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Miércoles 21 de julio de 2010


 

+ Camacho-Ebrard, de “izquierda”

+ Antes, neoliberales con Salinas

 

Si algún hecho exhibe el patetismo ideológico del PRD como el autodenominado partido de izquierda, no hay otro que el papel dominante de Manuel Camacho Solís y Marcelo Ebrard como los responsables de la redefinición ideológica del partido del sol azteca.

Los dos se han perfilado como los grandes mercenarios de la ideología: en su tiempo fueron primero priístas tradicionalistas cuando andaban buscando chamba, luego derivaron en priístas neoliberales cuando colaboraron con Carlos Salinas en el proyecto de liquidar el PRI de la Revolución Mexicana y su Constitución y meter al país en la dinámica del mercado. Y hoy se autodenominan como los políticos de la izquierda perredista.

El problema de Camacho y Ebrard no radica sólo en su involucramiento orgánico --relectura gramsciana-- con el proyecto ideológico y económico neoliberal de Salinas, sino que Camacho dejó una huella indeleble de su defensa de las ideas neoliberales de Salinas. Por tanto, Camacho está obligado a explicar su papel en el neoliberalismo salinista o hacerle al priísta trapecista que cambia de trapecio sin rubores morales ni éticos.

Peor parte se lleva el PRD, cuya esencia se nutrió de cuando menos tres movimientos ideológicos congruentes: el marxismo del Partido Comunista Mexicano, el cardenismo de la Revolución Mexicana de Cuauhtémoc Cárdenas y el movimiento socialista revolucionario del Partido Revolucionario Socialista y del Partido Mexicano de los Trabajadores. Esa herencia ideológica ha derivado en un PRD dominado por el oportunismo tipo Rafael Aguilar Talamantes de Jesús Ortega, el neolombardismo de López Obrador y seguidores y el priísmo neoliberal-salinista de Camacho y Ebrard.

Lo peor de todo es que el actual PRD, que fue llevado por Camacho a una alianza con el PAN, se define como el partido de izquierda. Y no falta la sorpresa de escuchar a Ebrard --el asesor político de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas-- que él sería el candidato de la izquierda. Pero no hay que ir muy lejos por la respuesta. Basta la relectura, no sin cierta sonrisa de conmiseración, de Ensayo sobre un proletariado sin cabeza, donde José Revueltas, desde 1962, analizaba el drama histórico de la izquierda partidista: su orfandad de clase.

López Obrador y Camacho han llevado al PRD a una triste repetición del modelo lombardista: una izquierda sometida al poder; ante fue una izquierda como rémora del PRI de la Revolución Mexicana; hoy una izquierda en el furgón de cola del PAN. Eso sí, una izquierda sin ideología, dominada por el caudillismo y el oportunismo. Con Cárdenas salvó al PRD el hecho de que Cuauhtémoc representaba una propuesta histórica de proyecto, pero López Obrador luego condujo al PRD a una alianza con Ernesto Zedillo. Y ahora, sin dirigencia política e ideológica, el PRD ha caído en manos de la perversidad oportunista de Manuel Camacho, un politólogo molusco, acomodaticio, encantador de serpientes, con una ideología al servicio del mejor postor, un intelectual de mismo.

Se trata del mismo Camacho que la víspera del destape de Luis Donaldo Colosio le ofreció a Salinas mantener el salinismo: “Donaldo: lo que quiera. Ernesto Zedillo: la Fundación Siglo XXI. Pepe (Córdoba): respetarlo y trabajo, no influencia. Emilio (Gamboa): respetarlo y sumarlo para que ayude. Patricio (Chirinos): apoyarlo en Veracruz. Otto (Granados): aprovecharlo más. Patrocinio (González Garrido): aprovecharlo plenamente en el cargo. Finalmente, ¿contigo (Carlos Salinas)?: cierre menor difícil, una buena elección y un país en paz. Mantener tu prestigio nacional e internacional. Retiro no, nuevas formas de aprovechar tu capital político en beneficio de México. Admiración por tu talento y tu trabajo”.

Luego de cambiar de trapecio ideológico porque Salinas no le heredó la presidencia, con un berrinche porque jugó con las reglas y perdió y entonces se hizo el decepcionado, Camacho aterrizó en el PRD como diputado y hoy como el estratega de la definición de la línea estratégica. Por tanto, para Camacho no hay ideas ni proyecto histórico; todo se agota en sus servicios al poder, sea el PRI, el neoliberalismo salinista o el PAN. A costa, ciertamente, que el PRD haya traicionado sus tres veneros ideológicos fundacionales: el PCM, el cardenismo y el socialismo revolucionario-laboral, sin olvidar que Camacho subordinó al PRD al PAN que nació en 1939 justamente para oponerse al cardenismo revolucionario.

El problema, en el fondo, no es de Camacho. Intelectual al servicio del mejor postor, operador político para quien lo necesite y trapecista partidista, Camacho hace lo que sabe hacer bastante mejor que muchos otros: vender un producto. El problema serio es para el PRD: convertir a  Camacho y a Ebrard, dos de los responsables históricos del salinismo y su represión a Cárdenas y al PRD, en los refundadores de la izquierda mexicana sólo habla de la mediocridad política de Jesús Ortega y los Chuchos, cuya sobrevivencia depende justamente no de las ideas históricas de la izquierda sino de oportunistas políticos.

Si el PRD nació con tres veneros pero la justificación política de combatir a Salinas, ahora resulta que el candidato del PRD en el 2012 podría ser el salinista Ebrard. Así, el PRD no sólo perdió definición, sino memoria y, sobre todo, congruencia.

 

www.grupotransicion.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

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