy organizado se asentó en la entidad y sobre todo en Ciudad Juárez durante la gestión de gobiernos panistas.

La campaña panista contra el gobierno priísta de Chihuahua y los candidatos del PRI a gobernador y alcaldes no afecta la tendencia de los votos. Pero la lógica social estatal no se mueve por las circunstancias de la coyuntura electoral sino por el trasfondo: el ciclo panista llegó a su término. Y de hecho se reproducen las condiciones encontradas en 1985 por la entonces Secretaría de Programación y Presupuesto en una encuesta realizada por Marco Antonio Bernal, hoy presidente de la Fundación Colosio del PRI, en Ciudad Juárez para encontrar algunas razones de la inclinación al PAN. El análisis de la encuesta se reproduce en el libro La vida política mexicana en la crisis, editado en 1987 por El Colegio de México: el PRI perdió los espacios de intermediación entre sociedad y gobierno, lo mismo que ocurre un cuarto de siglo después con el PAN.

Al final, la crisis de la seguridad pública en Ciudad Juárez es en realidad una crisis política que revela el colapso del PAN como espacio de intermediación política.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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