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Viernes 2 de julio de 2010


 

+ Lecciones políticas del 2012

+ Experiencia vs desesperación

 

1.- Justo en la coyuntura de las elecciones estatales más enredadas y ante la decisión del PAN de provocar el conflicto poselectoral para reventar elecciones, la Corte Suprema de Justicia de la Nación decidió dar carta de impunidad al uso de la violencia política contra la autoridad al liberar a los presos de Atenco. A partir de ahora la violencia política que se utilice en protestas políticas y sociales y en conflictos poselectorales tendrá el amparo de las leyes.

2.- La decisión de la Corte es histórica. Ante el temor del uso del argumento de la “criminalización de la protesta social”, liberó a los atencos que usaron la violencia, secuestraron a funcionarios mexiquenses y amenazaron con matarlos. Con esa decisión la Corte prácticamente legitimó el uso de la violencia en manifestaciones de protesta social y política, con lo que de hecho bendijo legalmente el próximo conflicto poselectoral anunciado ya por la APPO de Oaxaca y la 22 de maestros, aliados al PAN, si gana el PRI.

3.- La violencia del crimen organizado exhibió las limitaciones de políticos y gobernantes. Justo cuando el país efectivamente necesitaba un acuerdo nacional para enfrentar la ofensiva criminal de la delincuencia, partidos y gobiernos prefirieron politizar el ambiente de violencia para sacar raja política. Lo malo fue que por enésima vez se pervirtió el concepto de alianza contra el crimen organizado.

4.- Los partidos le dieron más importancia a la disputa por el poder. El asesinato del candidato del PRI a gobernador de Tamaulipas, Rodolfo Torre Cantú, ocurrió en un momento de jaloneos internos en la clase política local. Las dos figuras dominantes de ese grupo son el ex gobernador Tomás Yarrington y el gobernador saliente Eugenio Hernández. Los dos pugnaban por acotar a Torre Cantú para garantizar una senaduría en el 2012.  En Tamaulipas domina el llamado Grupo Victoria, que controla toda la obra pública en el estado, junto con el ahora candidato suplente, el hermano del asesinado. El gobernador saliente pugnó por imponer a Oscar Almaraz como suplente pero al final ganó el Grupo Victoria con el constructor Egidio Torre Cantú, y con ello dejó ver la victoria política del ex gobernador Yarrington sobre el gobernador Hernández. Así, en la sucesión de Tamaulipas estaba en juego no el estado sino una senaduría para el 2012 entre dos ex gobernadores.

5.- Por tanto, detrás del sentimentalismo por el asesinato en Tamaulipas existe una disputa por el poder local. La nominación del hermano del asesinado inclusive logró apaciguar la ola de indignación política estatal contra el gobernador Hernández, porque en una parte de las exequias hubo momento de tensión por algunas ofensas y reclamos a gritos por la pasividad del gobernador Hernández en la lucha contra la delincuencia. La decisión por hermano impulsada por el Grupo Victoria, dicen en Tamaulipas, lograría inclusive colocar desde ahora en el próximo gobierno a la carta sucesoria para 2016: José Manuel Assad.

6.- Las campañas revelaron la parte desestabilizadora del PAN. La filtración de grabaciones obtenidas ilegalmente contra gobernadores priístas eran el inicio de otras iniciativas igualmente agresivas, pero el crimen en Tamaulipas hubo de detener la operación política. La estrategia del PAN en Oaxaca, Puebla y Veracruz tenía dos objetivos: quitarle al PRI tres entidades consideradas como de reserva de votos y preparar la estrategia que se va a utilizar en las elecciones de gobernador en el Estado de México el próximo año para bajarle puntos al gobernador Enrique Peña Nieto.

7.- Sólo que el clima político se enrareció y la ofensiva panista se detuvo. Peor aún, existen indicios de que el asesinato en Tamaulipas benefició tangencialmente al PRI. La respuesta de la cúpula priísta buscó evitar que el PAN capitalizara el ambiente. De nueva cuenta se dejaron ver indicios de que políticamente cualquier acuerdo contra la inseguridad y el crimen organizado estaría derrotado y que el PRI y el PAN sólo buscaron consolidar posiciones.

8.- Las campañas evidenciaron formas especiales de operación política. El PRI acudió de nuevo a su experiencia de ocupar espacios en el DF a través de operadores para no distraer a los candidatos de las plazas locales. La coalición PAN-PRD, en cambio, le dio prioridad a las campañas en la capital de la república para crear un clima adverso al PRI que pudiera repercutir en sus estados, pero sin tomar en cuenta que las elecciones son locales.

9.- En este contexto, tres experiencias de operación política priísta se centraron en el DF: Oaxaca, Puebla y Sinaloa. Por Oaxaca funcionó el papel del político Luis Martínez Fernández del Campo, antiguo colaborador de Manuel Camacho y luego operador de Luis Donaldo Colosio: logró separar la campaña del conflicto estatal. En Puebla el experto en comunicación política Javier Sánchez Galicia pudo estabilizar la desordenada campaña de Javier López Zavala y neutralizó la maniobra que quería meter al gobernador Marín como tema electoral. Y en el caso de Sinaloa operó Rodrigo Flores, quien trabajó el DF para Jesús Vizcarra. Flores no fue encontrado responsable de la fabricación de documentos falsos contra el candidato de la coalición PAN-PRD y cambió la imagen de su candidato. Los tres frenaron la meta del PAN de hacer campaña negativa en el DF y lograron posicionar candidatos priístas en la capital al margen de los gobernadores salientes.

10.- Para el PRI, la lucha fue de estrategias; para el PAN-PRD, de desesperación. Ahí se dio la diferencia.

 

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